22 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Generalizar

Algunos de los excesos que solemos cometer con frecuencia consisten en generalizar o recurrir a la demagogia. No requieren ejercicio de análisis y permiten desahogarse sin control con la facilidad que supone ser injustos. No lo podemos remediar, cuando las cosas se tuercen y buscamos el modo de exagerar nos tiramos en los brazos de esos argumentos sin rigor.

En las discusiones sociales, debates de cualquier tipo y, sobre todo, en la contienda política, la propaganda más recurrente consiste en mimetizarse con el colmo para poner en evidencia al contrincante o enfatizar alardeando de medias mentiras, que no se alejan mucho de la verdad. En la crítica solemos incidir en aspectos colaterales para convertirlos en el meollo de la cuestión, sin embargo, algunas veces, lo que parece demagogia es absolutamente congruente con los detalles que deseamos destacar.

Generalizar no permite respetar comportamientos ejemplares y conductas aceptables en el ámbito de lo que se considera correcto, pero abarca un enorme abanico de abusos y despreciables modos de hacer. En estos días del diablo, cuando la muerte se hace cargo de enormes espacios de vida, y el riesgo se apodera de todo el tiempo que podamos imaginar, es demasiado habitual contemplar perversos alaridos de egoístas sin escrúpulos ensimismados en su ombligo y, especialmente, en la cuenta corriente que atesoran con un desparpajo insultante.

Determinados procedimientos para prosperar alcanzan a un número apreciable de referentes sociales, por eso no es complicado entender que podamos sobrepasar lo singular para llegar a la generalización, aunque aceptemos que haya un evidente exceso. Contemplar cómo actúan algunos colectivos y el descaro con el que justifican coartadas escandalosas pueden autorizar la generalización. El reparto infecto de dinero entre los diversos nichos de oportunidad dedicados a la clientela política, como el ecologismo, cambio climático, violencia de género, inmigración, protección de personas o identidades sexuales, entre otros, no sirve más que para ser injustos con quienes lo hacen desinteresadamente o cumpliendo las normas de competencia profesional, que se requiere en cada caso.

La designación para trabajar sin pruebas objetivas de capacidad o méritos, que se regalan por adscripción ideológica y adhesiones inquebrantables, empujan a la generalización injusta, porque hay buena gente en todos lados, hasta entre los elegidos sin más fundamento que la relación familiar o filiación partidista. En todas las organizaciones o colectivos, faltaría más, hay personas volcadas en las tareas con generosidad y compromiso.

El modo de repartirse los cargos públicos, como regalar dineros sin miramiento a muchos sinvergüenzas, que no disimulan su descrédito, afecta mucho y mal a los que han optado y conseguido correctamente sus cargos y puestos. Pero no deja de ser un modo de asegurar respaldos, seguidismo, obediencia y participación activa en todo lo que interese a las estrategias fijadas por cúpulas acomodadas en el emolumento generoso y excesivo. Y esos ejemplos de lo peor no hacen más que provocar el desprecio generalizado de quienes reniegan de ellos estigmatizando a determinados grupos de influencia y a esa gran recua de amamantados agradeciendo tanta sombra que los cobija.

Ante la desgracia colectiva, esos paniaguados egoístas, se convierten en el objetivo de muchos odios contenidos o desbocados deseado demostrar su frustración por el olvido y la desesperación. Para un número importante de personas congruentes, las exhibiciones de incultura y falta de competencia profesional, como ese desparpajo de algunos de los que detentan las principales responsabilidades públicas, no hacen más que ofender.

El despilfarro de recursos públicos, más ahora, en momentos de alarma social, puede llevarnos a la demagógica generalización. La necesidad de limpieza exige erradicar pronto y bien esta lacra, que está atragantándonos con ejemplos de petulancia insaciables. La vida, integridad, seguridad y otros derechos van quedándose en un segundo término, lo que significa la cruel desgracia de muchos, que no hacen más que generalizar.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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