16 de noviembre de 2019
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Eva Milla

Eyob vive en la calle y nadie puede evitarlo

Algunos menores del Centro de Hortaleza.
Algunos menores del Centro de Hortaleza.

Eyob es un niño maravilloso que recientemente ha cumplido 15 años, y se encuentra escapado de su casa desde hace más de 20 días. No está desaparecido por lo que no se puede poner una denuncia por desaparición. Está en riesgo porque es un menor que vive en la calle, pero los padres no pueden manejarlo. No hay autoridad que pueda obligar a Eyob a volver a casa aun siendo menor. 

Lo han encontrado 4 veces, y cada vez que les llaman de la comisaría para ir a buscarlo vuelve a escaparse apenas sale del cuartel de turno, ante la mirada perpleja de los padres y la incapacidad policial para detenerle. “Nada podemos hacer”, se les dice a los padres una y otra vez. No se le puede retener porque no ha cometido ningún delito. Tan solo se puede poner en conocimiento de Fiscalía que aun no ha podido actuar para sacar a Eyob de la calle. 

Los padres no duermen y amanecen cada día con la esperanza de que alguien detenga a su pequeño y lo saque de las fauces de las calles en las que Eyob está viviendo entre personas que no le corresponden, haciendo cosas que no debe y probando sustancias perniciosas que le dañan.

Nada se puede hacer, porque Eyob ha decidido que no quiere vivir con sus padres y el sistema hace aguas para ayudar a que este hijo menor de edad esté en casa o recluido a salvo de su propia adolescencia. 

Suni y Cesar son los padres de Eyob, y la última estrategia que les han recomendado es poner a su hijo en situación de abandono firmando un papel donde renuncian a él, con todo el dolor de su alma, para ver si es posible que cuando lo detengan sea retenido y tutelado por la Comunidad de Madrid hasta que el mundo recupere su cordura y alguien obligue a su hijo a estar a salvo. 

Tras la firma de la dolorosa renuncia, asisten  atónitos al espectáculo del Centro de Menores de Hortaleza, digno de cualquier país tercermundista, sin perjuicio ni menosprecio de los grandes profesionales que hay dentro que hacen milagros cada minuto con los escasos recursos que les conceden. En régimen abierto su hijo está mas tiempo en la calle que dentro, teniendo comida y refugio para seguir saliéndose con la suya, inconsciente de que asiste a su propia destrucción porque es un niño. Un niño que hay que guiar, obligar, tutelar, educar y proteger, le guste o no y que ahora la Comunidad de Madrid, permite vivir a su antojo. 

El Centro de menores de Hortaleza.

¿Cómo es posible que tengamos un sistema que respete la voluntad del menor hasta ese punto?, ¿cómo es posible que la Policía no esté autorizada a llevarlo al internado que dicten los padres?, a pesar del coste que supone para ellos, conscientes de que es el único sitio donde su hijo puede estar bien y del que no podrá escaparse hasta que no le den el alta los profesionales de la salud y educadores que lo atienden. 

Eyob no está en situación de desamparo, tiene unos padres que le quieren y no pueden protegerlo de si mismo. Qué doloroso para estos padres ver como su hijo de 15 años se aleja caminando en una dirección y a una velocidad que ellos no pueden alcanzar para retenerlo, a los pies de la Comisaría donde ha sido entregado tras la denuncia interpuesta de forma permanente por escapado. 

Y la única respuesta es “no estamos autorizados a trasladarle a ningún sitio”.  Eyob tiene plaza en un centro de menores cuyo elevado coste pagan los padres pero no han sido capaces de que nadie obligue a su hijo a estar allí. Los padres de Eyob, tienen otra hija que llora cada día la ausencia de un  hermano que no vuelve y que se pierde. Los abuelos de Eyob sufren en silencio que saquen a su nieto de la calle para que no siga drogándose.

Amor incondicional

No es un niño sin rostro, es un niño al que sus padres han criado con mimo exquisito y amor incondicional. Al que han intentado educar trasmitiéndole todos los valores morales que un padre puede trasmitir. La mejor educación, la mejor crianza, el mejor futuro. Pero el niño es un niño y prefiere correr aventuras en la calle con otros colegas que como él también son menores y no pueden o no quieren estar con sus familiares, ante la mirada impasible de una sociedad que lo consiente y les deja pulular sin dirección protegiéndolos con una ley que los agrede. 

Los adultos son responsables de los menores. Los padres son responsables de sus hijos, pongamos cordura y obliguemos a los niños a ser pequeños y respetar lo que los adultos manden, para tener ciudadanos responsables en el futuro. 

Hagamos algo para despertar de esta pesadilla cuyo escenario bien podría ser de un país tercermundista.  Eyob podría ser el hijo de cualquiera, el hermano de alguien, el nieto de otros. Es un niño perdido, no geográficamente sino humanamente perdido, y nadie ayuda a esos padres que se acuestan cada día pensando que cierran la puerta de noche y fuera queda su hijo, ¡ojo! su hijo menor, que a penas tiene edad para dejar de soñar con Peter Pan y Campanilla y está jugando a ser mayor entre menores resabiados.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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