18 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

Elsa Martínez

Gabriel es nombre de ángel

El cinco de Octubre de este año, este 2020 bisiesto que ha marcado un antes y un después en la vida de la humanidad, nació un niño, fruto del amor y de miles de horas de pensamiento. Ese pensamiento que una mujer fuerte y buena, mi amiga Valle, Ana para toda la troupe de amigos, al que pusieron GABRIEL. Este pequeño Gabriel, 45 centímetros de puro sentimiento, nació pues en plena segunda ola de esta cochina y terrible pandemia que ha revolucionado los sentidos y las costumbres de toda la vida sobre la faz de la Tierra; de una civilización milenaria y  para sumirnos en un CAOS que solo ese AMOR con mayúsculas sacará adelante. Hace meses nadie pensaba, nadie podía prevenir que esta nueva realidad, esta convulsión que ha sacudido los cimientos de cada centímetro de nuestra alma como ser humano; que ha puesto de relieve lo verdaderamente importante o que ha dejado de lado lo banal, la superficial existencia de tantos y tantos…. Hace meses, afirmo, nadie podía imaginar…  la vida parecía un rio sereno, con sus cataratas, con sus altibajos, pero dentro de una senda de largo recorrido. Y, de repente, con la rapidez de la Peste, como hace siglos arrasó la vida de nuestros antepasados, con esa misma virulencia, el COVID tomó la palabra para convertirse en el SANTA SANTORUM de cada noticia, como una profecía maldita se cernió sobre el tejado de nuestros sueños, para sacudirlos.

Como si Zeus, Dios, el Ser Supremo, desde la fuerza de Hera, la tierra y su gran realidad mitológica pero tangible en el fondo, Marte azuzó el avispero, y nos dejó literalmente TIESOS. Un tsunami que desplegó su poder omnímodo en las cabezas y cuerpos de todo ser humano, y por ende de cada día de nuestro mundo; De repente ya no había otra cosa de la que hablar. Como si una mala pesadilla el Planeta se tornó lágrimas, oscuridad y a la vez demostró, con esta gran calamidad, como en todas las grandes catástrofes, la verdadera esencia de algunos seres de luz aflora. Durante meses nos vimos encerrados, privados de derechos fundamentales en loor de una protección colectiva.

El Ser humano paso a ser su peor enemigo y la valiente y maravillosa SOCIEDAD, esa capacidad de relación que destaca a los humanos del resto de la vida terrestre, su peor pesadilla. Besar, amar, abrazar, ser social, básicamente, se convirtió en el pandemónium universal. Abandonamos, en pos de un bien mayor, todas nuestras costumbres. Y 10 meses después, una vez que por fin parece que la vacuna aterriza en el horizonte, seguimos igual. Cada día te levantas y prefieres NO ENCENDER LA TELEVISION, no ver mas que NETFLIX o series de HBO, todo menos escuchar a  una retahíla de “profetas” y maledicencentes que, de acuerdo con una protección colectiva, nos conminan a no vivir; siquiera a reptar por las sendas de la pobre existencia. Por eso, cuando ese 5 de octubre nació GABRIEL, mi querido Edu, marido de Ana y padre de esta nueva esperanza, se abrieron literalmente los chacras de la bondad, la belleza y nació un angel azul, tan azul, como el color de su corazón y tan angel como su propia existencia.

Este, el milagro de la vida, es la mayor de las curas anticovid, una vez aplicados los remedios técnicos, médicos y ahora la vacuna; el MILAGRO DE LA VIDA explica nuestra tozuda determinación por seguir adelante, nuestra identidad como seres humanos, nuestra raza universal de hombres y mujeres, nuestro deseo de permanencia, supervivencia y perpetuación en un Universo que estaba conspirando contra nosotros mismos. Ese es el verdadero motivo y causa de la Salvación Humana, y sin duda, el verdadero milagro albergado en una mujer, en su seno, en su propia esencia y en su cuerpo, el secreto de que sigamos siendo HUMANIDAD y por muchísimos años. GABRIEL, te mereces esta columna porque gracias a ti, como a otros pequeños ángeles, algunos seguimos creyendo que nada es imposible. Tal día como ese, hace veinte años, un soleado atardecer de 2000, me debatía entre gritos, en una suerte de parto peligroso en el que casi pierdo a otro angel azul. Alejandro vino para salvarme a mi de todo lo que me podía matar, de mi misma, de mis dudas, ansiedades y luchas internas. Vino para decirme que ahí afuera existía la Luz, y esas navidades fueron las más bonitas de mi vida, como cada uno de los días que sigo siendo la madre de este ser que me llena de orgullo cada vez que meso sus cabellos ensortijados de leoncito.

Y esta será la gran salvación de Ana y Edu, ese amor que todo lo siente y todo lo propicia por la sonrisa de tu angel, GABRIEL; Tanto como cada niño que nacerá todavía en estos llamados “TIEMPOS DE COVID” frente a catastrofismos cavernarios, ansias de poder y corazones oscuros. Porque ellos, este germen de vida, son el camino que, como predijo Jesus de Nazaret, un día cambiaran de una vez por todas nuestro destino y transformaran el Mundo en algo más justo y bello donde siga siendo posible vivir; FELIZ NAVIDAD, pequeño GABRIEL GUERRA ALBUJER. Tuyo es el reino de los cielos también.

 

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