22 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

Importa un pito

Hay gente a quien no le importa nada.
Hay gente a quien no le importa nada.

Para un tipejo que solo se mira el ombligo ningún evento por grave que sea le importa un pito. Es el mismo tipo de irresponsabilidad, de indolencia de quien mata por accidente a un semejante y pretende salir absuelto por homicidio imprudente. Siempre le quedará además el recurso de que el culpable es la víctima porque no ha hecho lo que estaba en su mano y se le dijo que hiciera: Pasar unicamente por el paso de cebra.

Pero claro está, cuando se dispara con pólvora del Rey y se consumen recursos escasos en pagar cargos y prebendas, cuando se pretenden soluciones mágicas en formato de coalición, y cuando se aboga todo el tiempo por agostar la economía con políticas fiscales inviables, qué mas dá que nos enfrentemos a una pandemia. Es la combinación trágica de la ignorancia y el iluminismo, imbuido de esa confianza ciega en sí mismo que solo acompaña, no a los inconscientes sino directamente a los deficientes mentales. Desde luego siempre se les puede cambiar de nombre y llamarles escolares con necesidades especiales, pero como siempre los cambios de nombres no afectan a los servicios, ni contribuyen a mejorar la vida de los necesitados, solo nutren la política de fantasía. Que es de lo que se trata. ¿No sería mejor dar el servicio y evitar ese escamoteo permanente de un lenguaje que solo se usa para zaherir al crítico, y a quien dice la verdad?

La paciencia es una buena virtud.

No hablamos solamente de delincuentes incapaces de dar la respuesta adecuada, ni hablamos de como arrastran los pies para repetir, si acaso y cuando conviene por consejo de asesores de su misma ralea, repetir una y otra vez lo que está la calle. Eso sí, sin alarma, para que sólo se salve quien pueda. El teatro del absurdo está lleno, la masa empieza a gritar, pero ahí está el maestro de ceremonias para calmar a la audiencia, se controlarán los alquileres, se cambiarán los rótulos de los despachos, se restaurará la confianza en el sistema educativo, se retribuirá a los ociosos y a sus onegés. Los protectores de la cosa educativa colocan a sus hijas en puestos productivos, con pingües beneficios, como tantos sociatas cínicos que llevan a sus hijos a colegios extranjeros y de pago y predican entregar títulos académicos a quienes nunca podrán servirse de ellos. Son los predicadores de la enseñanza pública, destruida, trufada de delincuentes y predicadores evangelistas del sexo fluido.

No importa solo la desfachatez con que se expresan estos delincuentes vampiros del erario público, importa, y mucho, que prometan la nada mientras se lucran por sí mismos, y a sus familiares destruyendo la riqueza que construyen los que trabajan. No esperaremos a que sean juzgados en los tribunales de la historia, sino en los tribunales penales, y no deberíamos esperar a que la horca que ponen para sus conciudadanos no les apriete el cuello hasta el último resuello. Que sientan como se les queman las nalgas en el rincón de sus despachos.

Monsergas

¿Podrán las monsergas con la razón humana? ¿No estamos avisados de las políticas, de los cantos de sirena que encuentran siempre culpables en el empedrado? No es que se pongan de perfil, o manden a sus lacayos mas obtusos y estúpidos, como aquellos que obtuvieron el título y el cargo, pero su posición deben al tráfico de influencias, es mas grave, mucho mas grave, amenazan la vida humana y lanzan rogativas para que llueva, o se caliente la tierra y por cocción rápida, por temperatura o por rayos ultravioleta se extinga la amenaza. Entretanto la ruina. Interpretan la evidencia como pánico. Aplican la técnica de la resilencia que consiste en negar el problema, ocultar los datos, descontrolar la amenaza.

Son expertos en ocultar problemas y silenciar los medios incómodos y los profetas de su tierra. Les increpan acusándoles de alarma mientras se protegen de su pánico. La que se viene encima es la ruina por la que venían pujando, pero esta vez la corriente se les llevará por delante. Piensan, siempre estaremos a salvo si no informamos. Hacia dentro se aplicarán los protocolos de seguridad, se fumigarán sus palacios, mandarán vigilar sus casoplones y caseríos, y hacia afuera reimpondrán el beso de judas y sus manos lascivas usadas para Dios sabe qué a privados e intimistas placeres. Estrechan las mismas manos que roban de la cosa pública mientras se pasean con sus disputados mancebos y sus maceros en la gloriosa casa del pueblo, de ese pueblo que traicionan, humillan y asesinan todos los días con sus políticas. ¿Hasta cuando abusarán de nuestra paciencia?

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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