25 de septiembre de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Ramón Tijeras

Con treinta años de retraso

Leer la prensa estos días produce cierta sensación de nostalgia porque los nombres que llenan los titulares y los asuntos que desentrañan parecen los mismos que aparecían hace treinta años en cabeceras ya desaparecidas como Diario 16 o Tiempo.

Villarejo, “El Gordo”, el Rey y el 3 por ciento catalán son historias que arrancaron hace treinta años en la prensa nacional y que las empresas editoras no permitieron que se remataran entonces porque mantenían compromisos más o menos conocidos con sus protagonistas: Zeta con el poder catalán de Pujol y De la Rosa, El País con los negocios de Polanco bajo los gobiernos del PSOE y del PP, el Grupo 16 con la élite bancaria y todos con los testaferros del Rey sin que nadie moviera un dedo.

Algunos periodistas también formaban parte de ese establishment que sobrevivía gracias al tráfico de dossieres y a la complicidad con policías y empresarios que hoy día atestan las listas de corruptos señalados por la justicia: Pujol, De la Rosa, Rato…

Han hecho falta treinta años para que todas esas historias cobren vida de nuevo y aparezcan un día sí y otro también en las tertulias más concurridas de la televisión y para que los jueces actúen lenta pero inexorablemente. Por el camino han caído grupos de prensa emblemáticos como el Grupo 16, Zeta o Prisa, hoy en manos de bancos, teleoperadoras y fondos norteamericanos de inversión.

Es evidente que la fragmentación del Parlamento —dividido en cuatro cuartos más o menos equivalentes hasta que se consolide una mayoría más sólida— ha permitido aventuras judiciales en Cataluña, Valencia o Andalucía y condenas explícitas para partidos políticos de referencia como el PP valenciano y de la Gürtel, el Pdecat del 3 por ciento o el Psoe andaluz, todavía  a la espera de sentencia por el escándalo de los eres.

En todo este tiempo, en el ámbito de la comunicación han aparecido tres variables significativas: los consorcios internacionales de periodistas de investigación —ICIJ (International Consortium  of Investigative Journalists) y EIC (European Investigative Collaborator)—, los nuevos diarios digitales que han nacido al amparo de subvenciones políticas interesadas —caso flagrante de los nuevas cabeceras catalanas independentistas—  o de la mano de buques insignia tradicionales de la economía española —BBVA y Telefónica—  como diario.es y elconfidencial.com, y  La Sexta, que vio la luz bajo el gobierno de Zapatero y que ha conseguido un lugar en el panorama político auspiciada por personajes como Jaume Roures, que algunos han calificado como verdadero “príncipe de las tinieblas”.

Todo lo anterior ha venido a confirmar informaciones anteriores sobre fortunas notorias en paraísos fiscales —Sarasola y De la Rosa en Holanda, Prado y Colón de Carvajal en Suiza, los Rato en Ginebra y Amberes— que el viejo bipartidismo escondió y que la actual fragmentación parlamentaria ha permitido llevar a las primeras páginas de la prensa nacional acompañada de una fascinación declarada por la república como alternativa a la monarquía que desde hace años se tambalea no sólo en Cataluña sino en la actual y agrietada España del Psoe, Podemos y los partidos nacionalistas.

Más allá del moderno periodismo que hoy se presenta como de investigación pero que no es tal porque es fruto del hackeo y de filtraciones masivas encauzadas a través de los consorcios periodísticos mencionados y de plataformas como Wikileaks o Futbol Leaks, la regeneración de la política española lleva  treinta años de retraso porque varias generaciones de políticos y periodistas han sido cómplices del poder establecido y no han abordado hasta que no han tenido más remedio la transición pendiente que ahora se conforma como un salto en el vacío de la mano de Puigdemont, Iglesias y un Sánchez maniatado y obligado a convocar elecciones.

Esperemos que El Cierre Digital contribuya a circular por ese nuevo camino con información y cordura y algo menos de censura institucional. Esa censura en la que han caído editoriales, televisiones, periódicos y universidades sin que a nadie se le cayeran los anillos.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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