16 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Clamorosos oprobios

/ Congreso de los diputados.

No pasa un día sin contemplar esa desagradable avalancha de trolas difundidas con fruición por sicarios de la palabra, posicionados en lugares de preferencia mediática, haciendo lo mejor que saben, que no es otra cosa que lanzar improperios y descalificaciones al oponente político. Menuda pandilla de torpes, empeñados en insultar a la inteligencia con parrafadas aprendidas para insultar cada vez más y mejor.

Determinadas altas autoridades políticas parecen tener la mente adocenada para repetir como papagayos eslóganes creados por los pérfidos de cada banda; porque se comportan como verdaderas cuadrillas de filibusteros sociales enfangando la vida con el perverso pretexto de proteger a los ciudadanos, cuando en realidad se esmeran en sacar provecho injusto del poder y, sobre todo, embolsarse mucho dinero. No paran de enviar andanadas de ofensas aprovechando los medios informativos afines, que airean con pertinaz insistencia cada vez que viene al caso.

Construyen una falacia y ponen el ventilador en marcha para irradiar miserias morales, que no hacen más que ensuciar y malmeter. Los mensajes institucionales compiten sin reparos en maldad obviando las consecuencias de semejante sarta de oprobios, convencidos de su impunidad legal y moral. Envidan jugándose la honra ajena fardando de ingenio, erudición y clarividencia. Existe una cuadrilla de inútiles atesorando dinero sin recato alguno. Escuchamos las apelaciones a la solidaridad de los impuestos para afrontar el coste de las pensiones, igualdad, justicia social, bienestar, educación, sanidad y servicios públicos esenciales.

No dejan de ablandar las mentes tratando de convencer a desmemoriados sin criterio, que compran discursos de corta y pega para mayor gloria de sus líderes progresistas o no. Sin dejar de ser verdad, el destino de muchos capitales recaudados por esa avariciosa maquinaria recaudatoria está en otros objetivos bastardos, escondidos con dispar fortuna, para llenar bolsillos propios y ajenos, pagar voluntades y crear unas redes clientelares absolutamente desproporcionadas.

Todo para el pueblo soberado es una monserga falaz que produce mucho rédito. Cualquier autoridad, por pequeña que sea, se rodea de un séquito agradecido dedicado a peregrinas funciones sin el mínimo rigor. Gastan dineros sin control olvidando que para muchas de esas labores existen funcionarios capacitados, que no generan mayores costes. Sin embargo, los partidos que gobiernan tienen que satisfacer requerimientos de las mesnadas esperando su premio.

Dilapidan todo tipo de recursos públicos en infinidad de pagos innecesarios, dietas, comidas, coches, hoteles, amistades de toda condición y, lo que es peor, vicios y debilidades de cualquier tipo. Cuando se marca en la diana un contrincante político, la concentración de ofensas produce el vértigo propio de los más injusto. La familia sufrirá todo tipo de ataques inmisericordes con la pérfida intención de socavar la honorabilidad sin tapujos. Si detentan el poder, manejando los resortes privilegiados de la información y determinados estamentos de control, ahondan sin escrúpulos en los elementos más perniciosos para infectar el nombre y reputación.

Los hay que eligen defenderse atacando, y si es despiadadamente, mucho mejor. El rigor para la decidida defensa del honor exigiría incentivar las herramientas legales para reclamar retribución penal a los que se dedican a injuriar y calumniar. No se puede entablar un debate político e ideológico con difusión o intercambio de basura. Quien detenta el poder debe contestar sobre lo que es requerido, pues lo impone la legalidad democrática, en los momentos y lugares establecidos para ello. Estamos asistiendo a un ilegítimo ejercicio impúdico de excéntricos espectáculos indignos manoseando a mercenarios de la información, carroñeros que mastican pertinazmente la honra ajena con el fin de satisfacer los barriobajeros intereses de su banda organizada. No debe ser sencillo aceptar, tolerar y aguantar andanadas de improperios escalonados y pergeñados por expertos en la maledicencia social. Y lo peor es el papelón de los indolentes, que consienten con desvergüenza clamorosos oprobios.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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