27 de mayo de 2024
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Máximo González

¿Para cuándo el plante de la prensa?

/ Micrófonos en una rueda de prensa.

Todos los ciudadanos y ciudadanas de este país nuestro estamos asistiendo atónitos a diario al sinfín de despropósitos dialécticos de la clase política española y como si de una coraza nos cayera en la cabeza a modo de caparazón de una tortuga, escondiéndola en su armazón para no oír ni ver lo que se oye y se ve, ni reaccionar con ello ante ningún estímulo chirriante que nos haga despertar para intentar preservar la realidad y no la “irrealidad” que pretenden vendernos, ni con eso “espabilamos”.

Parece mentira que, cuando en las universidades de Ciencias de la Información la mayoría de los profesores y profesoras se esfuerzan en inculcar a los alumnos de periodismo la lucha por la difusión objetiva de la realidad, sin interferencias, ni juicios de valor ante ninguna de ellas, por intereses creados y no se sabe qué más, algunos periodistas de carrera se permiten asistir a la convocatoria de unos monólogos políticos (ante la ausencia conocida de la imposibilidad de realizar preguntas) sin rechistar.

El gobierno convoca ruedas de prensa y como corderitos se presentan muchos y muchas a oír el “rá, rá, rá”, a tomar notas y solo los elegidos y las elegidas a dedo (en general sumisos y sumisas) son escuchados en alguna pregunta permitida, por cierto, poco comprometedora. Con ella podrán llenar alguna página de sus periódicos y salir de paso airosos y victoriosos de esa desigual competencia respecto a los críticos, defensores y buscadores de la verdad, aunque esa búsqueda ofenda en algunos casos y constructivamente al afectado.

Los periodistas y las periodistas están obligados y obligadas a buscar y contar la verdad allá donde se encuentre, esa es su profesión y por la que tanto han estudiado y a la que tanto han ayudado las instituciones en completar su formación en las universidades. No parece muy procedente que cuando se ha conseguido un título universitario y logrado una profesión digna y provechosa para la ciudadanía, las propias instituciones que han formado a esos profesionales les “obliguen” por intereses partidistas a actuar en contra de su profesión. Les domestican a modo de, por ejemplo, cuando Ángel Cristo domaba a sus leones para que hicieran un buen espectáculo en el circo y sin salirse de la jaula.

Las cosas no son así: no deberían ser así porque si esto se mantiene mucho más en el tiempo, la democracia que tanto ha costado conseguir sacar adelante, se irá “al garete” y vuelta a empezar; no podemos ir tendiendo a censuras y dictaduras “con corbata” esta vez y de nuevo: no se ha andado un camino tan duro para acabar así. No, no y no. Debemos rebelarnos por el bien de las generaciones futuras, debemos tener altura de miras y ser defensores de nuestros intereses y los de todos y todas de nuestro alrededor. Nos va mucho en juego y debemos ser valientes y no permitir atropellos así.

Nos estamos quedando sin referencias salvo en determinados medios y en determinadas personas; eso no es bueno para un país que siempre ha presumido de superar sus propias dificultades buscando su libertad y su independencia como un trabajo futuro y solidario para la comunidad. Igual que la globalización en muchas facetas del mundo busca la fortaleza y la unidad pues como dice el refrán: “La unión hace la fuerza”, con el fin de intentar disuadir a alguna “cabra descarriada”, la unión de la prensa hoy día se requiere más que nunca.

¿Dónde queda, por ejemplo, el primer mensaje transmitido por el primer ejemplar que salió a la luz del diario El País del director y fundador Juan Luis Cebrián el 4 de mayo de 1976, el cual sirvió como referencia y estímulo a todos los españoles y españolas ansiosos de democracia con tanta ilusión y entusiasmo tras la muerte de Franco?

¿Qué está pasando en este país nuestro para que una ideología ilusionante de aquélla época haya cambiado tanto en estos momentos y los logros conseguidos entonces se estén convirtiendo en retrocesos actualmente? ¿Qué apisonadora nos está limando, limitando y allanando nuestra mente y nuestra forma de pensar, adormeciéndonos de tal manera que nos está convirtiendo en sumisos “esclavos” de unas tendencias interesadas que no nos dejan en muchos casos ver la luz más allá de los árboles que nos siembran por delante?

Menos mal que el bosque es más pequeño que el mar y la tierra y que con buena maquinaria y buenas manos, el bosque se puede “talar” lo suficiente como para volver a ver la luz, el cielo, las estrellas, las montañas y el sol que no dejará de brillar ante nuestros despiertos ojos nunca. Esperemos que tras este sueño cotidiano que vivimos desunidos, seamos capaces de decir algún día: “¡Basta ya!”. Esto no nos conviene ni nos conduce a nada bueno y quizá ese día pueda volver la senda de la razón al camino del que nunca debió salirse y por el que tanto se luchó en el pasado, tanto en el campo antiguamente, como en la universidad en el día de hoy.

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