16 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA

Es el país que vive la peor crisis de refugiados después de Siria, pero realiza 84.000 intervenciones plásticas cada año

La doble moral de Venezuela: hambre y escasez en un país que no escatima en estética ni en silicona para pechos

El aumento de pechos es de las operaciones más comunes sin olvidar las de glúteos.
El aumento de pechos es de las operaciones más comunes sin olvidar las de glúteos.
Cada seis minutos alguien se somete a una cirugía plástica en Venezuela. El país dirigido con mano de hierro por Nicolás Maduro vive actualmente una crisis de enormes proporciones y ha provocado la huida de refugiados más grande del hemisferio occidental. Sin embargo, pese a todas las penurias, hay algo que parece no puede faltar nunca, la posibilidad de realizar y someterse a una operación estética.

“Venezuela es lugar de las mujeres más hermosas del mundo”. Esta es una de las frases más comunes entre los venezolanos. Están convencidos. No sólo ellos. Este tipo de expresiones se basan en las buenas posiciones alcanzadas por el país en certámenes internacionales como el de Miss Universo o el de Miss Mundo. En el primero, Venezuela se alza como el segundo país con más victorias en toda la historia del certamen.

María Ferreira, venezolana y actualmente residente en Francia, considera que “la estética es un problema cultural originado por una cultura arcaica y machista en la que la belleza femenina se pone por encima de todo y como una necesidad”. Ferreira se operó antes de salir de Venezuela el año pasado, lo que sería una operación de mandíbula por problemas de mordida se convirtió en toda una reconstrucción combinada con un pequeño arreglo de nariz.

La de María fue solo una de las 84.000 intervenciones realizadas en el país durante 2018 por los 700 médicos cirujanos que aún quedan en Venezuela, según datos de la Sociedad Venezolana de Cirugía Plástica (SVCP).

El sueldo base en el país ronda actualmente los 2 dólares al mes, aproximadamente 1,70 euros. La mayoría de la población ha prescindido de trabajar y se dedica a actividades en negro. Así pues, la moneda, que es modificada casi regularmente por el régimen de Maduro ha pasado a ser papel mojado para los venezolanos que ya manejan todos los precios y realizan los intercambios en dólares.

Ferreira explica que para ella era más fácil operarse en Venezuela que después de salir por los precios: “yo pagué 5.000 dólares por la operación, algo que en Estados Unidos pudo suponer unos 15.000 dólares. En ese momento los pagó mi madre, porque podía”. La joven resalta que en países europeos o de Norteamérica existen seguros que cubren las cirugías estéticas, mientras en Venezuela ya no hay cobertura ni siquiera para algunas urgencias.

Venezuela es de los países que más acumulan concursos de belleza. 

Las operaciones en el país han sido generalizadas en todos los estratos de la población. Desde las clases bajas hasta las altas, “en Venezuela todo el mundo iba arreglado” explica Alejandro Ledezma, promotor de eventos y venezolano en Madrid. Ledezma cree que la sociedad venezolana arrastra una cultura heredada de Estados Unidos en los años 70 y 80, cuando el país vivía su mayor apogeo y el dinero podía ser derrochado por el empresario más grande hasta por la casa más humilde.

“Una característica de la Venezuela antes de Chávez es que todos iban arreglados. La estética era importantísima tanto para hombres como para mujeres, algo que no ha cambiado, pero que en la situación actual es imposible sostener”, explica Ledezma. En Venezuela el salario de menos de 2 euros no se corresponden con el coste de la vida. Un paquete de un kilo de arroz puede situarse en torno a los 4 euros, un kilo de pasta cerca de los cinco, mientras el café ronda los 20 euros el kilo. En este contexto, la estética ha pasado de ser algo popular a un lujo de los estratos más altos y algunos miembros de la clase media que prefieren quedarse sin ahorros para poder aumentar el volumen de pechos o realizar cualquier otra operación estética.

Las operaciones de estética siguen en auge en Venezuela. 

María Ferreira no lamenta su decisión, pero sí cree que la cultura ha influido en su decisión. “Si yo no hubiese vivido en Venezuela, igual me hubiese modificado la nariz, pero quizás habría esperado diez años más para algo menos importante como la estética” comenta la joven, que añade que “lo hice para sentirme bien conmigo misma, más que por presión social, pero no dudo que lo segundo tuvo algo que ver”.

Ferreira piensa que la presión por la belleza en Venezuela roza lo “arcaico” y se origina en que la mujer debe ser perfecta y cumplir todos los cánones que la sociedad demanda. “Yo me preocupaba mucho, hubo días que dejé de comer, no porque no podía, sino porque me quería ver delgada. Desde que me mudé a Europa he subido de peso y no me importa”, comenta.

Aunque países como Colombia o Puerto Rico también tienen un alto número de cirugías por persona. Ferreira descarta que sea “tan exagerado como en Venezuela” donde no hay pasos hacia la igualdad real. “La gente ve cosas como el feminismo desde lejos y automáticamente lo relaciona con comunismo, mientras eso sea así, poco cambiarán los patrones sociales”, concluye la joven.

Los médicos también huyen

“Mi doctor sigue operando en Venezuela, pero ahora está haciendo temporadas en Brasil donde tiene un mercado más grande y más pudiente”, comenta María. Los médicos estéticos no están exentos de la crisis migratoria. Venezuela supera ampliamente los 4 millones de refugiados y migrantes según las Naciones Unidas, entre ellos, varios médicos que han comenzado a compartir trabajo en países como Estados Unidos, Panamá, Brasil y España. Otros han optado por marcharse del país.

Las intervenciones son practicadas por 700 profesionales.

Según la joven venezolana, el mercado sigue siendo importante, pero cada vez es menor. Las clases más altas siempre optarán por retocarse y no solo en operaciones, sino también cosas más sencillas como un bypass (Reducción de estómago) o bótox.

Por otro lado, Ferreira piensa que el creciente número de mujeres involucradas en actividades con el régimen aumenta el mercado de la estética. Las llamadas “Nuevas ricas” son mujeres que han sabido amasar fortuna por sí solas o por medio de sus parejas a través de negocios de dudosa legalidad con el régimen chavista.

Para la joven entrevistada, este tipo de personas se caracterizan por actitudes “marginales” pero con una gran cantidad de dinero que suelen utilizar, entre otras cosas, para operarse especialmente pecho y glúteos.

Por ahora, este podría ser el último vestigio de mercado que queda para los médicos estéticos. Las operaciones continúan en el país más hambriento de occidente, mientras millones de personas huyen de la escasez y la violencia. Aunque desde el año 2018 la situación se ha agravado muchísimo más, solo el tiempo dirá si la silicona es el otro petróleo de Venezuela.

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