01 de agosto de 2021
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

Julio Merino

Un reo de muerte

Releyendo a mi sempiterno compañero de “correrías nocturnas”, mi inseparable Mariano José de Larra, esta noche me entretuve, y no sé por qué, aunque sí lo sé cuando leo y veo lo que están haciendo con España los progresistas de este Gobierno, con uno de sus artículos más emotivos: el que llamó “Un reo de muerte” y del que reproduzco este fragmento:

(...) Llegada la hora fatal, entonan todos los presos de la cárcel, compañeros de destino del sentenciado, y sus sucesores acaso, una salve en un compás monótono, y que contrasta singularmente con las jácaras y coplas populares, inmorales e irreligiosas, que momentos antes componían, juntamente con las preces de la religión, el ruido de los patios y calabozos del espantoso edificio. El que hoy canta esa salve se la oirá cantar mañana.

Enseguida, la cofradía vulgarmente dicha de la Paz y Caridad recibe al reo, que, vestido de una túnica y un bonete amarillos, es trasladado atado de pies y manos sobre un animal, que sin duda por ser el más útil y paciente es el más despreciado; y la marcha fúnebre comienza.

 Un pueblo entero obstruye ya las calles del tránsito. Las ventanas y balcones están coronados de espectadores sin fin, que se pisan, se apiñan y se agrupan para devorar con la vista el último dolor del hombre.

- ¿Qué espera esa multitud? - diría un extranjero que desconociese las costumbres -¿Es un rey el que va a pasar, ese ser coronado que es todo un espectáculo para el pueblo? ¿Es un día solemne? ¿Es una pública festividad? ¿Qué hacen ociosos esos artesanos? ¿Qué curiosea esta nación?

 Nada de eso. Ese pueblo de hombres va a ver morir a un hombre.

 -¿Dónde va?

 -¿Quién es?

 -¡Pobrecillo!

 - Merecido lo tiene.

 -¡Ay, si va muerto ya!

-¿Va sereno?

-¡Qué entero va!

He aquí las preguntas y expresiones que se oyen resonar en derredor. Numerosos piquetes de infantería y caballería esperan en torno del patíbulo (...) ¡Siempre bayonetas en todas partes! ¿Cuándo veremos una sociedad sin bayonetas? ¡No se puede vivir sin instrumentos de muerte! Esto no hace, por cierto, el elogio de una sociedad ni del hombre (...)

Un tablado se levanta en un lado de la plazuela: la tablazón desnuda manifiesta que el reo no es noble. ¿Qué quiere decir un reo noble? ¿Qué quiere decir garrote vil? Quiere decir indudablemente que no hay idea positiva ni sublime que el hombre no impregne de ridiculeces. Mientras estas reflexiones han vagado por mi imaginación, el reo ha llegado al patíbulo (...)

 Las cabezas de todos, vueltas al lugar de la escena, me ponen delante que ha llegado el momento de la catástrofe; el que sólo había robado acaso a la sociedad, iba a ser muerto por ella; la sociedad también da ciento por uno; si había hecho mal matando a otro, la sociedad iba a hacer bien matándole a él. Un mal se iba a remediar con dos. El reo se sentó por fin. ¡Horrible asiento! Miré el reloj: las doce y diez minutos; el hombre vivía aún... De allí a un momento, una lúgubre campanada de San Millán, semejante al estruendo de las puertas de la eternidad que se abrían, resonó por la plazuela.

 El hombre no existía ya; todavía no eran las doce y once minutos. “La sociedad, exclamé, estará ya satisfecha: ya ha muerto un hombre”

 

Esto me recuerda lo que son los pueblos: tornadizos, cambiantes, analfabetos, sádicos, sumisos, violentos, cobardes, pelotas y a veces (raras veces) patriotas y valientes…. Y me recuerdan aquellos “sans culottes”  que se iban a la “Plaza de la Revolución” de Paris para ver cómo cortaba cabezas la guillotina, mientras las mujeres hacían punto para jersey.

 O como se me vienen a la cabeza las imágenes de aquellos milicianos de 1936 que se osaban en plan gamberro entre los esqueletos de las monjas y los curas que habían sacado de sus tumbas.

Aunque también  aquellas colas kilométricas que se formaron en torno al Palacio de Oriente para decirle el ultimo adiós al adorado Generalísimo Franco.

Y es que para el pueblo español no hay nada más divertido que ver morir al vecino de enfrente.

¡Señora, España y yo somos así!

Julio Merino

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