15 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

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Sergio Martín Guardado

Españoles: el PSOE ha muerto, la democracia no

Pablo Iglesias, fundador del PSOE.
Pablo Iglesias, fundador del PSOE.

El segundo día del mes de mayo es una fecha tan señalada para la Historia de España, como lo es para la historia del PSOE. Un día de 1879, un dos de mayo, un hombre que, según Antonio Machado, tenía “la mirada inconfundible -e indefinible- de la verdad humana”, Pablo Iglesias Posse, emprendía una hazaña digna de alabar después de más de 140 años.

Con el Partido Socialista Obrero Español llegaba a España la conexión de la lucha intelectual y la acción del movimiento obrero español, que con ello adquiría ciertas dosis de modernidad. Iglesias Posse creía que lo que sometía a los obreros era, básicamente la ignorancia, de la que siempre se ha servido el poder, porque creía que nadie podía alcanzar la plena libertad sin el conocimiento. Para que un hombre pudiese proceder con plena disposición de su voluntad y arreglo a su juicio, como él mismo apuntaría, había de dejar atrás la ignorancia en que le sumía el patrón. Los patronos de la época se servían de la fuerza para poner a los obreros en una situación de servidumbre y sobreexplotación, lo que venía en exigir dotar a los hombres de un cierto saber que aquel tipógrafo se propuso en implantar dentro del movimiento.

Como buen unamuniano, se “que la lucha más feroz viene servida por la razón”. La ignorancia es sumisión y entrega a los intereses ajenos de otro, no a los propios. Para el fundador del PSOE y primer diputado obrero español, condición que no alcanzó hasta el año 1910, estoy convencido que el saber y la política, que deben ir siempre de la mano, hacían un tándem. Creo firmemente que Iglesias Posse no creyó nunca en la política como medio de vida. Es por ello por lo que un constitucionalista, un amante y defensor de los derechos fundamentales y las libertades públicas que elige esa defensa como profesión y forma de vida más allá de un medio de manutención personal, debiera encontrarse bastante preocupado, tras la comparecencia del Presidente del Gobierno del pasado sábado dos de mayo de 2020.

Pablo Iglesias, fundador del PSOE.

El PSOE, que ha sido un instrumento fundamental para España y, en especial a partir de 1977, cuando deja atrás el marxismo para adentrarse en la socialdemocracia. Si recuerdan “hay que ser socialista, antes que marxista” o, dicho de otra forma, no puede haber igualdad sin libertad ni libertad sin igualdad, que diríamos los firmes defensores del constitucionalismo social.

El PSOE ha sido también, por tanto, un instrumento útil e imprescindible para la democracia y para la construcción del Estado Social y Democrático a que dio luz la Constitución de 1978. Los gobiernos de Felipe y Alfonso Guerra, más inseparables antes que después y, el gobierno de Zapatero, supusieron los grandes puntos de inflexión en positivo para el desarrollo social, político y democrático del país, porque además de vencer, convencieron. La extensión de la protección social y, en especial, de la educación y la sanidad, públicas y gratuitas; pero también la lucha contra la violencia de género o la aprobación del matrimonio homosexual, representan lo mejor de un PSOE que llevaba la igualdad y la democracia por bandera. Un PSOE que no olvidó nunca que “socialismo es libertad”.

Desgraciadamente, tras la construcción de un partido a medida de quien hoy ocupa La Moncloa, creo que el PSOE no tiene posibilidad ni de refundarse ni de sobrevivir. Hemos podido estar más o menos de acuerdo con las luces y las sombras del partido que ha sido durante muchos años el adalid del progresismo español, con sus aciertos y con sus errores. Pero, es irreprochable que ha sido un instrumento esencial para la vida de los españoles y, por ello, debería importarnos este camino de no retorno. Es un camino de no regreso, pero el del PSOE, no el de la democracia. Admitir que “no hay plan B”, que sólo el poder absoluto del Presidente so pretexto de la salud pública es la única salida, debe ser rechazado por el constitucionalismo y por los demócratas. Su ansia de liderar el PSOE, ha acabado con el partido, se preocupó y ocupó para paliar toda crítica y todo debate interno y muchos se lo permitieron, porque entendieron que era mejor callar que perder el sillón. Callar a la “vieja guardia” que es más moderna que su manera de hacer política, ha lastrado al partido al abismo, pero no debiéramos permitirle que haga lo mismo con España.

Su permanencia en el Gobierno, junto con una izquierda radical que representa todo lo contrario de la buena izquierda que empezó a dirigir el país en 1982, es un peligro para la democracia. Lo es para las clases medias y trabajadoras, para las PYMES y los autónomos de este país, para los que su único plan es echar la culpa de todo a los grandes empresarios, como buen aprendiz de Iglesias Turrión, que no el verdadero. Y, no dude, que enemistar a España con los grandes empresarios y los inversores, no será un problema para ni para ellos ni para usted, ellos se irán a buscar otro país en que desarrollar sus empresas. Mientras tanto, usted estará tranquilo, Presidente, porque mantendrá el sillón y así lo mantendrán también los que viven de la política pero no viven por mejorarla, que más da si España se convierte en un país de pobres y de ignorantes, ¿verdad? Su verdad.

La prórroga sine die que pretende el Presidente, que oculta tras la pandemia la acumulación de un poder casi absoluto y la máscara del estado de alarma, busca que cale en la opinión pública que el Gobierno y no el Parlamento es el poder supremo del Estado. Como quedó escrito don Manuel Azaña, presidente de la II República española, él no quería una república de asesinos, como los demócratas no queremos un país que siga las peligrosas teorías de un mentiroso, pues una democracia liderada por mentirosos no es democracia. Me duele España más que el PSOE y, por España y los españoles, “primero la verdad que la paz”, mi divisa y la de don Miguel de Unamuno, que tras la película de Amenábar, España conoce un poco más. También, la enseñanza histórica del injusto enjuiciamiento de Sócrates debiera enseñarnos que sin verdad no hay democracia y prefiero la incomprensión de la política de bloques que la resignación. No me resigno a mantener vigente la democracia en España, que solo puede venir de la mano de la razón, la verdad y la transparencia. Espero que no se resignen los españoles.

 Esa posición de incapacidad política del Presidente, secuestrado por la soberbia y la prepotencia, es peligrosa para la democracia. Su permanencia en el Gobierno es tan explosiva que está dispuesto a quebrar el orden constitucionalmente establecido a través de bulos y mentiras, pues decir que la prórroga quincenal del estado de alarma es una decisión discrecional de su persona, es obviar la teoría y la realidad prescrita por la Constitución. A lo sumo, sería una decisión, no discrecional sino legítima, pero del Parlamento, pues es el legislativo el constitucionalmente llamado a decidir sobre las prórrogas del estado de alarma y no el gobierno tal y como rezan el artículo 116 de nuestra Carta Magna y la Ley Orgánica que regula estas situaciones de excepcionalidad.

Decía Azaña que “la libertad no hace ni más ni menos a los hombres; los hace, sencillamente, hombres”. Y, democracia, señor Presidente, son el pluralismo político y libertad, ambos valores superiores del ordenamiento jurídico y, por ende, los ideales que inspiran nuestro Estado Social y Democrático de Derecho, los que vengo en defender. Y, recuerde, que la ineptitud política para aunar el consenso político ordinario, tan necesario en estos días, no le servirá para echar por la borda el consenso constituyente de la Transición. Usted no se ha enterado todavía que para vencer no basta con ganar las elecciones, sino que día a día debe persuadir a todos y, sobre todo, mostrar su proyecto político y no ocultarlo. ¿O es que tampoco hay plan?

Ha llegado la hora de salvar a España de una nueva forma de hacer política, la política de bloques y trincheras. Hay que moverse, verter chorros de verdad a la sociedad, cada uno desde su posición diaria y ordinaria. Decir España, nombrar a este gran país, no es una deshonra, es un orgullo. Hacer proselitismo de la verdad y de la democracia no es ser facha ni ser de derechas, como dirán sus socios para taparlas y amedrentar con su típica forma de instaurar el miedo, confrontando a unos contra otros. Esto es ser demócrata y ejercer el derecho a la libertad de expresión que constitucionalmente nos reconoce la Carta Magna. Mentir no lo ampara como no le ampara el estado de alarma para erigirse en césar. Se preocuparon de minimizar críticas, de proclamar la necesidad de unos “nuevos” Pactos de la Moncloa, cuya intención es tan vieja como grande es la perversión de aquella obra tan relevante que logró unir a Suárez y a Carrillo.

Deje de mentir Presidente, usted no es socialista ni se comporta como un demócrata. Debiera saber, sin embargo, usted, Pedro Sánchez, que si bien ha muerto el PSOE para lástima de todos los españoles y no sólo para los socialistas de verdad, la democracia no ha muerto. Destrozar el PSOE le habrá servido durante un tiempo, pero no le servirá mucho más de la cuenta, recuerde que era un instrumento válido para España que ya no lo es porque sólo es válido para usted. El progresismo veraz y leal es imprescindible para salvar la democracia, inyectando dosis de vacunas de la verdad entre la ciudadanía, porque sus mentiras son tan peligrosas para la democracia como el coronavirus para desgracia de todos nosotros. De lo contrario y en sentido opuesto al ambiente optimista en que Alfonso Guerra las pronunció “a España (la del mañana) no la va a conocer ni la madre que la parió (la Transición)”.

¡Comencemos a trabajar por la verdad! ¡Salvemos la democracia!

Sergio Martín Guardado es Investigador en el Área de Derecho Constitucional de la Universidad de Salamanca.

 

 

 

 

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