25 de febrero de 2020
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FIN DE SEMANA

La desaparición de este trabajador gallego pone en evidencia un protocolo que afecta a cuatro mil personas cuyos restos permanecen sin reconocer

El caso de Juan Carlos Gil Vila: Diez días sin identificar en un depósito de cadáveres

Juan Carlos Gil Vila junto a la madrina de su hijo
Juan Carlos Gil Vila junto a la madrina de su hijo
El presidente de SOSDesaparecidos, Joaquín Amills, ha afirmado para elcierredigital.com que el protocolo debería mejorarse para que no vuelvan a pasar situaciones como la del escayolista pontevedrés, ya que puede darse el caso como ha ocurrido de que se tarde hasta diez días en comunicárselo a la familia del desparecido. El caso más exagerado fue el de Raúl Casero, a quien su familia no pudo encontrar hasta pasados diez años y medio. Estaba muerto y enterrado en una fosa común sin identificar.

El caso de Juan Carlos Gil Vila ha puesto en jaque al protocolo de identificación de cadáveres y ha recordado a otros como el de Raúl Casero del Amo o Paloma Cerdán, en los que sus familiares vivieron durante años una desesperada búsqueda para enterarse finalmente que habían muerto al día siguiente de desaparecer.

El presidente de la asociación SOSDesaparecidos, Joaquín Amills, ha afirmado para elcierredigital.com que el protocolo de identificación de cadáveres y la posterior comunicación a los familiares debería mejorar para que no pasen casos como el de Juan Carlos, un hombre que llevaba ya muerto desde el día de su desaparición.

Juan Carlos Gil Vila, escayolista de profesión, tenía 47 años, era originario de Redondela (Pontevedra) y estaba trabajando en el barrio madrileño de Coslada. El hombre desapareció el 5 de octubre y su mujer, Begoña, no pone la denuncia hasta el día 8 a eso de las 16:00 de la tarde, como confirma para este medio Amills. De hecho, ella confirmó a este medio que tuvo que poner la denuncia en la comisaría de Vigo, porque no pudo ponerla en Madrid.

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El presidente de SOSDesaparicidos, Joaquín Amills

A Juan Carlos le había dado un infarto después de que un compañero le dejara cerca del portal de su casa situado en la calle Mequinenza, en el barrio madrileño de Canillejas. Una mujer encontró el cadáver del hombre el 6 de octubre, por lo que fue llevado al Instituto Anatómico Forense para que su identificación.

Al encontrarse sin documentación, se analizaron sus huellas, un proceso que dura dos días. Pero, debido a que “al día hay 90 denuncias” en las que hay que registrar las huellas, como explica Amills, la familia no pudo enterarse del fallecimiento de Juan Carlos hasta el día 16, diez días después de que fueses encontrado su cadáver.

Un protocolo que se podría mejorar

En España hay 4.000 cuerpos sin identificar todavía, en los que algunos son solo restos óseos. Según el presidente de SOSDesaparecidos, el protocolo debería mejorar ya que todos los datos no están volcados en la base de datos de cadáveres. Además, depende del Ministerio de Justicia, de la legislatura y en ocasiones de los ayuntamientos.

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Juan Carlos junto a su mujer Begoña

En caso de no poder constatar las huellas dactilares, hay que recurrir al ADN que, después de analizarse, la identificación puede tardar de un día a tres meses. A veces depende de lo mediático que sea el caso, por ejemplo, Diana Quer, que el análisis de su ADN tardó en realizarse 24 horas.

Joaquín Amills, ha recalcado para este diario, que están haciendo todo lo posible para que mejore el protocolo. Intentarán que el plazo máximo desde que empieza la identificación hasta la notificación de la familia sea de entre 15 a 20 días.

Casos de Raúl Casero y Paloma Cerdán

El caso más extremo fue el de Raúl Casero del Amo. Este joven de 26 años desapareció el 6 de octubre de 2001. Su familia tardó once años en encontrarlo. Todo aquello puso en evidencia el sistema de identificación. Raúl había sido atropellado en la circunvalación de la autovía M-40 de Madrid, en una curva con la velocidad limitada a 80 kilómetros por hora. La víctima iba indocumentada y después de pasar cuatro meses en el Instituto Anatómico Forense, sin ser reclamado por sus familiares, el titular del juzgado número 11 ordenó su entierro en una fosa común del cementerio de Carabanchel.

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Foto de Raúl Casero del Amo

La familia luchó durante casi once años en la búsqueda de Raúl en las que pusieron denuncias en varias comisarías de Policía de Madrid. Fue la Guardia Civil, la que en 2012 le dijo a la familia del joven desaparecido en 2001 que había sido atropellado el mismo día en el que se le perdió el rastro. Las administraciones no cruzaron los datos, una negligencia que se cobró una década de angustia para los familiares de Raúl.

Otro caso similar fue el de Paloma Cerdán. Su familia la estuvo buscando durante tres años, mientras que la Policía la había encontrado muerta el mismo día de su desaparición. Su cuerpo fue encontrado sin vida en el Parque de la Dehesa de la Villa, situado en el barrio madrileño de Ciudad Universitaria. Sierra López, la madre de esta auxiliar de enfermería de 25 años, estuvo buscando a su hija desde 2007 hasta 2010.

Marta, la hermana de Paloma, decía en una entrevista en el año 2010: “hemos tenido ilusión de encontrarla hasta el final, nunca pierdes la esperanza. Que haya muerto hace tanto tiempo sin nosotros saberlo, es doloroso. La herida ha estado abierta”.

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Sierra López con una foto de su hija, Paloma Cerdán

Desde 2009, Policía y Guardia Civil mantienen una base de datos con información genética que ha ayudado a resolver el 92 por ciento de los casos que se producen en España. Sin embargo, hay sumarios que se vuelven un misterio y las familias deciden recurrir a otros medios para encontrar las respuestas que los agentes no pueden darles.

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