26 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA

El cuerpo estaba momificado y ningún vecino la echó de menos porque creían que estaba en el extranjero

La soledad mata: una anciana hallada tras cinco años muerta en casa reaviva el problema de los mayores solitarios

La soledad y el aislamiento mata a los más mayores
La soledad y el aislamiento mata a los más mayores
Amanda Jospe, de 83 años, murió de forma natural a principios de 2014 en su casa de Madrid. Sus vecinos de la calle de Alonso Heredia, en el barrio de La Guindalera del distrito madrileño de Salamanca, no la echaron mucho de menos en estos cinco años. Aunque la fallecida había acumulado 3.000 euros de deuda con la Comunidad, han tardado cinco años en derribar su puerta y descubrir su cadáver momificado. Cada vez hay más ancianos que viven solos y que corren el riesgo de morir en soledad.

Fue una sobrina de la anciana fallecida la que alertó a la Policía desde Israel. Hacía mucho que la mujer no contestaba a las llamadas de su sobrina. Amada Jospe, de 83 años, vivía sola en su piso de la calle Alonso Heredia, en el barrio de La Guindalera del distrito madrileño de Salamanca.  Y pasaba temporadas fuera de España, los vecinos sabían que tenía un propiedad en otro país y aunque no la veían desde hacía mucho tiempo, pensaron que estaría en su otro piso. La mujer tenía otra hermana pero también falleció hace años.

  

La autopsia realizada  reveló en principio que pudo morir de un ictus, descartó cualquier signo de violencia y situó la fecha de la muerte a primeros de 2014.  Ventanas cerradas, pocos amigos, dos sobrinos que vivían lejos y con los que, quizá, tenía poco contacto. Amanda vivía en la soledad. Uno de sus vecinos lamentaba después precisamente eso, que personas de una cierta edad viven ya solas y si les pasa algo, nadie se entera.

La soledad, más perjudicial que la obesidad 



Según la última encuesta de hogares en España del Instituto Nacional de Estadística, de las 4.687.400 personas que vivían solas en el año 2017, casi dos millones (un 41,8%) tenían 65 o más años y, de ellas, 1.410.000 (un 71,9%) eran mujeres. Por edad, los hogares unipersonales de personas de 65 y más años aumentaron un 1,4% con respecto a 2016.

Otro estudio realizado por la Universidad Brigham Young en Utah (EEUU), destaca que hay dos amenazas más grandes para la salud que la temible  obesidad: la soledad y el aislamiento social. Dos  investigaciones revelaron que una y otra  pueden aumentar el riesgo de muerte prematura hasta en un 50%.

 

Por  aislamiento social se entiende la falta de contacto con otros individuos, mientras que la soledad es la sensación de uno mismo de sentirse emocionalmente desconectado de los demás. Es decir, una persona puede estar en presencia de otras y aún sentirse sola.

En el estudio mencionado, los investigadores buscaban determinar de qué forma la soledad y el aislamiento social influían en el riesgo de muerte prematura. Por ello, llevaron a cabo dos análisis, el primero incluyó a más de 300.000 adultos en 148 estudios, mientras que el segundo incluyó 70 estudios con más de 3,4 millones de adultos. Los datos del primer análisis revelaron que el riesgo de muerte prematura era un 50% menor para los adultos con una mayor conexión con otras personass, en comparación con los que estaban socialmente aislados. El segundo  análisis  demostró que la soledad, el aislamiento social y el hecho de vivir solo estaban asociados con un mayor riesgo de muerte prematura.

Los países mediterráneos, menos expuestos que los nórdicos

Aunque según los expertos en antropología y geriatría, los países mediterráneos son más familiares y sociables que los del norte de Europa, también se avanza hacia un modelo de vida en la que las personas se mantienen activas y autónomas hasta edades más avanzada, por lo que en la actualidad hay cada vez más ancianos viviendo solos.  Para los especialistas, el problema llega cuando los mayores que viven en sus casas se van aislando por la dificultad para salir y relacionarse. Si les ocurre algo, puede que nadie se entere y suceda como a la anciana recién encontrada. 

Durante 2018, el Samur confirmo que  junto con los bomberos acudieron a domicilios de 17 personas mayores de 65 años que murieron en soledad. Cuando se abre la puerta y el morador ha fallecido, se realiza un estudio social para determinar si estaba en soledad. Para ello, es necesario un mínimo de 48 horas entre el fallecimiento y el descubrimiento y que no haya ningún familiar que la llame o se interese por ella de forma regular.

Reino Unido y su Ministerio para la Soledad

La soledad es un problema que las diferentes administraciones públicas están tratando pero de manera insuficiente. Hay poco medios en el estado del bienestar y en muchas ocasiones, la ley de dependencia llega tarde, tal y como denuncian afectados y organizaciones y asociaciones que se ocupan de los más mayores. Hay países como Reino Unido que son muy conscientes de la gravedad de este mal y han creado hasta un Ministerio de la Soledad, específico para abordar el problema.  Es un vacío que los Gobiernos están dejando y que las empresas privadas han detectado. En los últimos años han proliferado todo tipo de negocios  asociados a los ancianos, empezando por las residencias.  Pero con la pirámide de natalidad invertida, con menos nacimientos que muertes y  la población envejeciendo progresivamente, las administraciones deben empezar a atajar el problema y atender a sus ciudadanos.

La ONG Amigos de los mayores lanzó la campaña Familia hinchable para sensibilizar a la sociedad sobre la soledad de los ancianos.

En el caso reciente de Amanda Jospe, durante varias reuniones de la Comunidad de vecinos, estos pensaron en llamar a la Policía. Les extrañaba que la mujer acumulara 3.000 euros en deudas a la Comunidad de propietarios. Pero siempre desistían. Finalmente, hace unos días, la Policía derribaba la puerta del piso de Amanda Jospe, en la segunda planta del edificio tras preguntar a los vecinos si la habían visto recientemente. El portero de la finca tenía en su poder decenas de cartas que se iban acumulando en su buzón. Al abrir la puerta con un cerrajero, allí estaba su cuerpo, momificado. De la casa no salía ningún mal olor, como si no hubiera nadie. La soledad no huele, mata.

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