16 de octubre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Coladas

"Tampoco es novedosa la periódica deflagración de la tierra en La Palma. Una enorme desgracia que suele repetir estruendo, destrozos y colada volcánica".

En los últimos meses nos hemos visto sorprendidos por una serie de agresiones naturales, que no suponen novedad en estas fechas, pero sí su pertinaz reiteración. En la memoria colectiva quedó la terrible inundación que provocó el río Turia en la ciudad de Valencia durante la madrugada del 13 al 14 de octubre de 1957. Tampoco es novedosa la periódica deflagración de la tierra en La Palma. Una enorme desgracia que suele repetir estruendo, destrozos y colada volcánica. Para los palmeros más veteranos no ha supuesto una sorpresa, sin embargo, no deja de ser tremenda la retahíla de consecuencias que arrastra olvidar dónde estamos ubicados.

Las grandes riadas de los últimos años, casi siempre, han causado destrozos en los senderos naturales por donde discurre la naturaleza desde siempre. Nadie debería provocar a las fuerzas seculares de una geografía implantada. El hombre no debería retar con descaro a los regueros secos de tanta agua escondida que, periódicamente, regresa para reclamar el sitio que tenía reservado. Los que habitan espacios bajo la influencia telúrica deberían saber que la tierra suele desperezarse con violencia para castigar muchas osadías. Las ramblas de toda la vida tienen memoria para recoger el caudal que era suyo. A pesar de que los seres humanos han tratado de interponerse en esos caminos, pocas veces han tenido éxito, en todo caso logran encauzar invasiones y paliar tantas desgracias tradicionales. Como ejemplo, el nuevo cauce que se diseñó para el río Turia alejándolo del centro urbano.

Buscamos semejanzas para tratar de explicar el comportamiento de las sociedades, que sufren coladas ideológicas violentas destrozando la vida y el futuro de sus gentes. En nuestra historia reciente las iniciativas para encauzar esos ríos incandescentes de la tragedia desmedida han tenido relativo éxito, pues las cortapisas políticas, económicas y militares, construidas entre muchos, han podido contener la incuestionable presión del sectarismo desproporcionado.

"Las sociedades, que sufren coladas ideológicas violentas".

Han sido demasiadas desgracias las que nos trajeron esas coladas repletas de miseria moral e intransigencia. Pero los cráteres de la intolerancia, aunque parece apagados, humean periódicamente para recordarnos que el peligro latente sigue ahí. Demasiados enemigos del sistema democrático tratan de provocar el estallido social para derramar la tragedia por los senderos de la ignominia, que procuran limpiar para que esa lava sangrienta discurra con rapidez y eficacia. Es muy importante el mantenimiento riguroso y decidido de los controles que impiden el derramamiento de odio, empeñado en desbordarse.

Hay bomberos e incendiarios enfrentados aguantando el equilibrio de la convivencia, siempre en peligro de sufrir una calada dañina. Pero también, y es bueno recordarlo, podríamos observar las coladas de lo correcto, ese acopio de inteligencia y sabiduría que nos ha ido encauzando la vida entre unos muros bien armados para proteger el bien común. Con la experiencia de los sabios se confeccionan parapetos del conocimiento que impiden la contaminante ineptitud y la vil traición de los más torpes. En esos surcos de lo bueno discurre con facilidad la colada del avance científico y el magma de lo mejor que tenemos, un bagaje afianzado en muchos años de historia compartida.

No debemos ignorar, tampoco, la colada de los imbéciles, empeñados en cambiar desde la ocurrencia de cada momento lo que está asentado y contrastado. Una legión de ignorantes se empeña en cambiar idioma o costumbres tergiversando nuestro acervo cultural. Es muy importante dejar el trabajo a los ingenieros del saber para realizar transformaciones adecuadas y mejorar los cauces del entender. No es bueno permitir que cualquier chapucero ignorante se meta a picar en el tabique donde se sujeta el conocimiento, porque otras coladas infectas invadirán nuestra existencia.

La evidente falta de formación técnica de algunos operarios está arriesgando el presente. No deberíamos aducir ignorancia ni sorpresa; como en otras catástrofes periódicas conocemos por dónde suele venir el magma dañino, que arrasa todo con a su lento y perseverante paso para hacernos perder nuestra costosa estabilidad social.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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