08 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO
Patio de columnas

Patio de columnas

Juan Pérez de Mungía

Por la caridad entra la peste

Mendigando en el centro de Madrid.
Mendigando en el centro de Madrid.

Una acción no siempre produce lo que se desea, puede que de forma inmediata o diferida produzca consecuencias indeseables. El cantante Bono donó recursos a las tribus que padecieron una sequía en el Sahel. Estas tribus abandonaron el cultivo de la tierra y la desertización aumentó. Y convirtieron a los aviones de ayuda en dioses a los que imploraban con danzas y sacrificios. Donar es un acto deseable si es posible conocer sus consecuencias.

Mas allá de que el Ingreso Mínimo Vital (IMV) sea una ayuda para quien lo necesite, nunca puede ser una ayuda indefinida porque disuade a quien la recibe de procurarse su sustento. La diáspora de los gitanos rumanos dió origen a una población hacinada con pobreza endémica que se perpetúa en el tiempo gracias a la caridad pública. El excedente lo dedican a ponerse fundas de oro. No se puede ignorar la educación y la cultura de quien recibe la ayuda. El Ingreso Mínimo Vital (IMV) es un ejemplo de donación pública perversa, destructiva, que genera clientes cautivos de quienes sustentan su miseria, de sus caudillos.

Aunque se trata de un acto de propaganda, una estafa más del gobierno sociopodemita porque el sistema público ya cuenta con pensiones no contributivas, ayudas públicas dispersas, salarios mínimos, subvenciones y rentas sin contraprestación, las consecuencias dañinas de esa política del IMV es extraordinaria. ¿Qué daños culturales, sociales y esconómicos causan estas políticas? Es fácil acordarse de la reforma de Blair cuando dispuso que las ayudas públicas al desempleo disminuirían progresivamente en función de lo que tardara el ciudadano en buscar y encontrar un trabajo. Y la tasa de ocupación del Reino Unido es del orden del 75% de la población, lo mismo que en Alemania, cuando la tasa de ocupación en España apenas supera el 50%. Examinemos algunos de esas externalidades de esa política que desincentiva la autonomía y la libertad personal. El problema no es desde luego un problema de piedad pública o privada.

En primer término, la sociedad renuncia a la contribución de esa fuerza de trabajo que permanece ociosa. Cuando se dispuso que en las cárceles los reos podrían trabajar para una renta futura, se generó angustia en la industria y en el comercio, porque el prisionero era una fuerza esclava cuyos costes siempre serían menores que los de hombres y mujeres libres. Se cegó esta actividad para que no se produjera este tipo de competencia desleal. Una razón para mantener un colectivo de personas dependientes facilita el mantenimiento de los salarios de los afiliados a sindicatos. Una razón para mantener esa fuerza de trabajo ociosa. Pero claro está, esto depende de que no se apliquen a esos trabajadores en la cárcel los mismos beneficios de los hombres y mujeres libres. Mantener la ociosidad es siempre perverso porque no beneficia, contra lo que se cree, al beneficiario, y no beneficia en absoluto al conjunto de la sociedad.

Es la misma política que consiste en destruir el excedente social, tirar toda la mercancía que no tiene un aprovechamiento inmediato en términos de precio; en lugar de examinar otras opciones alternativas, se destruye el excedente cuando podría aprovecharse para reducir capacidad productiva e invertir recursos en desarrollo futuro. Pero hay mas. Puede examinarse con una mirada mas amplia la tragedia causada por Bono y la tragedia a plazo de los Estados. No le des un pescado, enseñale a pescar, dice el dicho popular.

No existe beneficio social en ausencia de lucro por parte del productor. El gobierno viene destruyendo sistemáticamente la actividad productiva con sus políticas, en el campo y en la ciudad, en los sectores secundarios y terciarios, en la actividad científica y en el desarrollo social. En su lugar, reparte la miseria contribuyendo al sostenimiento de organizaciones que se dicen no gubernamentales que viven del presupuesto público. Esta política cínica e impúdica determina que mientras España es incapaz de desarrollar patentes propias -y ahora con el reto de la vacuna frente al Covid es evidente- sostiene con exacciones e impuestos parásitos sociales, un número de organismos y funcionarios aberrante y absurdo, sindicatos, partidos, políticos locales y nacionales, parlamentos múltiples que contribuyen a romper la unidad de mercado, mas ayuntamientos que cualquier pais desarrollado de mayor extensión y mayor número de políticos que cualquier otro pais con el doble de población y territorio. La paradoja de las organizaciones que se dicen no gubernamentales dependen por completo de la financiación pública. Quebrarían si tuvieran que sobrevivir con donaciones privadas. Una vez han creado una burocracia, una red de intereses, no renuncian al chollo y mas y mas organizaciones se multiplican. Con nuestro actual número de fundaciones, y organizaciones no gubernamentales que buscan su propio lucro podrían cubrirse las necesidades de todos los habitantes de la Tierra si es que sirvieran para algo y no emplearan sus recursos en la retribución de sus promotores y gerentes.

El recurso a la donación privada de estas organizaciones es básicamente publicidad, aunque forme parte de sus presupuestos ordinarios como un ingreso extra. Y ello sin contar con que se nutren de servicios que prestan como organizaciones empresariales subvencionadas que destruyen la gestión productiva de los recursos. No hablaremos de los delitos en que incurren allí donde ejercen su actividad algunas de esas organizaciones internacionales.

La donación privada no revela ningún tipo de altruismo, responde a motivos que solo se justifican por el velo de la ignorancia de Rawls: el hecho de no saber cual es la posición social del donante y su responsabilidad en los hechos. Como Greta Tunberg quien sirve a una fundación privada especulativa, se lucra promoviendo el desorden social, y gasta en su vida privada lo que contribuye a la destrucción de la causa que dice defender. La donación es una transacción donde el altruista obtiene una satisfacción emocional de la dependencia que genera en otro. Es la conducta propia del amo frente al esclavo. El mismo trastorno mental de Pablo Iglesias y de su inefable colega de dormitorio que obtienen rentas de su prédica. Lastima que no tengamos oportunidad de ser amantes de un altruista de dinero ajeno tan generoso.

La doctrina de las ONGs es clara para promover la donación, 1) poner énfasis en las emociones y no despertar la racionalidad y la capacidad de análisis del donante, nunca presentar los hechos de modo neutral como si fuera una noticia; 2) identificar al beneficiario como un individuo para generar empatía con imágenes de apariencia realista, nunca presentar un problema como resuelto; 3) hacer percibir al donante como miembro del mismo grupo al que ayuda, enlazar el caso a la condición del donante; 4) generar una representación del beneficio personal de la donación para el donante haciéndole partícipe de una gesta frente a otros. El núcleo de la empatía y la compasión como expresión de actos irracionales.

¿Y qué de las consecuencias indeseables o destructivas?. La donación 1) genera desigualdad social, perpetuando las diferencias de rentas a partir de bolsas sociales de dependencia, el proceso de gentrificación de las ciudades y de los territorios; 2) desincentiva la actuación pública; la acción pública socialmente responsable desaparece allí donde aumenta la donación privada, la kafala y el zakat para los conversos; el Estado externaliza la acción pública; 3) no resuelve los problemas, los mantiene estancos y/o perjudica el desarrollo; los efectos de la donación no se evalúan y su intervención es errática y asistemática al contrario de lo que sería con una acción pública responsable; 4) justifica un orden social injusto, compra seguridad a cambio de tribalizar al ciudadano; 5) genera una clase ociosa que vive de rentas ajenas sin contribuir en modo alguno al desarrollo social, una estrategia de cuidados paliativos que aboca a la misma extinción; 6) desincentiva la creación de riqueza perpetuando la dependencia y sacrificando el desarollo de la autonomía personal; las leyes de dependencia deberían substituirse por leyes de independencia: el 60% de las ayudas a la dependencia podrían eliminarse empleando los recursos en promover la autonomía y la independencia de la víctima, como ocurre con las víctimas de cualquier tipo de violencia. La victima no necesita rentas, necesita autoconfianza y autonomía. La donación genera y perpetúa la miseria. Hay que retirar la máscara a los agentes de este gran fraude social.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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