28 de enero de 2020
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

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Gabriel Araceli

Memoria Histórica (XIII): “Esto ya no es la República”

Ortega, Marañón, Pérez de Ayala y Antonio Machado, como Presidente de Honor,  fundaron en febrero de 1931 la “Agrupación al Servicio de la República” (ASR). O sea, un mes justo antes de que llegara la República. A los pocos meses el gobierno republicano le nombró director del Museo del Prado y en 1932, Embajador en Londres, cargo del que dimitió en junio de 1936. Nada más llegar a Madrid se reunió con sus amigos Ortega y Marañón para saber cómo estaban las cosas después de cuatro años de ausencia… y esta fue la conversación que tuvieron los tres:

-       Ramón, siento decirte que esto ya no es la República que nosotros soñamos –dijo Ortega nada más sentarse ante un café– España se hunde y estos locos quieren traernos una dictadura del proletariado. Ya lo dije entonces y me quedé corto, “No es esto, No es esto”… No debimos apartarnos y dejarlos solos

-       ¿Y qué podemos hacer ahora? –preguntó tímidamente Pérez de Ayala.

-       ¿Ahora? –se preguntó Marañón–… ahora, rezar. Si Dios no lo remedia esto, es decir nuestra España, a no tardar mucho será un infierno… si ya se están matando unos a otros en las calles y se odian a muerte.

-       ¡La Guerra Civil!... a eso estamos abocados, ya sólo falta la chispa que incendie el polvorín –replicó Ortega.

-       ¿Y no hay ningún “cirujano de hierro” a la vista?

-       Desgraciadamente, no, porque también el Ejercito esta superdividido…

-       Bueno… –y Marañón bajó incluso el tono de su voz– por ahí se dice que hay un grupo de generales que están estudiando la fórmula para poner orden en este caos y detener el avance Comunista

-       Pero ¿y Azaña? ¿no puede hacer nada como Presidente de la República?

-       Azaña es peor que ellos –replicó Ortega– Azaña ya sólo es un títere y además, según me dicen, está hundido y desmoralizado.

-       Eso no me sorprende –intervino Pérez de Ayala–. Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a los pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco… Lo que nunca pude concebir es que hubiesen sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza. Hago una excepción. Me figuré un tiempo que Azaña era de diferente textura y tejido más noble… En octubre del 34 tuve la primera premonición de lo que verdaderamente era Azaña. Leyendo luego sus memorias del barco de guerra —tan ruines y afeminadas— me confirmé. Cuando le he visto, después de mi llegada de Londres, siendo ya Presidente de la República, me entró un escalofrío de terror al observar su espantosa degeneración mental, en el breve espacio de dos años, y adiviné que todo estaba perdido para España.

-       Pues, perdida está, perdidos estamos todos ‑dijo el Doctor Marañón

¡Ay!, pero lo peor vino días después, cuando el 13 de julio saltó la noticia del asesinato de Calvo Sotelo, porque todos se dieron cuenta que aquello era ya la Guerra Civil. Y así fue, ya que a los 5 días se sublevó parte del ejército y llegaron las bombas y los cañones.

Aquel mismo día Marañón se marchó a su “cigarral” de Toledo y Pérez de Ayala y Ortega se encerraron en sus casas, a la espera, ¡ilusa espera!, de que “aquello” sólo iba a ser un golpe de estado. Error manifiesto, de ahí que sus vidas comenzaran a correr peligro.

Y así tuvieron que afrontar la humillación a la que les sometieron, un grupo de milicianos con las armas en la mano y apuntándoles al pecho, cuando les obligaron a firmar un “Manifiesto de Adhesión al Gobierno” o morir en el acto. Manifiesto que Ortega rechazó en un primer momento y Pérez de Ayala firmó sin dudarlo (igual harían también Marañón, Menéndez Pidal y otros). Pero Pérez de Ayala esa misma tarde ya no lo dudó y organizó que sus hijos, Juan y Eduardo, se incorporasen al ejército sublevado y él mismo organizó su salida de España. Y se sabe que ya en el mes de septiembre estaba en París con su mujer, la norteamericana Mabel Rick.

Y ya en el exilio diría: “La República española ha constituido un fracaso trágico… He profesado al general Franco mi adhesión, tan invariable como indefectible. Me enorgullece y honra tener mis dos hijos sirviendo como simples Soldados en la Primera Línea del Ejército Nacional.”

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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