06 de mayo de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Mujer Policía

En determinadas ocasiones los acontecimientos nos encienden la luz de la ocurrencia para intentar penetrar en el fondo de las cuestiones que consideramos importantes, a riesgo de equivocarnos o desmesurar hechos sin relevancia. En el comportamiento general es corriente contemplar ejemplos palmarios de sobreactuación para engañar al respetable, que observa, anonadado, cómo le quieren hacer comulgar con ruedas de molino. En el actual escenario político, como estamos viendo, cualquier detalle puede resultar muy rentable para desacreditar al adversario ideológicos, siempre y cuándo se logre manipular opiniones poco pertrechadas.

Es increíble cómo algunos malabaristas de la palabra adornan anécdotas, que no sobrepasan lo nimio, para alardear de convicciones falaces envaneciéndose como auténticos garantes de la moralidad ofendiendo el buen gusto y atacando, sin fundamento alguno, a quienes no siguen sus directrices; porque se trata de seguir viviendo del cuento y manejando la vida y bienes de todos los demás. Las proclamas del reparto suelen nacer de un tropel de gandules buscando poder para apoderarse de todo lo que puedan, ansiosos de sueldo y complementos, como dietas y gastos de representación, sin haber competido para valorar su mérito y capacidad. Conseguir puestos oficiales por la puerta trasera parece un deporte nacional, y en eso estaríamos en condiciones de ganar medallas olímpicas. Pero en esta ocasión queremos hablar de la mujer policía, sí, esa mujer que recibió una paliza en las dependencias del Cuerpo Nacional de Policía, en el antiguo acuartelamiento de Ingenieros de la calle Zapadores en Valencia.

Cuando abrió la puerta del calabozo para que un detenido saliera, sin tiempo para reaccionar, ni que otros compañeros pudieran evitado, el criminal la golpeó reiteradamente. Tuvieron que trasladarla urgentemente al hospital con varias fracturas; al menos, otros policías pudieron impedir que la matara. Y esa mujer policía representa una tremenda evolución social, que no me resisto a esbozar porque viene a cuento, sobre todo para denunciar tantos silencios culpables y la indolencia asquerosa de vividores amamantándose en la gran ubre oficial. Fue un trece de enero de 1.824 cuando se promulgó la Real Cédula de Fernando VII creando el primer cuerpo de policía en España. El tiempo transformó muchas veces su nombre, estructura, uniforme y competencias hasta que el treinta de junio de 1.979 ingresaban cuarenta y dos mujeres en el Cuerpo Superior de Policía. Desde ese instante, la presencia y progresión de la mujer en los cuerpos policiales ha sido incesante aportando eficiencia y eficacia muy por encima de lo normal. En el actual Cuerpo Nacional de Policía las mujeres suponen el 12% de la plantilla, y sigue subiendo. Tuve la oportunidad de conocer a una de las primeras inspectoras, precisamente, cuando estaba trabajando en Benidorm. Durante mucho tiempo, las mujeres, mayoritariamente, habían prestado servicio en los llamados cuerpos administrativo y auxiliar dentro del organigrama de la Dirección General de la Policía, que atendían tareas de administración, gestión y documentación, imprescindibles para el funcionamiento adecuado del cuerpo policial.

En el año 1.985 comenzó el ingreso de mujeres en la Escala Básica. Incorporándose todas al nuevo Cuerpo Nacional de Policía, que nació en 1.986, suma los antiguos Cuerpo Superior de Policía y Cuerpo de Policía Nacional. Y este pedazo de historia nos sirve para hablar de la igualdad, reafirmación del feminismo bien entendido en una corporación que hacía enormes esfuerzos para apartar el machismo, impregnado como exponente de la tradición en una sociedad de donde se alimentaba. Y fueron luchadoras para conseguir metas profesionales por su capacidad, mérito y antigüedad, al mismo nivel de exigencia que sus compañeros, y no existe brecha salarial. Esa mujer de 32 años se preparó mucho y bien para superar las exigentes pruebas de acceso a la Policía, donde prevalece la motivación vocacional y se trabaja para afrontar todo tipo de funciones en una organización que es el paradigma de lo correcto. Y esa luchadora, que estará superando con dolor las lesiones recibidas, representa al enorme número de personas inteligentes, íntegras y responsables que merecen gran respeto, no la ignorancia culpable o los silencios despreciables de referentes sociales vendiendo feminismo para cobrarlo, que dicen defender a la mujer alimentando pendencias interesadas ofendiendo a otros sin justificación. Nos quedamos con una de las mejores referencias sociales: la mujer policía. 

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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