28 de septiembre de 2023
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FIN DE SEMANA

La Audiencia Nacional ha condenado a los cabecillas de nueva trama en León que comercializaban "sin garantías de seguridad y con etiquetas falsas"

Alerta por venta de productos en mal estado: El último caso, distribución de carne de caballo sin control sanitario

Peligro para la salud pública: carne de caballo no apta para el consumo, sin garantías de calidad y falsamente etiquetada
Peligro para la salud pública: carne de caballo no apta para el consumo, sin garantías de calidad y falsamente etiquetada
Ya ha sido juzgado un nuevo caso de venta de carne de caballo no apta para el consumo humano. El pasado martes la Audiencia Nacional abordó la causa e indicó que los delincuentes utilizaban animales sin identificación o con una adjudicación falsa, de tal modo que enviaban al matadero animales que no cumplían la normativa y los controles necesarios. Entre los acusados figura Johannes Fasen, que ya fue condenado en Francia por la mayor estafa alimentaria de Europa, el caso 'Horsegate'.

La carne de caballo es un polémico alimento presente regularmente en el debate público. En los últimos años, su consumo se ha intentado estandarizar en sectores concretos de la restauración, sin embargo, también ha sido protagonista de diversos casos de estafa, en los que la carne de caballo se distribuía en mal estado y simulando ser un producto de vaca.

El pasado martes la Audiencia Nacional juzgó una trama acusada de vender carne de caballo no apta para el consumo humano, tras haber aplazado la vista el mes de junio, debido a que uno de los acusados renunció al abogado de oficio asignado y no contaba con un sustituto. Los sujetos participaron en la comercialización del producto desde octubre de 2016 y los hechos tuvieron lugar en dos mataderos de las localidades leonesas de Astorga y Toreno.

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La carne de caballo es un producto que no supone un peligro en sí misma

El producto que se ofrecía era carne que no contaba con los controles sanitarios imprescindibles para su distribución. En el auto de paso a procedimiento abreviado, la titular del Juzgado Central de Instrucción Número 3, María Tardón, explicaba que los delincuentes utilizaban animales sin identificación o con una adjudicación falsa.

De este modo, recurrían a documentos de ejemplares muertos que no habían sido grabados en el sistema y conseguían que caballos con pasaporte rojo pasaran por aptos para su venta. Como indica la jueza, en algunos casos los animales no aptos llegaban al matadero, donde eran sacrificados y posteriormente se introducían en la cadena alimentaria humana, “debido a la falta de control del veterinario oficial”.

Como indica la Fiscalía, en marzo de 2017 se sacrificaron 4 caballos en Toreno que presentaban "claros signos de melanomas". Después, estos se vendieron a 1.50 euros el kilo, aunque tuvo que ser eliminada la carne que tenía “signos evidente de melanoma, dejando sólo un 20 por ciento” del total, en la que “no eran visibles los nódulos” de color negro. En las muestras investigadas también se encontraron sustancias nocivas para la salud, como "daños genéticos".

Se trataba de un negocio “con ánimo lucrativo, ya que el precio de los animales no aptos para consumo humano era mucho menor que el destinado a los consumidores”. De este modo, “para poder cuadrar las cuentas de las sociedades y camuflar el estado real de las mismas se realizaron facturaciones ficticias”.

Así, lograron camuflar “el gran número de sacrificios o manufacturas de carne para evitar que pudiera ser investigado por las autoridades administrativas, manejando siempre el dinero en metálico”, explicaba María Tardón. En consecuencia, los acusados se enfrentan a delitos contra la salud pública, por falsedad documental y grupo criminal.

Entre los acusados del caso figura Johannes Fasen, uno de los 3 distribuidores, que ya fue condenado en Francia por la mayor estafa alimentaria de Europa, el caso Horsegate, que desveló la comercialización de carne de caballo que simulaba ser ternera, en 2013.

Operación Gazel contra la venta de carne en mal estado

En 2017 tuvo lugar otro operativo que desarticuló un grupo criminal que comercializaba carne de caballo no apta para el consumo humano. Bajo el nombre "Gazel", la operación fue desarrollada por la Unidad Central Operativo de Medio Ambiente del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil.

Tiempo después, la Guardia Civil detuvo en la localidad de Calpe (Alicante) al holandés Johannes Fasen, el líder de la trama de Horsegate. La banda no había realizado ningún control preceptivo, necesario para vender este tipo de productos. Además, las etiquetas del producto marcaban un contenido distinto: la carne de caballo era vendida como carne de vaca.

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Detención de Johannes Fasen / Foto: Guardia Civil

Durante esa operación fueron detenidas 65 personas entre propietarios de mataderos, veterinarios y ganaderos. La operación fue una de las más grandes realizadas por la Europol. El entramado criminal se extendía por varios países de la Unión Europea, por lo que varios equipos policiales apoyaron a la Guardia Civil en esta operación.

El escándalo, conocido como Horsegate, saltó a los titulares en el año 2013, cuando se descubrió que una importante empresa de carnes francesa había vendido cientos de toneladas de carne de caballo, haciéndola pasar por carne de vacuno. Con este material se habían preparado platos precocinados como lasañas, musakas o chili.

La trama fue descubierta en el Reino Unido y salpicó a varios países de Europa. En una docena de ellos se encontraron actividades relacionadas con el Horsegate, en el que participaron varias empresas reconocidas que utilizaron la mercancía para elaborar millones de platos. El dueño de la empresa francesa responsable fue también condenado por los hechos, al igual que Fasen, que actuaba como intermediario junto a un tercer hombre de nacionalidad holandesa.

Un mercado creciente

Según un informe reciente de las organizaciones sin ánimo de lucro Animal Wellness Action, Center for a Humane Economy y Animals' Angels, vía National Geopraphic, cada año se venden alrededor de 20.000 caballos a mataderos de Canadá y México. Entre ellos, antiguos caballos de carreras, caballos de trabajo, animales de exhibición, mascotas desechadas e incluso caballos salvajes.

Por su parte, España es uno de los mayores productores de carne de caballo de la Unión Europea, como indica la revista. Según datos del Ministerio de Agricultura  “en 2020, la producción total de carne de caballo se situó en 9.529 toneladas, procedentes del sacrificio de 36.900 équidos”.

De esas más de 9.500 toneladas de carne, más de 8.000 se destinaron a la exportación ya que España es “un importador neto de animales vivos de todo tipo de finalidad, y un exportador de animales vivos destinados a matadero, así como de carne de caballo, principalmente hacia países del entorno comunitario con tradición de consumo de este tipo de carne, como Italia o Francia”.

La carne de caballo no supone un problema de seguridad alimentaria en sí misma. El motivo de alerta es el mal etiquetado con el que se comercializan algunos productos de origen equino, haciéndolos pasar por otro tipo de carne, y la utilización de animales que no cumplen con la normativa y los controles necesarios.

A pesar de que en España no existe tradición de comer carne de caballo, es común en muchos países. Entre sus propiedades destaca la cantidad de hierro que contiene, y el bajo contenido en grasa: alrededor de dos gramos por cada cien.

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