15 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Paco de Domingo

Salomé y el brazo armado

Este año, lo queramos o no, se conmemora el quincuagésimo aniversario de dos acontecimientos de sobresaliente relumbrón que nos retrotraen al innegociable pasado: la sonada llegada del hombre a la “Luna lunera cascabelera”, partiendo de cabo Cañaveral, y el sufrido y cantado triunfo, compartido, de Salomé en el festival de Eurovisión (de la mano de los Valldemosa (¡Hey!) en el teatro Real de Madrid.

Los principales protagonistas iban ataviados con trajes de alto valor artístico, e inesperadamente museístico, que les harían pasar al grueso, con perdón, de la historia con Pertegaz a los mandos, para ella, y la alta costura de la tecnología, en materia de protección, para ellos.

Neil (brazo fuerte) Armstrong pisoteó el, hasta la fecha, virgen suelo lunar rompiendo el mar de la tranquilidad del que disfrutaba hasta ese cósmico instante tan invasivo para nuestro vecino: ´Cuerpo celeste opaco que solo brilla por la luz refleja del Sol´ (RAE).

Algunos de a dos pies y poca cabeza están continuadamente en el lóbrego satélite, en tanto que un cuadrúpedo cornúpeta, bien dotado para el cancionero pasivo, se encontró años atrás abducido, por ´enamorado de la Luna´ –musical pieza compuesta en mil novecientos sesenta y cuatro por el cordobés Carlos Castellano Gómez- y estaba enganchado al oscuro satélite antes del humanizaje de los tres encasquetados sobre su craterizada superficie.

Los primeros en conquistar la luna de Valencia fueron, sin duda, los levantinos. Por su parte, Rodrigo Díaz de Vivar se impuso la noble e imperiosa tarea, a golpe de Tizona y Colada y a lomos del relinchón Babieca, allá por los años noventa del siglo XI, de devolverles su ´terra mítica´.

La diputada castellonense Susana Ros no cree en la llegada del hombre a la Luna: ¡Vamos, que pudiera decirse que ella se encuentra ´a la luna de Valencia´, probablemente porque nació tres meses posteriormente al acontecimiento y no pudo acceder a las imágenes compartidas desde los cuatro puntos cardinales por gran parte de la humanidad. Incluso desde ´Mi querida´… “España”… ´camisa blanca de mi esperanza´ –por aquel entonces-, donde se vieron las imágenes en riguroso blanco y negro, sacándonos los colores por no poder receptarlas con irisados tonos.

Pero los yanquis se las saben todas, y por si no hubiera prosperado tamaño ciclópeo intento, habían diseñado un ´plan B´ cuya paternidad no pudo contrastarse si correspondía a Maxwell SmartSuperagente 86´). ¿Y en qué consistía? Pues recuerda un muchito a la grouchiana propuesta: “estos son mis principios; y si no le gustan, tengo otros”.

Los sesudos asesores presidenciales tenían en el cajón de sus desastres una alternativa por si no se culminaba con éxito tamaña aventura tan llena de riesgos para el triunvirato a los mandos de la nave espacial: en especial para el primogénito de los pilotos en poner pié en tierra en seleníticos dominios. Al señor Nixon, don Ricardo, le habían configurado dos discursos diferentes: uno por si el triunfo y otro por si el fracaso.

¿America first?

Paco de Domingo

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