27 de enero de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Javier León Herrera

El cielo se llena de boleros

/ Armando Manzanero

Poco después de conocerse la muerte de su progenitor, Juan Pablo Manzanero escribía en su cuenta de Twitter que “mi padre nos enseñó que no morimos, nuestro cuerpo duerme y nuestra alma trasciende, nuestros seres amados viven dentro de nosotros en nuestros corazones para la eternidad”. En el caso del maestro esos seres amados y esos corazones se cuentan por millones y millones.

Es incalculable el número de almas que han vivido, que han sentido, que son capaces de repetir de memoria frases enteras de las canciones de amor de Armando Manzanero. Este maldito Covid ha provocado que desde hoy mismo empecemos ya a extrañar al genio del himno a la nostalgia, que describió la ausencia en forma de poesía con una melodía maravillosa: “te extraño, como los árboles extrañan el otoño, como se extrañan las noches sin estrellas, como se extrañan las mañanas bellas”.

En un día lleno de inocentadas llegó otra triste noticia de este agonizante y convulso 2020 que dejaba poco lugar para bromas. Se fue uno de los grandes, de los grandes de verdad, un gran maestro, cantautor en posesión de un Grammy honorífico en reconocimiento de toda la industria a toda una carrera entre otros muchos premios y distinciones internacionales.

Contaba el también compositor David Summers, en pleno proceso de elaboración de mi último libro sobre la legendaria banda española Hombres G, que cuando un artista y/o autor es capaz de acumular un mínimo de veinte éxitos a lo largo de su trayectoria, canciones de esas que todo el mundo sabe de memoria, que han calado hasta integrarse en el acervo cultural, es cuando se puede afirmar que se ha trascendido. Ese artista adquiere desde ese instante la categoría de leyenda eterna.

En el caso de Manzanero, al que así a bote pronto se le registran unas cuatrocientas canciones desde que en 1950 compusiera su primer tema, los éxitos certificados de alcance internacional no son veinte, son por lo menos medio centenar, éxitos de la radio, de la televisión, de las telenovelas, de los festivales, melodías preciosas, boleros inolvidables que flotan en veladas románticas en los cinco continentes, en el amor y el desamor, en el mismo sentimiento a flor de piel que embarga ahora a su público con su partida.

Un inmortal

Manzanero se sentará para siempre en la mesa de los grandes compositores mexicanos de todos los tiempos, de mitos inmortales como José Alfredo Jiménez, Agustín Lara o Juan Gabriel, de cuyos corazones emergieron cientos de canciones insuperables e inolvidables, clásicos que México ha legado a la humanidad y que aquilatan la solera y el prestigio internacional de la música en español.

No sé si la pandemia permita que su cuerpo entre con honores para ser velado en Bellas Artes, lo desconozco a la hora de redactar estas letras, pero de alguna manera deben hacer todo lo posible para despedir con los honores que merece a este pequeño gran yucateco, este mexicano chaparrito de estatura e inmenso de corazón y talento, del que se beneficiaron también intérpretes de primer nivel que le dieron a sus temas una dimensión magistral y sublime.

Las figuras internacionales que lo han cantado se cuentan por decenas. Destaca entre ellas Luis Miguel, cuya carrera encontró un punto de inflexión junto a Manzanero y logró que el bolero traspasara fronteras geográficas y lingüísticas hasta límites insospechados.

En las redes de El Sol todavía se puede escuchar un fragmento del dueto con Celine Dion de “Somos novios”, una de las obras maestras del autor que impulsó su carrera hasta el infinito de las luminarias no solo latinas. La parte en inglés que recoge dicho dueto es la versión que en su día grabó Elvis Presley, “It’s impossible”. Aquello fue justo en el año que nacía el Sol, una premonición en la alineación de estrellas. La mancuerna Manzanero-Elvis fue anecdótica pero la que conformaron el maestro y Luis Miguel es una de las más exitosas de todos los tiempos en la música latina, un tesoro musical de enorme valor, algo que los fans siempre “quisieron repetir”, parafraseando el célebre “No sé tú” del primer “Romance” que arrasó en 1991 y supuso un antes y un después para ambos. Por desgracia lo de repetir ya no va a poder ser. Estuve a punto de haber podido saludarlo en este 2020, en el primer trimestre, en Ciudad de México, antes de que esta pandemia segara los planes del planeta entero.

Iba a ser en un evento benéfico en la Ciudad de México junto al tenor Fernando de la Mora, pero el maestro, ya muy selecto en sus movimientos y actos sociales debido a su edad y la necesidad de preservar su salud, canceló a última hora su asistencia. Todos lo extrañamos aquel día, su amabilidad y sencillez estaban a la altura de su talento, y nunca negaba una foto. Hoy muchas de esas instantáneas han invadido las redes sociales, varias acompañadas de una frase que él escribió: “adoro la noche cuando nos conocimos”. Adoran, como adoraba él, la noche, la tarde, el día, el brindis, las delicias de la cochinita pibil y la sutileza del piano frente al estimulante sonido del mar calmo. Hay gente que no debería morir jamás, y de hecho no lo hace, llevaba razón Juan Pablo al recordar la frase de su papá, porque en el legado que deja hay almacenados millones de sentimientos de otras tantas gentes que encadenaron hace rato una memoria eterna.

Por eso, cualquier tarde de estas veremos llover, veremos gente correr, pero al contrario de lo que sucedía en la llorada ausencia de la persona amada de su infinita melodía, en esa tarde sí estará él, en cada recuerdo, en cada gesto de amor que se genere al abrigo de los compases al piano. Escribía una gran amiga del maestro, la artista colombiana Sofía Orozco, que hoy el cielo se iba a llenar de boleros. Tu música maestro, como siempre, celestial.

Javier Leon Herrera es escritor y periodista, autor entre otros de las biografías 'Adiós Eterno' (Juan Gabriel), 'Luis Miguel, La Historia' (Luis Miguel) y 'Nunca hemos sido los guapos del barrio' (Hombres G)

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