24 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Paco de Domingo

Tejado… de la mano de Dios

Aún colea, que no humea, el rabo de estopa de la aguja de Nuestra Señora de París, la que por antonomasia, sin demasía, bien vale una misa a juzgar por el interminable ´turisteo´ que la frecuenta con frecuencia a lo largo y ancho de los años de nuestro Señor para deleite de la óptica de sus terminales móviles de última de-generación.

El incendio en la Ciudad de la Luz de la basílica de Notre Dame ha generado un sorprendente sarpullido, desde mi personal point de vue, en las conciencias de los galos una vez culminada, parcialmente, la neroniana imagen de un, sin violinista, tejado… de la mano de Dios que perecía fruto de la combustión de su tapiz de pizarra y esqueleto de quercus, y en medio del incendio del pajar de roble colapsando su emblemática aguja.

Las sabuesas policiales pesquisas han alumbrado que sobre el terreno de fuego descansaba, en completo silencio, un determinado número de mégots, fúnebres e inestimables potenciales colaboradoras del incalculable desastre arquitectónico que podrían haber facilitado la faena de Vulcano en la Galia, de manera que emparentarían la Ciudad de las Siete Colinas con la de las siete colillas.

Los defensores de la basílica se han mostrado muy basiliscos ellos encendiendo los ánimos y desatando las más altas pasiones de los franceses, corajudos y encorajinados a la hora de remodelar la grandeur de su santo monumento.

El fuego se bastó y se sobró para devastar la cubierta dejando al descubierto las vergüenzas de una necesaria protocolaria alerta temprana capaz de sofocar las llamas y calmar la sed de mal del calderero Pedro Botero, el inmortal sereno llavero que abre las puertas de cualquier infierno donde alimentar sus poderosas flamas a la menor oportunidad, Allons enfants de la patrie, le jour de gloire est arrivé se ha convertido en el mascarón de proa de la solidaridad francesa frente al ignívomo desastre, y las grandes fortunas, en especial las de la alta costura cosmética, se han vuelto manirrotas apoyando la reconstrucción del catedralicio edificio, apuntalado, en menor medida, por las pequeñas anónimas aportaciones.

Los ángeles custodios, como las musas de Serrat, anduvieron de vacaciones el día quince de Abril, y por no guardar, no guardaron ni las apariencias de aparecer cuando más se les necesitaba para tamaña ´menesterosidad´. Tampoco vigilaron ni Dios ni Cristo que lo fundó, si bien la seo está erigida en nombre de su santa madre María.

No obstante, la antorcha de la République es una viva tea que llama nuestra atención gracias a las encendidas protestas de los anárquicos chalecos amarillos (los ´tip-collianos´ “americanés sin mangués” –“Regardé, regardé la gulipolluá”-) incendiando las rues los week-end, y a los que el bombero Macron no parece que pueda calmar su reivindicativa hambre de justicia.

No estamos en la cruenta batalla de las Ardenas, pero París está que arde gracias a sus irreductibles vindicativas protestas.

Si el Führer levantara la cabeza resolvería su propia incógnita: ¿”Arde París”?

Paco de Domingo

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