27 de mayo de 2024
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FIN DE SEMANA

Según revela el psicólogo Javier Urra "la mayoría de delincuentes saben lo que hacen" y "estos dos términos en ocasiones se relacionan erróneamente"

Los trastornos mentales y la criminalidad: Una relación compleja que maquilla la realidad

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Los trastornos mentales y su relación con la criminalidad han sido objeto de un debate complejo y continuo en el ámbito de la salud mental y la justicia penal. Si bien la mayoría de las personas que padecen trastornos mentales no tienen una propensión a cometerlos, existe una percepción generalizada de una conexión directa entre los trastornos mentales y la criminalidad. Hoy hablamos con Javier Urra, psicólogo, quien nos explicará ciertos trastornos vinculados con la criminalidad.

Hoy en día, la sociedad está comenzando a comprender que la salud mental es tan fundamental como la salud física y que ambos aspectos están intrínsecamente interconectados. Los trastornos mentales no deben ser ignorados ni silenciados, sino enfrentados con empatía, comprensión y un enfoque integral. 

Hoy Javier Urra, doctor en Psicología con la especialidad de Clínica y Forense y doctor en Ciencias de la Salud, analiza en elcierredigital.com algunos trastornos mentales y su relación con la criminalidad. “En general, el que mata y comete hechos terribles no tiene ninguna enfermedad. La mayoría de la gente hace lo que hace porque quiere hacerlo, y no por una enfermedad mental”, afirma Urra.

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Salud Mental.

En su libro Jauría Humana, Cine y Psicología, escrito junto a Eduardo Torres Dulce, Fiscal General del Estado y experto en cine, ambos analizan  diferentes películas con casos reales que ellos mismos han tratado.

Trastornos mentales y criminalidad

La relación entre los trastornos mentales y la criminalidad es compleja y multifacética. Aunque existe la percepción común de que las personas con trastornos mentales son más propensas a cometer delitos, es importante entender que la gran mayoría de las personas con enfermedades mentales no son delincuentes y no representan un riesgo para la sociedad. “La gente con enfermedad mental, comete muy pocos hechos criminales”, comenta el psicólogo.

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Trastornos mentales y criminalidad.

Es cierto que en algunos casos, los trastornos mentales pueden influir en el comportamiento y aumentar el riesgo de conductas delictivas. Algunos trastornos mentales graves, como la psicosis o los trastornos de la conducta impulsiva, pueden afectar la capacidad de una persona para razonar, controlar sus impulsos o comprender las consecuencias de sus acciones.

En estas circunstancias, existe un mayor potencial de comportamientos agresivos o violentos. “Solo hay un tipo de  trastorno que es peligroso que es el paranoico, como la esquizofrenia paranoide. Tú crees que alguien te va a atacar, o que está hablando mal de ti, y lo atacas. Es una enfermedad mental por lo que no se le puede imputar a quien comete el acto, ya que existe un delirio que no se basa en la realidad", explica el psicólogo, aunque "son muy pocos casos donde ocurre esto”.

El miedo insuperable

El "miedo insuperable" es un tipo de fobia específica por la que una persona experimenta un temor extremo e irracional hacia un objeto o situación particular. Esta fobia puede ser tan intensa que resulta difícil o incluso imposible para la persona enfrentar o superar su miedo.

Cuando alguien tiene un miedo insuperable, puede experimentar una respuesta de ansiedad intensa y desproporcionada cuando se enfrenta a un objeto o situación temida. Esto puede manifestarse a través de síntomas físicos como palpitaciones del corazón, sudoración, temblores, dificultad para respirar, mareos o incluso ataques de pánico, llegando a actuar sin pensar.

“Se trata de un tema muy forense. Si, por ejemplo, una persona es atacada poniéndola contra la pared, en una zona oscura, con una persona más fuerte que le pone los brazos alrededor del cuello, y va a ser atacada o violada, entonces su respuesta puede ser incitada, explosiva, llegando a matar a la persona que la ha atacado. Esto ocurre cuando tienes tanto miedo que es insuperable, algo que durante el juicio se valoraría”, explica el doctor en Psicología.

Trastorno mental transitorio

El trastorno mental transitorio es una perturbación de gran intensidad pero de carácter pasajero, que en muchos casos puede no dejar ningún tipo de consecuencias. Las causas por las que se origina pueden ser muy variadas y dependen del individuo y de las situaciones que rodean los hechos.

Actualmente, la Jurisprudencia define este trastorno como "una alteración psíquica de cierta intensidad no permanente, a la cual deben asimilarse, no solo ciertas personalidades que no tienen alterada su conciencia de modo estable, como los epilépticos, y que reaccionan a estímulos exógenos de cierta importancia sino también los estados emocionales o pasionales". Además, "todo esto derivado de un arrebato o de una obcecación tan hipertrofiados y de tal entidad y magnitud que determinan la supresión de las facultades intelectivas y volitivas”.

“Es una persona que está normal en general, no tiene un diagnóstico, pero en un momento determinado —por un consumo, una noticia terrible o un hecho impactante— comete un hecho terrible por un trastorno mental transitorio”, explica Javier Urra a elcierredigital.com.

“Es difícil de medir en el ámbito forense, lo tenemos que ver los psicólogos forenses con los psiquiatras forenses. Para determinar si estaba bajo este trastorno lo que hay que investigar es cuál ha sido la causa, un tema muy difícil de determinar”, añade.

El síndrome de AMOK

El término "amok" proviene el término malayo 'mengamok', que significa descargar la furia de forma desesperada. Según la Organización Mundial de la Salud, es un síndrome caracterizado por un comportamiento asesino o destructor hacia las personas, de carácter aleatorio y aparentemente no provocado, que puede llevar como acto final a autolesionarse o suicidarse.

Fue el explorador británico James Cook quien lo identificó por primera vez en 1770, aunque no fue clasificado hasta casi un siglo después, en 1849. Este síndrome se caracteriza por un episodio súbito de agresión o violencia extrema, a menudo acompañado de un estado de confusión o disociación. Durante el episodio, la persona puede mostrar un comportamiento impulsivo y descontrolado, atacando a personas y objetos a su alrededor. Este estado 'de amok' suele ir seguido de un período de agotamiento o arrepentimiento.

“Si coges un cuchillo y lo clavas, a lo mejor 60 veces, en el mismo sitio no en distintas partes del cuerpo, eso lo que representa es una obsesión, una fijación, golpeas de manera continuada en el mismo lugar. Se trata de un momento de locura, un brote psicótico”, explica Javier Urra. “Se trata de una furia incontenida, en un momento en el que no puedes más y la persona actúa de forma repentina”.

Las causas exactas del síntoma 'de amok' aún no se han determinado por completo, aunque en los últimos años se han propuesto múltiples elementos, que pueden incluir una combinación de factores culturales, psicológicos y biológicos. Algunos estudios sugieren que el estrés, la depresión, los trastornos de la personalidad y las experiencias traumáticas pueden desempeñar un papel en la manifestación de este síndrome.

Es importante señalar, que este síndrome es considerado una condición rara y no representa la forma típica de presentación de los trastornos mentales en general.  “Diría que no existen trastornos específicos relacionados con este síndrome, sino que se trata del desbordamiento emocional de un sufrimiento”, explica Javier Urra a Elcierredigital.com.

En la actualidad, el Diccionario de Psicología de la Asociación Americana de Psicólogos define el amok como “un síndrome de base cultural observado en hombres de Malasia, Filipinas y otros países del sudeste de Asia”. Este se presenta sobre todo en individuos varones que sufren una apatía social “antes de protagonizar un ataque violento no provocado”.

El tratamiento del síndrome de amok generalmente involucra psicoterapéuticas, como terapia cognitivo-conductual, terapia de apoyo y, en algunos casos, el uso de medicación para tratar síntomas asociados, como la agresividad o la ansiedad.

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