15 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

Según el abogado Garcia Cebrián, "en España el 60% de las parejas acaba en divorcio porque existe una sensación de unión permanente"

Aumentan los divorcios en matrimonios de menos de dos años: Temor a salir de la zona de confort y miedo al compromiso

El Cierre Digital en Imagen dela boda de Mick Jagger y Bianca Jagger.
Imagen dela boda de Mick Jagger y Bianca Jagger.
Cada vez son más las parejas que han estado juntas muchos años que un buen día deciden casarse y, en vez de unirles más, el matrimonio acaba en divorcio al poco tiempo. Son muchas las causas por las que se puede producir un divorcio temprano. Según el abogado de familia Alberto García Cebrián, el temor a salir de la zona de confort, la asfixia matrimonial o la inestabilidad son algunas de las causas por las que se puede dar una separación.

Parejas que están bien juntos durante muchos años pero que al unirse en matrimonio hay algo que les separa. ¿Serán los anillos?, ¿miedo al 'hasta que la muerte nos separe'? A continuación, analizaremos este fenómeno con el abogado de familia Alberto García Cebrián.

Cada vez son más las parejas que han estado juntas muchos años y que un buen día deciden casarse. Sin embargo, esta decisión, en vez de unirles más, les separa, acabando el matrimonio en divorcio en poco tiempo. ¿Por qué pasa esto? No hay una única explicación sino diversos factores a tener en cuenta.

El problema en origen es que muchas parejas que están bien juntas e que incluso ya han tenido hijos, comprado vivienda juntos y entrelazado las familias, acaban casándose por ser “lo que toca”.

La sociedad nos sigue empujando a que una pareja que esté junta acabe casándose, es “lo normal”. Es como si una pareja que no está casada no se quisiera tanto o no tuviera tanto valor como una pareja que contrae matrimonio. Y ese matrimonio "forzado" parece que a corto plazo tiene un efecto balsámico y de alivio de presión social, como si se concibiera por encima de una pareja.

La sensación de asfixia matrimonial

El problema es que con el paso del tiempo ese matrimonio acaba derivando en sentimiento de perpetuidad. A pesar de que los divorcios están a la orden del día, en España el 60% de los matrimonios acaban en divorcio, la sensación es que el matrimonio es una unión permanente de la que cada vez cuesta más salir. Esta percepción genera un sentimiento de asfixia matrimonial.

El matrimonio puede tener muchas cosas buenas, pero para algunas personas acaba suponiendo una presión, una sensación de encierro que puede derivar en angustia, en asfixia matrimonial, como si se viviera encerrado en una jaula.

Temor a salir de la zona de confort

A diferencia de lo que muchas personas piensan, la zona de confort no siempre es confortable, sino meramente conocida y segura. Cuando va pasando el tiempo dentro de la zona de confort, cada vez nos sentimos más alejados de nuestra zona de exploración y correlativamente más anclados a la zona de confort.

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Pareja discutiendo.

Por ello, una pareja que no está casada tiene la sensación de que puede dejar la relación con mayor facilidad. Al contraer matrimonio se tiene la sensación de que “esto ya va más en serio” y algunas personas llegan a percibir que con ese paso “alguien es nuestro” y “nosotros somos de alguien”. Esto se conoce como sentimiento de posesión matrimonial.

Sentimiento de posesión matrimonial

Una pareja parece algo temporal, pero el matrimonio aún se sigue concibiendo como algo permanente. No son pocas las personas que acuden a los despachos de abogados de familia para gestionar el divorcio y que diferencian el estar casados o divorciados. Para muchos, estar casados sigue siendo una situación que impide que ninguno de los dos pueda estar con otro hombre o mujer, pero en cambio no sienten esa misma sensación en casos de parejas. Se trata de un efecto psicológico del matrimonio.

Realmente el efecto psicológico nos hace cambiar el chip y concebir que nuestra vida individual ahora ya es compartida “de verdad”, no es como cuando éramos una pareja y simplemente estábamos juntos porque queríamos, ahora tenemos que estar juntos. Esta sensación, que aparentemente no debería suponer un inconveniente, puede minar psicológicamente a los miembros de un matrimonio y hacer que una pareja con futuro al casarse se agobie por no saber gestionar esa nueva situación, sus emocionales, pensamientos y creencias.

Por eso sería tan importante que las parejas fueran a terapia psicológica, e incluso al abogado, para saber cómo tomar las decisiones acordes a su vida compartida. Por ejemplo, elementos como el régimen económico matrimonial siguen siendo un motivo de fricción.

Existe la sensación en muchos matrimonios de que, cuando se casan, los ingresos y gastos y la dedicación a la familia requiere un esfuerzo de compensación y equilibrio en el que los cónyuges no siempre se sienten del todo satisfechos. Ese tira y afloja es una sensación constante de asimetría de poder, que realmente está detrás de la mayoría de los divorcios en España.

Inestabilidad matrimonial

La gran mayoría de personas que se casan lo hacen desde la firme convicción de que su matrimonio será para siempre. A pesar de ello, en paralelo existe una sensación de inseguridad al ser conscientes de que la mayoría de matrimonios acabarán en divorcio.

¿Mi matrimonio acabará en divorcio? Lo más normal es que unos novios que se están casando afirmen con total seguridad que no. ¿Qué pasaría si se les haciendo la misma pregunta a medida que pasa el tiempo? Esa seguridad se diluye. Según avanza el matrimonio, se detectan cosas que no nos terminan de agradar y que nos crean dudas e incertidumbre. En ocasiones lo que más nos gusta de una persona acaba siendo lo que más detestamos. En este contexto también entra en juego el efecto contagioso de los divorcios de los demás.

Y es que un divorcio tiene un efecto influyente en las personas del entorno. El motivo es sencillo, cuando personas de nuestro entorno se divorcian somos más conscientes de que nosotros también lo podemos hacer. A ello se le suma la sensación de que la persona que se divorcia deja de tener “ataduras” y su vida puede tener elementos que nos resulten atractivos. Conocen gente nueva, salen más, se apuntan a actividades como baile, pádel, gimnasio... y se tiende a magnificar la parte buena, que suele ser temporal por la exaltación del cambio de vida

Conclusión, ¿qué cambia tras el “sí, quiero”?

Aunque a priori una pareja sea la misma antes y después del matrimonio, este hecho puede suponer un cambio a nivel psicológico en la pareja, dándole más formalidad a la unión. Hacer oficial una unión tiene consecuencias positivas, pero también puede acabar precipitando la ruptura si la relación no está cimentada con una buena base.

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Imagen de la firma de un divorcio.

No es alarmante el hecho de que las parejas que se casan se divorcien al poco tiempo, pues sólo un 2,5% de divorcios según el INE en 2022 se produjeron después de menos de dos años de matrimonio.

De lo que no existen datos, pero sería muy interesante contar con ellos, es de la relación entre los años de convivencia previos al matrimonio y los que pasan entre el matrimonio y el divorcio, y en qué momento de este último periodo empiezan a sentir la necesidad de divorciarse. 

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