24 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Esther Merino Peral

Brexit versus Grexit

Boris Johnson.
Boris Johnson.

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A estas alturas de la película, cualquiera, de cualquier rincón del mundo, por muy recóndito que sea, sabe que se trata del término que describe la manera en que Gran Bretaña se va ir de rositas sin pagar lo que debe de ayudas de los fondos económicos, además de que, encima, se le va a devolver lo que aportó al fondo común, con la propia formación de la Unión Europea (UE), lo que se conoce como “cheque Tatcher”, por el férreo rigor con el que la antigua primera ministra solía negociar con los vecinos “del continente”.

A ellos así se refería con desdén, casi con el mismo con el que la “reina virgen”, o sea Isabel I Estuardo desdeñaba al resto de europeos, lo que hizo que se conociera a los británicos como los hijos de “la pérfida Albión”, en tiempos de Felipe II.

Cuando el primer ministro, Alexis Tsipras, hace unos pocos años, propuso la salida de Grecia de la UE, por la enorme presión fiscal que asfixiaba al país heleno, la Alemania de Merkel se atrevió a plantear la enajenación o lo que eufemísticamente se conoce como embargo, de una de sus joyas del patrimonio nacional y universal, el Partenón, para pagar con su venta a los acreedores de la deuda pública, de las distintas nacionalidades que conformaban el fondo del que habían salido las ayudas para que pudieran los griegos superar varias bancarrotas consecutivas.

Devolución de los mármoles de Thomas Bruce

Éstos, no olvidaron la afrenta y hoy sabemos que entre los últimos flecos de la negociación de la salida firmada por Boris Johnson, lograron colar una exigencia fundamental para ellos: La devolución de los conocidos "mármoles de Thomas Bruce, Lord Elgin" (quien fuera embajador en Constantinopla), esto es, de buena parte de triglifos, metopas, frisos y figuras de los frontones del templo ateniense que unos años antes quisieron robarles por enésima vez a lo largo de la historia, los cuales narraban la guerra de Troya, las luchas de las temibles Amazonas, !a rebelión de los Gigantes contra los Dioses del Olimpo así como el nacimiento de Atenea de la mente de su padre Zeus y la fundación de la ciudad de la que era diosa tutelar.

En estas piezas, mucho más que artísticas puramente,se recogen visualmente las glorias de una nación que lideró la Liga Panhelénica en base a sus gestas culturales, la literatura homérica, el pensamiento, la consideración del hombre como centro del universo y la mejor de las creaciones de la Naturaleza, sus victorias impensables contra el Imperio de los persas y una filosofía política que les condujo al imperfecto sistema democrático temprano, sin embargo inasequible para las anacrónicas y monolíticas estructuras de gobierno de los imperios colindantes  de las primeras civilizaciones, mesopotámico y egipcio respectivamente.

Lo poco que se conoce de la obra original de los tiempos de Pericles –cuando Fidias coordinó la empresa decorativa- se deriva de los dibujos de Jacques Carrey, poco antes de la explosión del edificio, convertido en polvorín por los turcos en 1687. Para entonces el grupo central del frontón oriental ya había desaparecido, al transformarse en iglesia cristiana.

Melina Mercouri.

Unos años después, en 1688, el veneciano Morosini intentó llevarse los no menos famosos carros de Poseidón y Atenea, en la escena del frontón occidental, en la que se disputaban sendos dioses el trono del Ática y ya el remate vino de la mano del rapaz agente de Lord Elgin, Lusieri, quien entre 1801 y 1803, aprovechando el desconcierto de la ocupación otomana, descolgó el resto de esculturas de los frontones, de las metopas y de la maravillosa serie del friso, con el retrato colectivo de los atenienses del siglo V. a. C. Paradojas de la vida, el barco que llevaba el grueso de lo robado, terminó hundiéndose en las aguas del Mediterráneo, de manera que lo que se expone en el British no es más que una mínima parte de lo que puede considerarse como un “Grexit forzoso”.

Una de las ministras de cultura griegas más queridas y más famosas de su reciente pasado, Melina Mercuri, además de actriz de gran carácter y enérgica personalidad, justo antes de fallecer había hecho la misma petición al gobierno de Toni Blair, responsable de Downing Street por aquel entonces y quien se dirigió al Parlamento, en una alocución memorable, básicamente porque era la primera vez que los ingleses se prestaban siquiera a contestar a las constantes demandas de los griegos, desde que tales obras de arte salieron de su país de origen. En resumen, el amiguete de Aznar, se descolgó con el castizo refrán español, que reza: "Santa Rita, Rita, Rita, lo que da (o coge, que no va a estropear un buen refrán la cruel realidad) NO SE QUITA. Hala, toma derecho internacional ¡!!!!!

A lo que añadió, ya puestos, como argumento jurídico de peso, que ellos devolverían los tesoros conservados en el British Museum, cuando, por ejemplo el Louvre hiciera lo propio con los expolios de Napoleón o los americanos lo mismo con los fondos del Metropolitan (MET).....y ahí murió la petición hecha por la ministra griega, que languideció susurrando el nombre del templo más sagrado del paganismo clásico, como el Ciudadano Cane de Orson Wells lo hizo con el de su juguete de la infancia: Rosebud.

 Ahora, como decía el famoso senador Charly Wilson (el que consiguió la financiación americana para que los afganos se liberaran de la ocupación rusa): Ya se verá…si, al menos, existe una “justicia poética”.

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