23 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Lucio Séneca

Sobre los "Diarios de Azaña"

Les aseguro que es un placer (tanto o más que fumarse  aquellos cigarrillos que me fumaba cuando fumaba hace ya una eternidad) encerrarse con los tomacos de los "Diarios de Azaña", el hombre de la República, todo un fin de semana y releer las sibilinas, vinagrosas y bellas páginas que escribe entre col y col.

Reconozco, y no me extraña, que Don Miguel (de Unamuno se entiende) dijera aquello de "Ojo con Azaña, que con tal de que lo lean es capaz de hacer una Revolución", porque es verdad. "Don Manuel" (Azaña, por supuesto) escribe como los ángeles (o sea, como el otro Don Miguel de la literatura española, el Cervantes del "Quijote", Don Juan Valera o Don José Martínez Ruiz "Azorín") pero destila malaleche, desprecio, envidia encubierta, resentimiento  (tanto que Marañón se inspiró en él para poner en pie su "Teoría del Resentimiento") y ambición. ¡Pobre Don Niceto, el blanco predilecto de sus dardos venenosos!...

Bueno, pues, por curiosidad, ayer quise saber cómo había celebrado el primer aniversario del 14 de Abril de  1.931  y esto es lo que leí y lo que puede leer el lector que se atreva a meterle el diente a las 972 páginas del Tomo IV:

14 de abril y días siguientes

"Estos días han sido de mucho trajín por las fiestas del primer aniversario de la República. El 14 hubo gran desfile militar en la Castellana. Se hablaba de complot monárquico para asesinarnos. Yo fui a buscar al Presidente a Palacio, y en el mismo coche descubierto nos dirigimos a la Castellana. Hacía mucho calor, y de ir descubierto tuve dolor de cabeza. Muchísima gente, ruidosas ovaciones. El pueblo está bien.

Por la noche di en la Presidencia un banquete a las autoridades y al Gobierno, seguido de recepción y concierto. La presencia, terminadas ya las obras de restauración y decorado que he dirigido personalmente, ha quedado muy elegante y bien puesta. He traído tapices del Pardo, muebles y arañas de la Granja y Riofrío, y algunos cuadros. Además he hecho construir otros y fabricar alfombras copiadas de las antiguas. Ahora ya se puede recibir allí sin sonrojarse. ¡Cómo lo tenían todo! Ahora ha gustado mucho. El que mejor encuentra que el Estado se instale con decoro es Largo Caballero.

Al banquete asistió el Gobierno y Besteiro, y los ex ministros Lerroux y Nicoláu. Estamos ahora muy de punta con Lerroux, y su presencia ha llamado la atención. Para el concierto llevé a la Orquesta Filarmónica. Había mucho público, todo oficial y bastante mal educado. Durante la primera parte del concierto hablaban a media voz; el general Goded y otros estuvieron todo el tiempo de chau-chau. Durante el descanso les hice comprender que se debían callar o irse a otro salón, y el resto del concierto transcurrió en silencio.

Lerroux se fue pronto, porque tenía que ir a inaugurar el Círculo y allí nos puso verdes.
                                                            
Hemos asistido en el estadio a un partido de rugby entre un equipo de la Zona francesa marroquí y un equipo español. Los nuestros son unos aprendices y han perdido... Desde allí fui a la plaza de toros, donde había una fiesta de bailes regionales para la tropa de la guarnición.

Ese mismo día fuimos a cenar a la legación de Noruega; el comedor decorado en negro, parecía la cámara de un muerto: sobre la mesa ardían cuatro cirios. El ministro, señor Bogla, es bobo, y de lo más desafecto a la República, aunque no tanto como su colega el sueco. Después de la comida, García Kohly me habló otra vez  de su asunto electoral, que no hay por donde cogerlo. Y el ministro de Polonia me contó, para halagarme, que según le ha referido la duquesa de San Carlos, el rey me admira; asegura que también él hubiera querido hacer lo que yo estoy haciendo en el ejército.

(A propósito de esto, algunas gentes dicen por ahí que todo cuanto llevo legislado o decretado en cuestiones militares, me lo encontré preparado en un cajón del despacho del ministerio.)

Estuve en la fiesta del Círculo de Bellas Artes, muy contra mi gusto, porque la sociedad es, en general, antirrepublicana; pero el Presidente había aceptado la invitación del Círculo y tuve que ir a acompañarlo. Esa noche cené en la embajada de Alemania, y desde allí se trasladó casi toda la concurrencia al Círculo. Enorme gentío. Nos refugiamos en un ala del horrible salón de baile. Allí encontré al Presidente, y al séquito oficial. Lerroux hacía los honores de la casa. Bromeando acerca de si se bailaba o no, dijo, con segunda intención, que "no es un danzante". A todos nos había parecido  mal que el Presidente fuese al Círculo y estábamos deseando que se marchase. El buen señor se encontraba allí muy a gusto, al parecer, y costó no poco trabajo inducirle a que se retirase pronto.
                                                                       *
Circulan rumores tremebundos sobre la situación en Andalucía. Lo menos que dicen es que van a quemar la cosecha; nada menos. Y los que ponen en circulación esas noticias y planes, por si a los revolucionarios no se les había ocurrido, son los propietarios mismos, que están muertos de miedo. Lo más probable es que el peligro de perder la cosecha, que es fabulosa, venga de la huelga, sostenida para alcanzar mayores jornales. En Consejo hemos examinado la situación. Aprobarás las bases de trabajo, habrá que  hacerlas cumplir, y si se hacen los remolones estoy dispuesto a decretar la  movilización general en Andalucía.

Se ha estrenado en Madrid "La Corona" . No he podido ir más que a dos ensayos. Imposible hacer entender a Alfonso Muñoz el monólogo del tercer acto, ni el modo de decirlo. Por suerte, he conseguido que el actor encargado del papel de Aurelio se entere de que no es un personaje bufo, sino completamente serio, aunque inteligente. La Xirgu no tiene bastante resuello para su papel, y lo rebaja de tono, tirando a lo lacrimoso. Todos ponen la mejor voluntad, pero no llegan. Yo creo que no se enteran de lo que dicen. La obra la harían bien actores franceses, que están enseñados a dar valor a las palabras.

La segunda vez que fui al ensayo, por la tarde, cuando me disponía a tomar el coche en el ministerio, me llamó por teléfono el director de seguridad y me preguntó si no me sería lo mismo desistir de ir al Español a tal hora (las tres y media de la tarde). Me sorprendió la pregunta, pedí explicaciones y me dijo algunas medias palabras misteriosas. Comprendí que se trataba de mi seguridad personal, y lo eche a broma. "¡Hombre!", le dije, "si ya saben ustedes que me esperan para asesinarme en la puerta del teatro, fácil será impedirlo." Añadí que no tenía otro momento disponible, y que iría. "¡Bueno, bueno!, contestó Menéndez. Fui al Español, y claro, no pasó nada.

Después han detenido a un tal Lahoz, que rondaba el teatro aquella tarde, y está en turbia relación, que nadie sabrá aclarar, con gentes de la derecha.

"La Corona" ha gustado más que en Barcelona; los dos primeros actos han gustado muchísimo, y el que más, el segundo. Esto se debe a que es el más fácil de hacer. No me consintieron ver el estreno desde un palco, para que no ocurriera lo que en Barcelona, que el público no atendió a la obra. Y me sacaron al escenario al concluir el acto segundo. Aplaudieron muchísimo. Claro: los periódicos de la caverna dicen que el teatro estaba lleno de diputados de la mayoría.

Como ven ni la Xirgú, la diva de las divas del teatro español, la musa de Federico García Lorca, se salva del veneno de Don Manuel.  A pesar de ello YA ME GUSTARÍA A MÍ  QUE HUBIESE ALGUNOS AZAÑAS en la España de hoy.

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