01 de abril de 2020
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FIN DE SEMANA

Viven la vida buscando emociones sin pensar en el futuro, el presente inmediato gobierna sus acciones y esperan que otros les pongan límites

Consejos para vivir con adolescentes en casa estos días de confinamiento forzoso

Los adolescentes necesitan estímulos constantes.
Los adolescentes necesitan estímulos constantes.
Eva Milla, máster en Psicopedagogía Clínica, perito Judicial en Intervención social y mediador social en educación afectiva, analiza en este artículo el comportamiento de los adolescentes estos días que están encerrados en sus casas, en cuarentena por el coronavirus.

El abordaje de los adolescentes frente al coronavirus requiere de cierta preparación psicológica y psicopedagógica que a veces los padres no tienen, por inusual y desconocida. Es muy comentado en los medios un vídeo que se ha hecho viral de un sanitario que echa broncas monumentales a los adolescentes que saturan a los sanitarios en cuanto se sienten que pueden tener algún síntoma y sin ningún respeto invaden los centros de salud y hospitales en busca de respuestas obvias, porque se están divirtiendo en ese momento, acerca de sí mismos y de sus procesos de enfermedad frente al coronavirus.

Este médico, claramente enfadado, les pide que no sean el ombligo del mundo, que sean solidarios, que se queden en casa y dejen de pensar en ellos mismos, que toca pensar en sus mayores, y ser responsable y lo dice claramente harto de trabajar mil horas contra un enemigo silencioso pero rápido que gana una carrera de fondo, el virus.

Todas las razones que argumenta dicho sanitario en el vídeo son reales, pero se olvida que la palabra adolescencia tiene un significado implícito de tránsito a la edad a adulta y que durante esta etapa las características de personalidad y evolutiva adolescente impiden en la mayoría de los casos tener responsabilidad, ser empático, carecer de conciencia social y sentir adormecimiento de los niveles de sensación de peligro, todas ellas característica que se irán ganando con la madurez.

Los adolescentes en casa se aburren mucho más que en clase.

El adolescente tradicionalmente y en casi todas las culturas, está preparado para asumir riesgos, protegido frente a la culpa de los males que causa y falto de la capacidad para ponerse en lugar del otro. Por supuesto esto no es en todos los casos, pero es una constante en las edades comprendidas entre los 12 y los 23 años, unas veces más acusadas que otras. El infante-juvenil vive la vida buscando emociones sin pensar mucho en el futuro, el presente inmediato gobierna sus acciones y siempre vive esperando que otros le pongan límites. Siempre la adolescencia fue una etapa difícil, antes iban a la guerras que a veces no eran ni suyas, se marchaban lejos a luchar por causas que nada tenían que ver con ellos, ante la mirada estupefacta de sus mayores, que por supuesto no eran tenidos en cuenta cuando ponían el grito en el cielo y les rogaban que no lo hicieran. 

Debíamos plantearnos si actualmente, en la situación que vivimos no debemos pedirle al Estado mayor implicación en lo que a nuestros adolescente se refiere. Es complicado que ellos entiendan por ellos mismos, que están en peligro y que ponen a otros en más riesgo aunque el riesgo vital existe y que la situación requiere de precauciones extremas. Al adolescente no le vale con que la tele lo diga, deben ser las fuerzas de seguridad las que regulen los comportamientos prohibidos.

Pérdida de autoridad

Los padres en muchos casos han perdido la autoridad porque las voces que habitualmente contraen entre los jóvenes son de impunidad ante cualquier acción disruptiva. No pasa nada, tienen que cometer actos muy graves para ser detenidos o llamados al orden. Beben sin control y no pasa nada, fuman droga sin conciencia y no pasa nada, la venden y no pasa nada, ahí está la ley, pero para ellos es laxa. El crecimiento de las malas acciones de nuestros chicos deja un reguero importante de víctimas colaterales que en algún momento tiene que tener consecuencias.

Este momento que vivimos, es muy importante aprovechar y enseñarles que la vida tiene límites, que deben aceptar la autoridad de sus mayores, que las fuerzas de seguridad mandan más que nunca porque la situación lo requiere por peligrosa.

Propongamos esta etapa en casa, con tranquilidad y sin pedirles lo que últimamente se ve por las redes, un día intenso de acciones interminables para mantenerse saludable física y psíquicamente con el estrés de vida mayor aún que en nuestra cotidianidad sin coronavirus. Dejemos que los adolescentes se tumben, vean películas, jueguen a sus juegos digitales, vean su móvil y realicen todas las llamadas que quieran, durante esta primera etapa de inicio de esta reclusión social. Dejemos que vayan aclimatando a estar en casa y hasta que lo disfruten y más tarde, cuando el aislamiento vaya pesando, habrá tiempo de proponer otras rutinas que acojan con éxito porque están hartos de vivir así. Todo se hace rutina cuando se permite.

En este momento hay adolescentes sacando al perro, con tal de salir un ratito, cuando sacar al perro era una tarea imposible. Piden ir a la compra o ir a ver a los abuelos porque no soportan estar encerrados. Ahora hay que comprenderlos. La impulsividad les impide estar tranquilos, no saben vivir en esta rutina, no lo han hecho nunca, no lo hemos hecho nunca. 

Los padres debemos ser comprensivos y no añadir demasiado leña a esta etapa donde todos estamos obligados a estar juntos, nerviosos por el futuro inmediato y expectantes. Hay que ir entrando en rutinas poco a poco para no crear enfrentamientos innecesarios y siempre advertir al adolescente de lo que ha de hacer mañana, no en el minuto siguiente según se levante de la cama.

Necesitan que las consignas sean claras, por ejemplo, a partir de mañana no podrás jugar al ordenador o ver películas si no has recogido tu cuarto antes, darle la consigna repetidas veces hasta que llegue el momento y por supuesto cumplirlo aunque haya que llamar a la guardia civil para que no lo tenga el premio. No deberá tener ordenador si no ha cumplido. Sin gritos y sin malas formas. Solo así se llegará al éxito de la convivencia, respetando y siendo respetado a la vez que entendemos lo que tenemos entre manos.

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