19 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA
Patio de columnas

Patio de columnas

José Francisco Roldán

Enemigo interior

Hay mucha gente que se asombra al ver una concentración de policías gritando y pidiendo la dimisión de su propio gobierno. No debería ser papel de los servidores públicos quejarse pública y amargamente ante lo que consideran un atropello a la actividad policial que, además, producirá una tremenda indefensión a los ciudadanos de esta España dolorida y extorsionada. Se trata de imaginar cómo redactarían los timadores el capítulo de las defraudaciones en el Código Penal. Nadie sería capaz de entender que una cuadrilla de atracadores redactara el artículo referido al robo con intimidación.

No se puede concebir tamaño despropósito, a no ser que entremos en los recovecos de la estrategia ideológica de quienes legislan para conseguir mejores resultados, llevados por ese afán desmedido buscando desestabilizar un modelo de sociedad que no les gusta. Los defensores de la democracia de nuevo cuño, que anhelan destrozar la democracia parlamentaria que conocemos en Europa, donde la gran mayoría de los españoles se sienten seguros, persisten agrietando las fortalezas del Estado de Derecho para seguir canjeando los malditos cromos de la indecencia. Los derechos y libertades de los ciudadanos deben protegerse con medidas administrativas cuando las normas penales no alcanzan conductas concretas.

No deberíamos olvidar que las multas en ese ámbito, solamente, las pagan quienes tienen de dónde hacerlo, por eso, los insolventes suelen ignorar el poder coercitivo, que resulta inútil. Cualquier defensor del orden legal establecido asume los riesgos de enfrentarse con los enemigos de la Ley. Incluso, y ocurre con demasiada frecuencia, se ve afectado por agresiones y desprecios que pueden poner en peligro su propia vida; y lo hace convencido de que está obligado a ello con todas sus consecuencias. Es como el que acude al campo de batalla sabiendo que su atacante ocupa las trincheras de enfrente y está en disposición de causarle un mal, por lo que arriesga y lucha para defender la legalidad ética en la que desarrolla su trabajo.

No podría imaginarse una quinta columna construida por sus propios responsables, quienes deberían velar por su capacitación, dirección y eficacia, dotándolos de todos los recursos posibles para lograr la victoria sobre el mal que tiene delante. En todas las contiendas sociales, además de indolentes, pueden existir traidores que facilitan las estrategias de unos enemigos emboscados y dispuestos a romper las líneas defensivas.

En muchos episodios históricos, muchas victorias se han obtenido gracias a las malas artes del enemigo interior, el que abre puertas o rinden empalizadas para superar almenas bien pertrechadas. Se han conocido actos despreciables de quienes abandonan armas para escapar y esconderse donde pueden conservar la vida y prebendas. Las policías españolas no están preparadas para enfrentarse al enemigo interior, el que forma parte de su propio gobierno, donde determinados elementos hostiles, además de esquilmar los recursos que sirven para aguantar acometidas externas, desacreditan prestigios adquiridos con una larga dedicación al servicio de los ciudadanos, reconocidos en mil ocasiones, lanzando asquerosas soflamas falsas para romper esa aureola benévola del buen hacer con innumerables ejemplos de solidaridad y sacrificio, ofrecidos por tantos profesionales generosos en su empeño y dedicación.

Y ya no se trata de perjudicar una imagen consolidada a base de propaganda perversa sino redactando normas que atentan contra el principio de autoridad y el respeto a las leyes, que redundará, si no se rectifica, en una deriva incalculable de inseguridad e incremento geométrico de altercados previsibles. Y esas consecuencias malvadas afectarán a los vecinos de cada localidad, más a quienes residan en grandes ciudades, afectadas por deficiencias en la respuesta frente a la criminalidad. Un país garantista hasta el colmo legislando para esquivar mejor a Policía y Justicia, puede verse afectado cuando estén vigentes esos desprecios a los profesionales, que no verán mejor modo de afrontarlos que cediendo eficacia en su actividad habitual para impedir cargar con la injusta represalia del enemigo interior.

El Cierre Digital no se hace responsable de las opiniones vertidas en esta sección que se hacen a título particular.

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