16 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

El argumento contra ella era que 'trabajaba mucho' y ha demandado al Estado por vulneración de sus derechos durante el proceso y sigue luchando

La denuncia de la madre gallega a la que arrebataron sus hijas: "Culpo al conservadurismo de parte de la judicatura"

Elena Ramallo sigue combatiendo porque no se penalice a las madres que trabajan
Elena Ramallo sigue combatiendo porque no se penalice a las madres que trabajan
Elena del Pilar Ramallo Miñán es una madre trabajadora, luchadora, preparada y gran profesional. Pero a día de hoy es una madre a la que le han arrebatado sus hijas, y paradojas de la vida, ocurrió el mismo día de la mujer, el 8 de marzo de 2018. Desde entonces, Elena, Doctora en Derecho y con un interminable historial profesional, académico y de investigación, combate sin descanso lo que denomina como “sistema judicial dominado por tendencias conservadoras muy arraigadas”.

“Tendencias que han vulnerado derechos fundamentales, que me ha negado el derecho a defenderme, a presentar testigos y pruebas...”, insiste Elena del Pilar. Estamos en Galicia y sí, en 2019.

Cuando hablamos con Elena impresiona su entereza y aplomo, su fuerza y decisión. “Una madre saca fuerzas y tiempo de donde sea por sus hijos”, señala durante la entrevista mientras detalla su batalla judicial en este caso que, pese a la controversia que ha generado, ha estado ausente de los medios gallegos y también nacionales. No ha sido así en el extranjero. Según Elena, al menos diez medios internacionales han tratado ya el tema.

Elena del Pilar durante un acto con el Banco Santander, para el que trabajaba. 

Elena del Pilar se quedó sin sus hijas, una de 13 años, y otra más pequeña de 7, porque en el juicio en el que se dirimía la custodia, celebrado el 8 de marzo de 2018, en el Juzgado de Instrucción 2 de Betanzos, La Coruña, prevaleció el argumento de que trabajaba  demasiado tiempo y, sobre todo, fuera de casa, que realizaba muchos viajes y conferencias y que apenas estaba con sus hijas, además  de que estaba siempre nerviosa por el trabajo. 

Fue ése el testimonio de su propia madre, en palabras de Elena, “una mujer muy conservadora, que nunca ha aceptado que las mujeres trabajen fuera de casa, con unas creencias religiosas extremadamente conservadoras, que no acepta mi divorcio y que defiende que las mujeres tenemos que estar en casa criando a los hijos. Además, mintió cuando declaró que tenía una relación continua conmigo, es falso, y quedó demostrado por las preguntas realizadas pero no sirvió de nada. No se tuvieron en cuenta aunque está todo grabado. Se ha incurrido en falso testimonio, pero nadie hace nada. Han ignorado todos los escritos enviados”.  

La declaración de la abuela materna y madre de Elena fue la única prueba testifical  que  la juez apreció en la vista, en la que también declaró el exmarido. Sin embargo, a Elena del Pilar no se le permitió “ni declarar, ni presentar testigos ni pruebas..., es una clara vulneración de mis derechos”, indica convencida y continúa, “mis testigos se quedaron fuera y no se les permitió entrar, no solo eso, sino que la fiscal estuvo ausente durante todo el proceso, ni siquiera figura su nombre en el auto...”, concluye Elena. Se refiere, por ejemplo, a un vicerrector de universidad que iba a testificar sobre los continuos esfuerzos que Elena realizaba para conciliar trabajo y familia. No le dejaron entrar, lamenta la entrevistada. 

La carrera de esta experta en derecho es prolífica, creadora de la primera Cátedra del Banco Santander de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de la Euroregión Galicia-Portugal, delegada de Dirse (Directivos españoles) en Galicia, exmiembro de la Fundación CEER  (Centro de Estudios Europeos Regionales), colaboraciones con AENOR, colaboradora del Ministerio de Igualdad como académica gallega, con siete libros y manuales publicados, conferenciante, autora de  artículos y proyectos...

La habitación vacía de la hija pequeña de Elena del Pilar pintada por ella misma. 

Un juicio con una única cuestionada: la madre de las niñas

Elena denuncia que en el juicio solo se cuestionaba si ella “estaba capacitada o no para ser madre y si mi trabajo me impedía ser una buena madre, en ningún momento se ponían en cuestión al padre, sus horas de trabajo y capacitación, ¿por qué?, es una discriminación en toda regla, solo cuestionar a la mujer porque trabaja. Yo sacaba horas de mi sueño para criar y atender a mis hijas y también para mi trabajo”.  Finalmente, el  12 de marzo de 2018 la juez de Instrucción número 2 de Betanzos, Carmen López, dicta el auto en el que se dictamina que otorgar la custodia de las niñas al padre porque  la madre, “daba prioridad a su trabajo”, según declaró el exmarido. Elena recuerda que en ese momento, cuando se concede la custodia a su exmarido se quedó bloqueada en el banquillo, “estaba en shock, no podía hablar ni moverme... me estaban quitando a mis hijas de repente, y todo porque el tribunal había fundamentado su decisión jurídica en la palabra de mi exmarido, que tiene enemistad manifiesta contra mí, y sin atender a  otras pruebas, valoraciones médicas... para decidir si que no estoy capacitada para ser madre”.  

Para esta madre, el "dolor se hace insoportable al llegar a casa y percibir los olores de sus hijas, ver sus juguetes y sus cosas, entrar en sus habitaciones, vacías..." Sigue sin explicarse cómo "de la mañana a la noche se puede una madre corriente quedarse sin sus hijas y seguir así por tanto tiempo ignorada por el sistema".  

Inicio del problema

Todo “se torció” cuando Elena Pilar pidió el divorcio a su marido. Llevaban años separados pero ella quería formalizarlo. Él intentó por la vía judicial hacerle la vida imposible. Elena le ofreció pactar para concluir todo por la vía más pacífica pero fue inútil. A partir de ahí, esta doctora en derecho y profesional brillante, se vio abocada a cambiar toda su vida para defender su vida con sus hijas. De poco le ha servido por ahora.  “A mi hija pequeña la veo  los días asignados pero hay veces que no lo veo o la veo a la hora que quiere dármela. A la mayor, desde el día que se fue a primeros de febrero 2018 hasta la fecha no la he visto”. De hecho, Elena ha denunciado también el daño causado por la pérdida del vínculo materno filial ocasionado por esta separación con su primogénita. “Su padre decide completamente sobre ella, yo vengo a saber algunos viajes, visitas a médicos... cuando ya se han realizado. La mantienen apartada de mí, no hablo ni por teléfono con ella...”.

Demanda contra el Estado

Por todo esto, Elena ha presentado una demanda contra el Estado por vulneración de derechos y discriminación  por ser mujer.  Según Elena, "la sentencia judicial ha sido arbitraria, parcial, injusta, discriminatoria, crea indefensión y se basa en falso testimonio. El tribunal debería, como poco, revisarlo". Se trata de la primera demanda que se cursa de este tipo. Solo hay un precedente similar en Chile. Y de ganar esta demanda,  sentaría un precedente importante para los derechos de las mujeres en España. “Durante todo este tiempo he podido comprobar cuántas mujeres hay en mi misma situación. Nos quitan hijos que son niños y nos devuelven adultos, si los devuelven. Estamos en una sociedad cuyas administraciones se llenan la boca hablando de políticas, iniciativas y ayudas para la igualdad, para los derechos de las mujeres trabajadoras y mientras, pasan estos atropellos y nadie hace nada”. Esta profesional del derecho sabe cómo proceder en casos como el suyo y está bien aconsejada por su abogada, por ello, lamenta la “hipocresía de la sociedad, de las administraciones del Estado que han ignorado el caso a pesar de haber enviado innumerables escritos para que se revise el proceso dada la evidente vulneración de derechos que sufrí”.

Uno de los dibujos que le ha dedicado su hija pequeña. 

Elena recuerda, además, que ha sufrido la estigmatización de su entorno social, “aquí, en Galicia, impera una mentalidad muy conservadora en la que las mujeres son las que deben criar a los hijos en casa, y cuando triunfan se las condena. Es discriminación contra la mujer.

A estas alturas no se puede acusar ni condenar a una mujer que quiere ser profesional y madre. "¿Cuántas otras mujeres y hombres profesionales pasan horas y horas fuera de casa trabajando y no les quitan a sus hijos?”, pregunta Elena y continúa confirmando que su intención es también poder llegar a hablar con la secretaría de Estado para la Igualdad e incluso con la ministra en funciones para la Igualdad, “porque hay muchos casos como el mío, mujeres que han llegado a suicidarse porque pierden la esperanza frente al sistema judicial que está plagado de fallos y dominado por corrientes mas que conservadoras con ideas muy tradicionales respecto a las mujeres y su papel en la familia”, concluye.

Ayudando a otras mujeres en la misma situación

Mientras sigue luchando por sus hijas, Elena del Pilar está  ayudando a muchas mujeres en su misma situación  que no tienen los medios o los conocimientos suficientes para defenderse.  "Porque es una burla a la igualdad, a las libertades de las mujeres. Ahora trabajamos más fuera de casa y eso se condena. Muchas mujeres no hablan por miedo, pero lo sufren. Por ejemplo, los informes psicosociales que se realizan a los menores en procesos de custodia ni se graban ni se auditan. No hay pruebas de lo que pasa en la sala donde se realizan ni de qué se le dice al menor". 

Elena del Pilar confirma tener una "lista de cambios para sugerir al Gobierno en relación a este tipo de procesos judiciales".   Uno de ellos, el tratamiento del menor, "en mi caso, no se ha tenido en cuenta el principio legal del bien del menor. A mis hijas las sacaron de su entorno y hogar y de los brazos de su madre sin causa justificada, a la mayor la hicieron declarar varias veces y mi hija pequeña comparte ahora donde viven habitación con su padre, que trabaja en esa  misma estancia hasta tarde... ¿eso es mirar por el menor?", lamenta con declarada impotencia Elena. 

El último escrito presentado esta misma semana por Elena del Pilar ha sido tramitado. El primero de muchos por el que ha recibido respuesta. De cómo vaya dependerá su futuro inmediato como madre y trabajadora y también el de muchas otras mujeres a las que Elena quiere dar voz para que estos anacronismos no persistan en el siglo XXI.

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