06 de mayo de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Pilar Redondo

Desangrados en la hoguera...

Pilar Redondo en Sevilla, en La Carbonería, en una charla-lectura en defensa de la cultura.
Pilar Redondo en Sevilla, en La Carbonería, en una charla-lectura en defensa de la cultura.

Siempre y en todos los momentos de la Historia han existido personas a las que les ha interesado la incultura de los demás, por interés, para poder manejar a las masas como rebaños de corderos sumisos.
El primer paso es la desconsideración hacia la cultura, porque en ocasiones la palabra escrita puede ser una amenaza.
Me enerva sobremanera el "maltrato" a los libros, los he visto tirados, destrozados, quemados...

En tiempos pasados destruyendo papiros, libros... Procuraban que no quedara rastro del conocimiento, esto era propio de los regímenes totalitarios. Lo denominaron bibliocausto. Un claro ejemplo de ello es la masiva quema de libros organizada por los nazis el 10 de mayo de 1933 en Berlín, bajo el mando de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Reich y doctor de filología germánica.

Los 20.000 libros que se destruyeron fueron transportados hasta allí por estudiantes universitarios.
Las llamas devoraron los textos de, entre otros: Ernst Glaeser, Heinrich Mann, o Erich Kästner, este último, internacionalmente conocido por ser autor de numerosos libros infantiles conocidos como: "Emilio y los detectives".
Kästner fue testigo de la barbarie, vio como sus palabras se convertían en cenizas.

70.000 personas se congregaron en el Opernplatz de Berlín para presenciar semejante desastre.
A medianoche intervino Gooebbels que dijo: "Hombres y mujeres de Alemania, la era del intelectualismo judío está llegando a su fin y la consagración de la revolución alemana ha dado paso también al camino alemán".

Cada libro tiene un corazón que late. Esculpidos en la luna negra el papel que nutre el fuego convirtiéndose en pavesas, y las letras que se desangran en la  voracidad de la hoguera... sin remedio...

Esta triste escena se repitió en casi toda Alemania, otra de las más recordadas fue la del Opernplatz de Frankfurt.
La revista norteamericana Newsweek lo denominó: Holocaust of books (Holocausto de libros).

Otras relevantes quemas de documentos fueron las de Córdoba, Toledo, etc.

También, la de casi toda la obra de Ibn Hazm, autor de:"El collar de la paloma", en sevilla, propiciada por sus desaveniencias con sabios y Reyes.

Otra pérdida irrecuperable es la destrucción de la célebre biblioteca de Alejandría, centro que reunía toda la memoria del mundo, conocimiento inmortalizado para la posteridad. Por allí pasaron mentes insuperables como las de Apolonio de Rodas, Euclides, Arquímedes.

Patente queda este tipo de actos en diferentes obras literarias como nos muestra Ray Bradbury en su novela: Fahrenheit 451.
En ella nos describe como un grupo de bomberos se dedican a quemar libros.

Cada libro tiene identidad propia y una mirada al mundo a través de la piel de cada uno de ellos, mediante la cual revisitan las riendas de muchas vidas. Son depositarios de historias.
La cultura es un salvoconducto hacia la eternidad, y debe transitar por caminos libres. Debe ser un pasaporte que abra nuevos horizontes, un seguro de vida... Debe crear libertad...

Por suerte, en la otra parte de balanza, ofreciendo resistencia estamos los incondicionales de la cultura, los que la apoyamos sin fisuras.

Un papel imprescindible y un preciado trabajo representan los bibliotecarios desde el año 3.000 a.C. hasta la actualidad.
Algunos de los bibliotecarios de la biblioteca de Alejandría fueron: Calímaco, Apolonio de Rodas, Demetrio de Falero.

"Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles,/ y mostrad vuestra ciencia para que se vea quien es el que sabe./ Y es que aunque queméis el papel/ nunca quemaréis lo que contiene,/ puesto que en mi interior lo llevo,/ viaja siempre conmigo cuando cabalgo,/ conmigo duerme cuando descanso,/ y en mi tumba será enterrado luego". (Ibn Hazm).


Pilar Redondo. Escritora. Córdoba.   

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