23 de febrero de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Alfonso del Amo-Benaite

España y las autonomías

El seis de diciembre de 1978 fue el día que los españoles votamos y aprobamos por amplia y cualificada mayoría la Constitución, la que mejor que bien nos ha venido dando resguardo político a lo largo de estos cuarenta y dos años de democracia y libertad.

La Constitución del 78, además de recoger y diseñar nuestro sistema democrático disponía un modelo de organización político / territorial a través del sistema autonómico. Se establece en el Título VIII, desde los capítulos 137 al 158.

No existía duda política que las autonomías que accederían a tal condición, por medio del artículo 151, serían tres, posteriormente apareció una cuarta. Así lo fue el País Vasco el 9 de marzo de 1980, Cataluña se siguió once días más tarde, mientras que Galicia alcanzó tal condición el 20 de octubre de 1981, la última en hacerlo por esta vía fue Andalucía, un 23 de mayo de 1982.

El resto de Comunidades Autónomas, las del artículo 143 de la Constitución, lo fueron a partir de las Elecciones Autonómicas celebradas en el mes de mayo de 1983.

¿Qué ha ocurrido desde entonces? pues lo que ha ocurrido desde ese año 1983 es el desarrollo de una competición política, una carrera legislativa por modificar los contenidos de los diferentes estatutos, ampliando más y más los límites competenciales en un proceso que siempre parece un horizonte inconcluso basado emocionalmente en el agravio comparativo.

Caracteriza a las Administraciones Públicas en general y las comunidades autónomas no son excepción, una desaforada producción legislativa, un afán excesivo que no encuentra explicación lógica sobre beneficio alguno que pueda aportar a la gente un millón de páginas en boletines oficiales.

¿Qué tiene de ventajoso para la gente y el autogobierno que las nóminas del personal sanitario o educativo sean emitidas a través de las autonomías? ¿en qué mejora la vida de los ciudadanos? Esto requiere una pensada que tuviera presente la realidad de una situación en donde la justicia, la educación y la sanidad en manos de las Autonomías lo que produce son diferencias antidemocráticas entre españoles en función del territorio en donde viven, sobre todo cuando en este Estado complejo en lo territorial todas las demandas agrupadas hacen imposible afrontarlas si tenemos en cuenta el interés general.

Es necesario tener en cuenta que las apetencias de los nacionalistas hacen inviable, por el momento, ordenar definitivamente una situación como la actual, a no ser que los españoles se muestren dispuestos a beber el trago de la reforma constitucional dirigida por un soberanismo envalentonado por su decisiva presencia en el Congreso de los Diputados. Este es el resultado de un proceso sin cerrar, que ha criado un monstruo burocrático tan generador de deuda como inventor de impuestos que en buena medida pone en cuestión los beneficios que el sistema autonómico ha sido capaz de aportar.

No parece muy popular decirlo, pero lo digo y lo defiendo: Además de centralizar competencias como las anteriormente señaladas, hay que cerrar definitivamente las tensiones que acarrean las continuas reformas de estatutos, con agravio incluidos, por quienes lo único que han producido ha sido deuda y más tensión política. No se puede continuar soportando costes de oportunidad, ausencia de certidumbre, distraer objetivos de país y dificultar la inversión que no acaba de materializarse en convulsos ambientes que no parecen concluir nuca.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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