29 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Este martes se ha convocado una manifestación a partir de las doce de la mañana en Madrid desde el metro Iglesia hasta el Congreso de los Diputados

La guerra que Occidente olvida: La lucha étnica en Nagorno-Karabaj amenaza con subir el precio del gas en Europa

La guerra entre Armenia y Azerbaiyán ha explotado de nuevo.
La guerra entre Armenia y Azerbaiyán ha explotado de nuevo.
Azerbaiyán y Armenia combaten por la supremacía étnica en Nagorno-Karabaj, una región que pertenece a los azeríes, pero de mayoría armenia. El enfrentamiento remonta sus orígenes a los años noventa. En aquel momento, los armenios se alzaron con la victoria, constituyendo en la zona la República de Artsaj, que carece de reconocimiento internacional. Este martes se ha convocado en Madrid una manifestación por la paz para el pueblo armenio.

Durante los últimos meses, en los que el coronavirus ha monopolizado el foco de la información, un trágico conflicto bélico ha provocado el sufrimiento de miles de personas en la región del Cáucaso. Los bandos en liza son, por un lado, Azerbaiyán y, por otro lado, la no reconocida República de Artsaj, auspiciada por Armenia. De esta manera, acaba implosionando una tensión étnica que ya en el pasado generó notables problemas en la región.

Como suele suceder con este tipo de enfrentamientos, detrás de los rostros visibles de la destrucción se ocultan intereses de actores mucho más poderosos a los que poco interesa lo que suceda con la población civil, que es, en último término, la más perjudicada. Y es que las consecuencias ya se han hecho notar entre los ciudadanos, registrándose decenas de fallecidos en ambos países.

Este martes se ha convocado en Madrid una manifestación a partir de las doce de la mañana que saldrá de metro Iglesia y llegará a la Plaza de las Cortes a las 13.30 horas. "Llueva o o llueva, basta de muerte inútil, basta de ete genocidio permanente que comenzó en 1915, solo paz, mascarillas, distancia de seguridad e ilusión". Al acto ya han confirmado su asistencia Miguel Ángel Nieto y el violinista Ari Malikian.

        Cartel de la manifestación.

De acuerdo con las autoridades armenias, más de la mitad de la población de esta zona se ha visto obligada a abandonar su hogar. En su mayoría, mujeres y niños que lo han perdido todo. Paralelamente, los secesionistas armenios continúan combatiendo a los azeríes con Turquía y Rusia observando atentamente desde la sombra el curso de los acontecimientos.

La desintegración de la URSS, el origen de todo

A finales de los años 80 y principios de los 90 el mundo atendía atónito a la descomposición de un gigante que, desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, había liderado al bloque comunista en la llamada Guerra Fría contra Estados Unidos y sus aliados occidentales, la Unión Soviética (URSS). Como consecuencia de esta disgregación, surgieron infinidad de nuevas naciones en el este de Europa y Asia Central.

La región de Nagorno-Karabaj, que en su día cedió Stalin a Azerbaiyán, llevaba tiempo sumida en tensiones raciales pues, pese a pertenecer de iure al país azerí, la mayoría de su población era y es de origen armenio. Ya una década antes del canto de cisne de la URSS, los armenios habían iniciado varias reivindicaciones secesionistas auspiciadas por gran parte de la población.

Boris Yeltsin fue el primer presidente de la Rusia independiente tras la caída de la URSS.

Con el poder soviético en claro retroceso, comenzó una escalada de tensión que se materializó en terribles “limpiezas” étnicas pergeñadas por los dos contendientes y miles de refugiados que huían del conflicto. Pese a los esfuerzos azeríes, el bando armenio se acabó imponiendo militarmente, e incluso llegó a conquistar parte del territorio de Azerbaiyán.

En estas circunstancias, y con Rusia ejerciendo como agente mediador, los armenios de Nagorno Karabaj se constituyeron como república independiente bajo el nombre de República de Artsaj. Sin embargo, el territorio no recibió reconocimiento internacional alguno. Ni siquiera por parte de Armenia. Con lo cual, oficialmente Nagorno Karabaj sigue perteneciendo a Azerbaiyán. Sea como fuere, desde entonces ha reinado una frágil paz que se ha visto quebrada recientemente.

Una tregua que amenaza con romperse

La reanudación de los combates en la zona comenzó el pasado 27 de septiembre, momento en que las autoridades armenias anunciaron que los azeríes habían lanzado misiles sobre asentamientos pacíficos. Desde entonces, las escaramuzas y bombardeos han sido una constante en la vida de los civiles de ambos países. Azeríes y armenios se acusan mutuamente de la responsabilidad de la situación y, del mismo modo, aportan datos “oficiales” de fallecidos y heridos por el conflicto que poco o nada se parecen entre sí.

El sábado pasado, gracias a la intermediación de Rusia, se alcanzó un alto el fuego momentáneo para intercambiar detenidos y devolver los cadáveres de los fallecidos. Sin embargo, tanto el Ejecutivo armenio como el azerí han señalado que su rival ha incumplido los términos de la tregua. En este sentido, los azeríes han denunciado un ataque armenio en la ciudad de Ganja que habría provocado nueve fallecidos y los armenios han hecho lo propio sosteniendo que Azerbaiyán ha atacado recientemente Hadrut, dejando también varios muertos tras de sí.

El resto de implicados contiene la respiración

El norte de la región de Nagorno Karabaj constituye una zona de paso fundamental para las rutas petrolíferas y gasoductos que nutren a los países europeos. Aunque estas las controlan en su mayoría empresas anglosajonas, ciertamente la mayoría desembocan en Turquía, el primer puerto mediterráneo que enlaza Asia con Europa. Por tanto, teniendo en cuenta el viraje expansionista del Gobierno del presidente de este país, Tayyip Erdogan, el conflicto entre armenios y azeríes podría desencadenar otras fuerzas de mayor peligro para las grandes naciones europeas.

Erdogan y Putin dirigen dos de los países con más interés en el conflicto, Turquía y Rusia respectivamente.

La cuestión se complica aún más teniendo en cuenta que los turcos arrastran una larga historia de enemistad con los armenios, materializada en episodios trágicos como el genocidio armenio de 1915, en plena Primera Guerra Mundial. Además, Turquía es una reconocida aliada de Azerbaiyán, nación con la que comparte ideario religioso y de la que es próxima en términos étnicos.

Por su parte, Rusia, sobre papel, es aliada de Armenia, nación suscrita al Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que obligaría al Gobierno de Putin a prestarle apoyo militar, eso sí, en caso de que su propio territorio fuera atacado, algo que, por el momento, no ha sucedido. Paralelamente, ambos bandos están haciendo uso de armas rusas. En lo que concierne a la posición del resto de agentes internacionales, la Unión Europea (UE) ha mantenido hasta la fecha un perfil bajo respecto del conflicto, una posición que también ha adoptado Irán.

La diáspora de Armenia

El conflicto con Azerbaiyán no es el único al que los armenios han tenido que hacer frente a lo largo de su historia. Como se ha mencionado, el genocidio armenio que aconteció durante la Primera Guerra Mundial es probablemente el momento de recuerdo más infausto para este pueblo. En aquel momento, los armenios que tuvieron que salir del país se contaban por miles.

Huyendo de su patria natal, se refugiaron en numerosos puntos del globo, desperdigándose fundamentalmente por Europa oriental y Oriente Medio en lo que se ha conocido como la diáspora armenia. De hecho, en Armenia únicamente reside un 30% de los integrantes de este pueblo. Este dato no deja de ser paradójico si tenemos en cuenta que los armenios constituyen una de las poblaciones más antiguas del mundo, habiendo sido mencionados en mapas con varios miles de años de antigüedad.

El violinista Ara Malikian es de origen libanés, pero de ascendencia armenia.

La diáspora ha diseminado a grandes personalidades de ascendencia armenia que han nacido y crecido en otros países. Entre los casos más conocidos, destacan los del cantante francés Charles Aznavour y el músico libanés Ara Malikián. Ahora, esta nueva guerra en Nagorno-Karabaj vuelve a obligar al pueblo armenio a buscar una salida al terror, aumentando el número de refugiados cada día. Habrá que ver si las grandes instituciones internacionales se deciden a realizar una intervención decidida en la zona que vaya más allá que la mera condena de las atrocidades cometidas.

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