21 de abril de 2024
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Máximo González

España tiene un color especial

/ Local nocturno en Madrid.

Emulando a la canción que cantan 'Los del Río', “Sevilla tiene un color especial…” (aunque los autores de la letra de dicha canción son César Cadaval, de los Morancos y Miguel Ángel Magüesin), se puede escribir la sensación que dejan algunas manifestaciones de algunos y algunas de nuestros políticos y políticas que en más de una ocasión deberían decirse así mismos y mismas: “¡Tierra trágame por la metedura de pata que he tenido al decir lo que he dicho!”

España, desde el reinado de Felipe II y del que se creó el dicho: “El imperio en el que nunca se pone el sol”, siempre ha sido diferente; muy diferente a muchos otros pueblos de nuestro alrededor; ha sido un país invadido, defensor e invasor y colonizador como tantos otros a lo largo de la historia, pero también expansivo en cuanto a exportar cultura y respeto hacia los demás con sus luces y sus sombras por supuesto, pero grande, libre y diferente a lo largo de su formación como nación unida con sudor y lágrimas con el paso de los tiempos.

Muchos han sido los retos que ha tenido que vivir nuestra nación a lo largo de su historia, aunque al final y tras muchas luchas internas pudo llegar a una democracia plena conseguida a base de cesiones mutuas por distintas ideologías políticas de sus representantes que, cansados ya de tanto retraso mundial como nación en el exterior y en particular de sus habitantes ante la falta de formación, libertades y derechos, dejaron atrás sus rencillas y rencores y miraron con visión de futuro y con generosidad, por el bien general de todas las generaciones posteriores, sin pensar solo en sí mismos y en el mantenimiento del poder.

Ahora resulta que los logros conseguidos a base de luchas sociales previas a la Transición, están quedando a un lado y atrás por la imposición interesada de nuestros gobernantes actuales, muchos de ellos carentes de la suficiente formación y experiencia para dirigir una “empresa de tanto volumen” como es nuestro país, intentando cambiar no solo el espíritu, sino las reglas del juego de nuestra Constitución. Para ello, están eliminando los debates imprescindibles para contrastar ideas y buscar soluciones ante muchos problemas y favorecer la alternancia en el poder, y lo que es peor, intentando cambiar nuestras costumbres, nuestras tradiciones, nuestros valores y nuestro afán de superación por crecer personal y profesionalmente, queriendo someternos con exiguas prestaciones por un puñado de votos, e impidiendo y/o no favoreciendo el emprendimiento empresarial imprescindible para la creación de empleo y el sostenimiento de las pensiones futuras a base del esfuerzo.

Las ocurrencias en política ya se sabe lo que son: populismos y desviaciones de la atención hacia otras cosas para no seguir hablando y/o debatiendo sobre lo actual y más relevante en importancia; son “balones de oxígeno” para quien suelta la primicia y desenmascaramiento en general de los “auxiliados”. España tiene un enorme problema con el empleo y, sobre todo, juvenil y ello se está disfrazando y mucho con la cantidad de contratos “fijos discontinuos” que ni el propio gobierno es capaz de decir a cuántos trabajadores afecta, ni cuántos son en número y claro, las cifras del paro se van más o menos manteniendo y/o maquillando pero nada explican de la precariedad de los trabajadores, ni de los tipos de contrato, ni de cuántos contratos parciales debe tener un trabajador en un mes para poder completar un sueldo digno del cual poder vivir.

Nadie se preocupa de la calidad de la alimentación de las familias españolas, ni de la temperatura de sus hogares, ni de los impagos de gastos imprescindibles en el día a día de una familia por la falta de recursos económicos como la hipoteca, el alquiler, los seguros, los gastos escolares, etc, etc; ¿Dónde están las soluciones a los problemas diarios de los ciudadanos?; ¿quién se ocupa de ellos, si, cada día que pasa, más gente está necesitada de profesionales como psicólogos, psiquiatras, fisioterapeutas, dietistas y hasta confesores en las iglesias?

Hemos pasado de tener que oír de la boca de algunos ministros y ministras que nos han gobernado y gobiernan que comamos menos carne y menos lácteos, provocando un daño al sector cárnico y lácteo en su momento, a la ley y huelga de los juguetes, provocando el hazmereír de una gran mayoría de los sectores y ciudadanos, por supuesto gastando un buen dinerito en anuncios y desarrollos publicitarios, a oír ahora la conveniencia de que la hostelería cierre a la una de la madrugada sus establecimientos, ya que aparentemente no son horas para trabajar ni cenar, y con el fin de parecernos a Europa.

Y digo yo, que ya tengo canas y algo de experiencia de la vida: Cuando yo era joven, viajé solo con mi mochila por Europa con Inter Rail durante tres veranos y uno más con 18 años a un campo de trabajo en Francia junto con otros tantos chicos y chicas de muy diferentes países a levantar un centro social de un pueblecito de nuestra vecina nación llamado Saint Cheff , gratis y a cambio de comida y cama; un pueblecito muy unido y solidario, por cierto, por un bien común.

Cuento esto porque yo he vivido en mis propias carnes lo que son los horarios de países de Europa, sus comidas, sus hábitos, su clima, su hospitalidad, su libertad, su compromiso y como no, su poder adquisitivo, el aprovechamiento de sus recursos y como no y también, la defensa de los intereses de sus países por los propios ciudadanos de cada lugar. He viajado muchas horas en tren, de un país a otro y he tenido mucho tiempo para pensar en muchas cosas; para comparar muchas cosas y para descubrir muchas cosas y poder opinar ahora de lo que estoy opinando y puedo decir claramente, como tantos españoles que viajan por el mundo, que como el carácter español, no hay otro igual. 

Aquí, ahorramos poco, pero vivimos y nos tomamos unas cañitas casi a diario; aquí, tenemos poco, pero no paramos de salir y disfrutar de nuestros amigos, nuestra familia, nuestro sol, nuestras playas y nuestras montañas. Si no tenemos o no nos podemos permitir salir mucho, tenemos también la “mala” costumbre de endeudarnos para aun viviendo por encima de nuestras posibilidades muchas veces, no dejar de ir al pueblo, a la playa, a la montaña, a la piscina, o al bar de la esquina y cuando no se tiene que madrugar, no se tiene hora para marcharse hasta el cierre del establecimiento y al final y como dice el refrán español: “¡Que nos quiten lo bailao!”

Nos gustan el fútbol y los toros, y no porque Franco lo usara como medida de distracción y/o persuasión en determinados momentos; hace ya casi 50 años que ya no vive y a los españoles no nos han quitado la ilusión ni del fútbol, ni de los toros, ni de las procesiones de Semana Santa, ni de las Navidades ni de la Noche de Reyes, etc.

Somos felices así. Con lo que hemos heredado de nuestros mayores; eso que nos han enseñado: el trabajo, el respeto y el esfuerzo para conseguir algo mejor en el futuro. Ya desde 1967 y con motivo del boom turístico que había llegado a España, las playas de Benidorm por ejemplo, se llenaban de turistas suecos y suecas ante el slogan de aquélla época que no era ni más ni menos que el de: “¡Spain is Different!”, impulsado por Manuel Fraga Iribarne en 1960 y como ministro de Información y Turismo del Gobierno de Franco.

En ese año de 1967, 17.858.555 turistas entre extranjeros y españoles retornados, visitaron nuestro país, haciendo con ello que España se convirtiera en una potencia turística al hacer reclamos con lo típico de nuestro país, que eran ni más ni menos que mujeres con vestidos flamencos y abanicos sobre caballos y acompañadas de vistosos hombres en pantalón corto. Y, desde esa época, las familias españolas empezaron a experimentar lo que era el poder disfrutar de unas merecidas vacaciones, haciendo lo posible por tenerlas en compañía de sus familias, ahorrando durante el año lo necesario para ello y también luchando por intentar invertir en algún pisito de la playa la mayoría de las veces y a los cuales poder ir año tras año.

A los extranjeros les encanta venir a nuestro país un poco por todo esto y como no, por estos largos horarios que tiene nuestra hostelería; ¿Cómo no le va a gustar a un turista alemán por ejemplo, que desde las 6 de la tarde no sale de su casa a diario y se acuesta antes de que los españoles no hayamos empezado ni a cenar? ¿Cómo no les va a gustar disfrutar de una terraza o una sobremesa que el propio empresario del establecimiento hotelero necesita tener abierta para que su cliente consuma más y le ayude a pagar con ello los sueldos de sus trabajadores, los impuestos a la Administración y algo le quede para él para sobrevivir?

Quiero recordar ahora por ejemplo cuando en la época de la pandemia, muchos franceses y de otros países y lugares de España, se cogían un avión y se venían a Madrid a tomarse unas cervezas cuando el estupendo control y gestión de la Comunidad permitió que esto fuera posible, manteniendo abierta la hostelería y con ello muchos puestos de trabajo.

Ahora se teletrabaja mucho y se necesita salir a la calle; no puede estar uno encerrado todo el día en su casa; no es muy saludable; se sale a pasear, a correr, al gimnasio, al cine, al teatro, a los conciertos, etc. Y ya de paso, se sale a cenar o a picotear y tomar algo y debido a los horarios de estos sitios culturales, la hostelería se adapta a sus clientes potenciales que son en definitiva quienes marcan las pautas y si no solo a los nacionales les gusta sino a los extranjeros esta forma de vivir, no debemos desperdiciar su inversión en nuestro país.

Por todo lo expuesto anteriormente, señores políticos y señoras políticas, antes de proponer soluciones “extravagantes e irreales”, piensen un poquito más las cosas antes de decirlas porque la realidad siempre supera a la ficción y más vale un establecimiento hostelero abierto aunque sea tarde y con unos trabajadores (cotizantes en activo) en sus puestos de trabajo, que no unos establecimientos hosteleros cerrados a unos horas impropias en nuestro país provocando con ello la eliminación de empleos tan necesarios en estos momentos para no aumentar las cifras del paro que a nadie conviene.

Quien trabaja de noche, es consciente de su rol, cobra por ello y lo tiene asumido. Y, aunque la conciliación familiar es sumamente importante, no todo el mundo puede tener unos horarios a la carta; hay determinados trabajos que hay que hacer y para los descansos de cada uno, están los cambios de turnos, los estímulos económicos y la elección libre de otras alternativas laborales. No nos quiten por favor y haciendo honor a una canción de Ray Heredia, “La Alegría de vivir”, pues hay muchísimas cosas y muchísimo más importantes y trascendentes de las que ocuparse por el bien de todos, que no la de coartar los horarios de los restaurantes que es algo privado, libre y productivo para el país, siempre y cuando y por supuesto, no se moleste a los demás.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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