16 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA

El psicólogo Jorge López-Vallejo explica para Elcierredigital.com este comportamiento que cada vez está generando más delitos de odio en España

'La disfobia', aumenta el acoso y agresión por discapacidad: Cómo pararla y detectarla

La disfobia o fobia a las personas con discapacidad es la tercera causa dentro de los delitos de odio, después de las agresiones racistas y xenófobas y las motivadas por razones ideológicas. El psicólogo Jorge López-Vallejo explica para Elcierredigital.com este comportamiento, las razones de por qué se produce y cómo detectar a las personas que están siendo víctimas de estas actitudes.

Es difícil de entender que el individuo pueda llegar a cometer una agresión contra una persona con discapacidad. Esta conducta puede ser motivada por diferentes motivos e intereses:

- Rechazo ante el aspecto físico y las diferencias de la persona, que llevan al agresor a unos niveles de exaltación y rabia que solo pueden reducir desde la agresión y la violencia.

- Rasgos psicopáticos, el agresor llega a disfrutar con el daño que causa y el placer es mayor si la víctima pertenece a un colectivo vulnerable o débil. Se han identificado entornos en los acosadores de violencia o maltrato en su casa, entrando en un estado de rabia y dedicándose a ensañarse con otros, humillando y agrediendo para reducir su malestar.

Ellos creen que son personas vulnerables, siendo más fácil descargar su rabia y trasferir su frustración causando daño desde su cobardía. Movidos, entre otros por estos motivos, el agresor deja una marca en la personalidad que influye en el desarrollo de las emociones, conductas y pensamientos del futuro del niño, adolescente y/o adulto.

Jorge López Vallejo. 

La persona, que haya padecido este tipo de agresiones, podrá salir fortalecida si se trata debidamente por un profesional psicólogo pero, si el problema no se detecta a tiempo, puede ser irremediable, con consecuencias graves y extremas sobre el agredido que, incluso, pueden conducir al suicidio.

Hemos de tener presente que hay víctimas que contarán lo que les ha sucedido. Sin embargo, son muy pocos los que denuncian este tipo de agresiones debido a la vergüenza, desconfianza, miedos, etc. En esos casos, las familias han de estar atentas a las siguientes señales:

- La persona no se relaciona, observamos aislamiento social, se queja de dolores de estómago, de cabeza o dolencias que no tienen una explicación médica (en algunos de estos casos la persona ya padece enfermedades psicosomáticas).

- También se debe estar atento si la persona describe baja autoestima, no se encuentra tranquilo, sufre cambios bruscos en el estado de ánimo (sobre todo irritabilidad), problemas con la alimentación o hace un uso abusivo de las tecnologías (ordenador, teléfono, videojuegos) que favorecen el aislamiento por miedo. Como el agua que con su paso constante erosiona las rocas hasta producir un desgaste y dejar a la vista su fragilidad, el acoso y la agresión paralizan el desarrollo de los recursos de la persona.

Persona en silla de ruedas.

Debemos conocer las características y conducta de la persona que sufre acoso o agresión física:

1. En las fases iniciales del problema

· Se preguntan por qué son objeto de burlas, no lo entienden.

· Imitan conductas de manera forzada: tratan de ser queridos por los demás, tener amigos y agradar, en definitiva encajar, por lo que intentan ser como los demás, reírse de las mismas bromas, hacer lo que los otros hacen.

· Cuanto más intentan luchar por ser aceptados más obtienen el rechazo, generándoles un estado de rendición, de parálisis emocional y conductual.

2. En la evaluación del problema:

· Se empieza a poner nervioso cuando está en grupo.

· Se siente inferior a los demás.

· Empieza a aislarse porque los demás le rehúyen o ignoran.

· Con el tiempo crece la ansiedad.

· Sienten vergüenza a salir a la calle.

· Sensación de inferioridad que lleva al control continuo de las personas que tienen a su alrededor y a la evitación del contacto social.

3. Avanzado el problema aparecen dos reacciones:

· Bloqueo en sus relaciones y auto aislarse del grupo social evitando cualquier contacto.

· Rebelarse contra sus iguales o familiares. Ya no quiere ser como ellos o estar con ellos, interiormente no desea pertenecer al grupo, aflora el resentimiento y las fantasías de venganza.

Ante un caso identificado de agresión física o acoso, desde López Vallejo Psicología, trabajamos para que su impacto se vaya amortiguado con un tratamiento en el que participa toda la familia y el apoyo que haya disponible en su entorno social, que hacen de protección contra la ansiedad, la frustración, el dolor y la rabia. Trabajamos sobre el apoyo con un modelo terapéutico estable, cariñoso del que pueden salir fortalecidos después de esta experiencia. Estudios sobre la resiliencia o la capacidad de salir adelante tras una experiencia traumática demuestran la idea.

Abordamos el trabajo terapéutico sobre el concepto indefensión aprendida. Este estado queda científicamente probado en los experimentos con animales en laboratorios. Cuando se aplican descargas eléctricas y se les daba la posibilidad de salir se quedaban inmóviles porque habían aprendido a no defenderse. El mismo patrón de comportamiento es observado en las personas acosadas o agredidas.

Es responsabilidad de todos detectar y frenar casos de acoso y violencia informando al centro escolar o al entorno laboral o familiar, si sospechamos que alguien lo está sufriendo y proporcionar tratamiento psicológico para recuperar la valía personal dañada. El silencio es el mejor alimento para los acosadores y agresores. La figura del psicólogo ayudará a la personas a respetarse, a quererse y valorarse, dejando atrás el pasado y viviendo un presente sin miedo.

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