25 de agosto de 2019
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

José Ángel San Martín

Sánchez y Zamarrón: dos bellezas distintas

Lunes, 20 de mayo. Santander, exterior día. 13:05 horas. Kioskeras derretidas. Mancebas de farmacia levitantes. Camareras en trance. Floristas extasiadas. Jubiladas taquicárdicas. Taxistas arrobadas. Periodistas abducidas. Pedro Sánchez bambolea su 1,90 desde Jesús de Monasterio a la calle Burgos. Las baldosas mudan en evanescente alfombra propia del espontáneo desfile presidencial. El paisaje urbano se vuelve amorosamente humano. Femenino singular para las selfies. Femenino plural para gritarle mil y una veces guapo.

Vestido de azul, como aquella muñeca párvula de la canción infantil. Descorbatado, desnatado, sin gluten en la gestualización. Pedro I El Guapo tiene ese narcotizante tumbao al caminar  que las derriba hasta enamorarlas. Si sonríe, se cobra decenas de víctimas colaterales e inocentes. Es el presidente más apolíneo, pinturero y atractivo de la democracia. Tan fotogénico que raya en lo fotohigiénico.

Sánchez Castejón nació un 29 de febrero predestinado el reinado de Instagram. Cumple el muy taimado solo un año cada cuatro. No tiene lado malo ni perfil frágil. Encandila y lo sabe. Es el ejemplo andante de lo enunciado en 1980 por el ex presidente Leopoldo Calvo Sotelo: la erótica del poder. Poco importa lo que dice. Solo importa su porte.

Martes, 21 de mayo. Interior día. Madrid. 10:05 horas. Agustín Zamarrón, tan barbicano  como pedagogo, preside la mesa de edad en la constitución del Congreso de los Diputados. La grey periodística revive en este médico burgalés de 73 años al decimonónico Valle Inclán. El venerable viejito despierta en cuatro frases inolvidables la oratoria dormida en San Jerónimo desde Cánovas.

Pidió exquisitamente “dejar expedito el pasillo”, anunció el envío urgente a pie de silla de la “sacra urna” para que votase Echenique,  describió la cola de diputados para elegir presidenta como “más grande que la del pan con la carestía” y advirtió contra el riesgo del “trombo de difícil solvencia” ante la avalancha de señorías votantes.

Fue la belleza insólita del verbo del presidente en funciones, el presunto anciano Zamarrón. Pedro por guapo y Zamarrón por bello, de beldad y de verdad, fijan ahora con chinchetas sus respectivas habilidades en el tablón de anuncios de la democracia.

Cara y cruz. Haz y envés. Brillo y mate. Celebritie y desconocido. Pedro el guapo y Zamarrón el bello. Tan distintos. Tan nuestros. Tan de agradecer durante la semana interminable que terminó por alumbrar una legislatura apasionante.

Y ahora toca votar el día 26 para que el día 27 decidan qué hacer con nuestra decisión. Curioso.

@JAngelSanMartin

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