07 de julio de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

El juguete, el capricho y el orgullo

El orgullo gay del pasado año.
El orgullo gay del pasado año.

Summers fotografió en unas instáneas memorables al chapero de Tebas, del que su hermanísima Ana María Moix confesó que la homosexualidad de su hermano representaba su estrategia para sobrevivir mas allá del espacio sórdido del Raval.

El sueño de su reencarnación concluyó con sus cenizas repartidas entre la bahía de Alejandría y el lugar donde nació. No necesitó Ramón Moix Meseguer la institucionalización del orgullo ni la propaganda actual para ser aquel que se sentía y el ejercicio de su sexualidad no le condenó más que su aficción al tabaquismo que le hizo confesar que era el tabaco al que había entregado su sexo en tensa armonía con aquello por lo que fue conocido como autor.

Demasiado débil para no convertir a la mujer en símbolo y demasiado fuerte para sucumbir al exterminio de la diferencia, la misma diferencia que ahora quieren convertir en bandera los mismos que ahogan la disidencia. En el irredentismo sociopodemita que convierte al género aparente en trofeo de su indiferencia, el sexo ha dejado de existir para ser un espejismo que puede trasvestirse en machos y hembras estériles con ese designio solo en apariencia secreto de extinguir la especie como predica ese epítome de Eva, Brigitte Bardot, la diosa del animalismo que retrató el imaginario de Roger Vadim. La misma prédica de los profetas de nuestro tiempo, Soros y Gates.

Desde el memorable trabajo de Malthus, la demografía ha jugado un papel esencial en la aventura de las naciones, incapaces de sobreponerse al excedente como para no destruirlo en tomatinas, en barrancos de fresas, en destrucción masiva de productos y en armas de destrucción masiva. Otra vez una especie víctima de su éxito que ahoga su porvernir en las perversiones del sexo, y en la negación y en la destruccción de la naturaleza.

La triste tragedia del orgullo homosexual es haber convertido en identidad lo que solo puede reclamar desde el victimismo. ¿Por qué es identitario el género? ¿Despierta acaso esa extraña solidaridad con el que se juega la vida al albur de sus deseos, los mismos que le envenenan y dominan hasta convertir el seso en sexo? Siempre coqueteó la gauche divine con los lupanares y esconde tras sus siglas las mayores inmundicias de sus delirios, desde el incesto hasta la pederastia. Y como aquel creyente que en lugar de pensar en la razón de su fe, cree en su contenido, nadie se pregunta que vino a suceder para desear quien no se es.

  Una manifestación gay.

La naturaleza misma del deseo es en la versión lacaniana aquello que no puede realizarse. Bertolucci presenta en el decorado de La Luna, por qué clase de vericuetos el niño vino a ser la víctima de esa madre encumbrada a un poderoso escenario de cascadas aparentes. Sin duda son dignos de admirar aquellos seres humanos que se debaten en la aparente verdad de sus sueños, confundidos en la selva de sus pasiones. Y sería muy deseable que se parecieran a Foucault todos los estériles que abogan por su propia extinción y la de sus convecinos. Y su reflexión brilla. Desde Thomas Mann, antes y después.

Bertolucci retrata en "el conformista" la caverna de Platón que transfigura la sombra en realidad, cómo vino a ser el mismo joven homosexual que negando su imaginación condena a muerte a su profesor para atribuir el delito a quien le enseñó la masturbación en su pubertad. Los jóvenes con emociones homosexuales del postfranquismo se reflejan en el engolado discurso vacío de José Bono, aquel que el beaterio socialista identificaba mejor con el discurso de la monja que aquel al que llamaban señora en su tierra, Jerónimo Saavedra.

El narcisismo de ayer es hoy plenamente capaz de mirarse solo a sí mismo, tanto como para convertir al otro en cosa, mientras babea. ¿Que pasó por la mente de tantos próceres para hacer de un ser humano el mismo objeto vilipendiado de un órgano? La Love Parade de Berlín, el festejo sadomasoquista, y el club del agujero, el mercado de los sementales y las yeguas nutridas de cocaína, la chemical sex, el desorden mental de los pederastas y los animalistas de género, los adoradores de la coprofilia y el bestialismo de la República de Saló o los 120 días de Sodoma de la mano de Pasolini, nada ha de servir para hacer de las fantasías del marqués de Sade y de Sacher-Masoq motivo de reflexión. ¿Que condición humana puede sobrevivir sin aplicar reflexión y límites?

Existen muchos hombres que sienten angustia al no parecerse a sus ancestros competidores por las hembras, no saben cómo ser distintos sin admirar la pluma de quienes tratan de seducirles, no se sobreponen a esas hembras que vendiéndose como objeto de deseo siguen vendiendo la carne a aquellos que les proveen recursos y amparo. Y renuncian a la seducción y la substituyen por la pulsión escópica. Reflejos en un ojo dorado. No hay ningún misterio en la hombría, ni ningún misterio en la mujer deseada, ni ningún misterio en el deseo de una mujer, sino el puro goce de la diferencia, de la desigualdad. El otro es mero objeto solo en el discurso de la igualdad.

La igualdad es la indiferencia. Solo la percepción de igualdad permite la substitución de uno por cualquiera, como ocurre en el intercambio de mercancías. Pero, ni la ley ni la economía puede imponer la igualdad por decreto. El intercambio solo puede serlo en la diferencia, nunca en la homogeneidad sororista ni en la heterogeneidad hembrista que con tanto exito ha contribuido a la extensión de la epidemia. En un país nutrido por la hostelería cualquier Magaluf es bienvenido. ¿Estamos obligados a ese destino?. ¿Por qué no mirar hacia dentro y no al propio ombligo?

El problema por antonomasia no es la conducta humana sino sus externalidades, los efectos sociales de la acción individual. Y hoy siguen abandonados a su suerte todos los que mueren día a día esclavos de sus pasiones, sometidos a los signos del apocalipsis, al Sida o la drogadicción, al suicidio que excede todas las causas de mortalidad en jóvenes y no tan jóvenes.

Las autoridades sanitarias no protegen la salud. La ignoran. La pandemia del coronavirus ahorrará a los cirujanos generales la intervención de las obstrucciones intestinales y los desgarros causados por el delirio de la estimulación prostática, del fist fucking. En esta oportunidad tal vez haya menos oportunidades para aquellos que reclamaron la devolución del Buzz Lightyear extraido del recto. El discurso reivindicativo del orgullo homosexual ha extinguido la inteligencia de quienes antes se debatían sobre sí mismos. ¿Tiene la homosexualidad ideología? Se borra la diferencia, la extraordinaria diferencia que existe entre las personas cualesquiera sean sus hábitos sexuales, y cualquiera sea su ilusoria identidad. ¿Reclamarán la protección pública de su salud? Los hay pasivos y activos, e híbridos, padres y madres de familia, y osos ilusorios, nostálgicos de la juventud en su decrepitud, y hay sórdidas e inconfensables experiencias y hay quienes, sin embargo, apenas podrían balbucear en versos el amor oscuro.

¿Quien puede creerse que son podemitas de la cuerda de Iglesias y Montero, o sociatas de la cuerda de Sanchez y Begoña?. Lo dramático de la desviación sexual es su inefable vulgaridad. La inteligencia ha muerto a merced del mercantilismo. Ya no tendremos ni siquiera la vulgar descripción de Conundrum de Jan/James Morris.

 

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