04 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Corinna Larsen compara al Rey Emérito con el dictador del Este y saca de nuevo a la luz las maniobras orquestadas por los servicios secretos españoles

Las relaciones de Juan Carlos I y Ceaucescu: La 'Operación Andóval' del CESID para recuperar cintas comprometedoras en Rumanía

Juan Carlos I y Ceaucescu.
Juan Carlos I y Ceaucescu.
En su conversación con el excomisario Villarejo, Corinna Larsen hizo una comparación entre el Rey Emérito y un dictador del siglo XX. “A Juan Carlos le obsesionan el oro, los diamantes y los relojes, es como Ceaucescu”, asegura la alemana. Lo cierto es que ambos líderes tuvieron una estrecha relación, al igual que con otros políticos españoles y en 1990 el CESID montó una operación para recuperar unas cintas de video comprometedoras que estaban en poder del dictador, se llamó Operación Andóval.

“A Juan Carlos le obsesionan el oro, los diamantes y los relojes, es como Ceaucescu”. Con estas palabras, Corinna Larsen establecía una comparación entre Juan Carlos I y el que fuera dictador temible de Rumanía en sus conversaciones grabadas con el excomisario José Manuel Villarejo.

No sabemos si Corinna utilizó la comparación entre el dictador rumano y el que fuera Jefe de Estado español con una doble intención, pero lo cierto es que a lo largo del tiempo Ceaucescu y Juan Carlos I tuvieron una importante relación. El país de los Cárpatos jugó un papel interesante en los años de la Transición en España. Aunque las relaciones diplomáticas no se retomaron de forma oficial hasta enero de 1977, siendo el primer embajador español en Rumanía José Carlos González, ya durante la dictadura de Franco había una relación establecida entre ambos regímenes de carácter comercial. De hecho, incluso figuras señeras de la época como Sara Montiel y Camilo José Cela visitaron Bucarest de forma semioficial e incluso se entrevistaban, sabiéndolo los líderes del régimen de Franco, con Santiago Carrillo, permanente invitado de Ceaucescu en Rumanía.

El dictador rumano tuvo mucha influencia en el devenir político del postfranquismo y esto pasaba inevitablemente por el heredero a título de Rey del dictador: Juan Carlos de Borbón. La relación entre el hoy Rey Emérito y Ceaucescu se remonta a 1971 cuando, el entonces Príncipe de España, se encontró con el líder rumano en la pantagruélica celebración de Persépolis que en Irán organizaron el Sha Mohammed Reza Pahlevi y su esposa Farah Diba. Desde el principio parecieron encajar bien. En tal ostentosa celebración Ceauscescu se presentó como un comunista ‘occidentalizado’ que había roto la hegemonía de Moscú.

Sabedor de la buena relación del rumano con Santiago Carrillo, Juan Carlos de Borbón pensó que éste podría ser un buen hilo conductor para pedir paciencia al líder del Partido Comunista Español en el proceso de recuperación de la democracia. En 1975 cuando se intuía el final de la vida del dictador, el entonces príncipe Juan Carlos envió a Bucarest a uno de sus hombres de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, para entrevistarse con el líder rumano.

Ceaucescu en su visita oficial a España en 1979 con Santiago Carillo y Enrique Tierno Galván. 

Su misión era trasmitir un mensaje sencillo y claro, que recomendara a Santiago Carillo no oponerse a la monarquía para facilitar las cosas. “Carrillo no moverá un dedo hasta que seáis Rey. Después habrá que concertar un plazo, no demasiado largo, para que se efectiva vuestra promesa de legalización”, respondió el dictador rumano al emisario real. Pero no fue el único político español que recibiría el dictador en Bucarest, tal y como contaremos en posteriores artículos.

Años después el propio monarca le contaría a su biógrafo José Luis de Vilallonga el viaje de su amigo a la Rumanía comunista. En El Rey (Plaza y Janés, 1993) le da al relato un toque de aventura de espías: “Lo encerraron durante dos días en una especia de entresuelo, donde sólo a través de un ventanuco con un par de barrotes. El ventanuco se encontraba a la altura de la acera, y nuestro amigo veía pasar los pies de los transeúntes que, demasiadas veces para su gusto, estaban calzados con botas militares, lo cual le hizo pensar que le habían encerrado en un cuartel. El pobre lo pasó muy mal, pues en aquel país y en aquella época, ya sabes. […] ‘Hubo momento en que creía que no volvería a ver mi patria ni a mi familia’, me confesó más tarde”.

La Operación Andóval y espías bailando La Lambada

Tras la caída de Ceaucescu entre los Servicios Secretos de los países occidentales comenzó un particular nerviosismo. Todos eran conocedores de la afición de Ceaucescu a grabar en vídeo a políticos que visitaban el país. Se sabía que la Securitate, el servicio de inteligencia rumano, tenía en su poder cintas de alto contenido erótico de varios líderes políticos y grandes empresarios incluidos algunos españoles. Todos ellos habían ido de caza a Rumanía.

Emilio Alonso Manglano al frente del CESID, hoy CNI, decidió ponerse manos a la obra y envió al país a un curioso personaje del mundo del espionaje en España Juan Alberto Perote, que entonces era el jefe de operaciones del CESID. Se trataba de capturar cintas comprometedoras para la seguridad del Estado español, con importantes personajes protagonizándolas.

La portada de la revista 'Tiempo' que lo destapo todo. 

Fernando Rueda en La Casa (Temas de Hoy, 1995) cuenta como Perote fletó un grupo de cuatro personas para viajar al país donde había reinado Ceaucescu. Se trataba de cuatro jóvenes: Dos hombres pertenecientes en la Guardia Civil y dos mujeres. Uno de los chicos viajaba con la excusa de estudiar sociología en Bucarest. Otros iban como una pareja en viaje privado. Perote como un miembro del Ministerio de Asuntos Exteriores que visitaba con interés profesional un país que, en mayo de 1990, se enfrentaba a los primeros comicios libres en muchas décadas.

El propio exespía relata su viaje a la Rumanía post-Ceaucescu en su libro Confesiones de un espía (1999): “En mayo de 1990 participé en Washington en un intercambio de información entre el CESID y el FBI y, al regresar a Madrid, tuve que salir zumbando para Rumanía. Manglano me quería allí para dirigir sobre el terreno la Operación Andóval, consistente en el doble de un agente de Securitate, el servicio externo del depuesto régimen comunista.

[…] Las guerras de poder entre anticomunistas y neocomunistas seguían en pie. En realidad, no se sabía quién de ellos había dirigido el golpe ni quién mandaba. Los ajustes de cuentas, las tradiciones y las delaciones estaban a la orden del día. En medio de todo ello seguían los de siempre, la temible Securitate. Uno de sus oficiales, al que llamábamos Andóval, venía siendo desde hacía tiempo el objetivo de nuestra misión.

Nuestro hombre del CESID en la Embajada de España había contactado con él en plena revolución e intentaba doblarle. Andóval estaba en condiciones de ofrecernos la red de espías y confidentes del Este que tanto en España como en otros países aliados se acababan de quedar huérfanos. A cambio, nos pedía algo muy simple: dinero para comprarse un Mercedes en Austria. Aquel hombre se convertía también en la llave para llegar a otros compañeros suyos dispuestos a entrar en ese mercadeo”.

Juan Alberto Perote, exjefe de Operaciones del Cesid.

Sin embargo, la operación que Perote narra casi como un paseo en barca y sin especiales riesgos, pronto encontraría dificultades: "Tres equipos completos [de la AOME] entraron en Rumanía en coche y por diferentes fronteras. Yo, como en otras ocasiones, llegué en avión y con pasaporte diplomático con el fin de introducir con más facilidad el material técnico que mis hombres iban a necesitar.

Nuestros puntos de contacto eran la media docena de iglesias coptas que hay en Bucarest. Debido a que el número de agentes desplegados era importante, nos reuníamos en pequeños grupos en cualquiera de ella, camuflados entre los turistas que la visitaban. Cada punto de contacto estaba identificado con un número y una hora. En el primero de ellos entregué el material al jefe del Grupo y éste me dio novedades.

Desde ese momento, Andóval se convirtió en el hombre más espiado de Rumanía. No sólo vigilábamos sus movimientos, sino que además intentábamos garantizar que no fuera seguido por sus propios compañeros. Sus entradas y salidas del trabajo, sus vecinos, su familia, sus amigos, su coche, un destartalado Renault 12 azul y su propio domicilio, fueron objeto del más minucioso examen. Sólo nos faltó entrar en la Seguritate”.

No les hizo falta esa excursión al corazón de los servicios secretos rumanos ya que Andóval les hizo entrega de la información que buscaban previo pago de su importe, siempre según Perote, que, además, filmó la entrega para evitar cambios de decisión futuros o traiciones de Andóval. Sin embargo, algo debió suceder en esos trepidantes días ya que la excursión de Perote acabó en la portada de la revista Tiempo que entonces dirigía José Oneto.

Juan Carlos I y Ceaucescu.

Según Fernando Rueda en su libro La Casa lo que ocurrió es que los jóvenes de la troup de Perote intentaron camelarse a periodistas desplazados a Bucarest que con la excusa de las elecciones en realidad buscaban la filmoteca X de Ceaucescu.

Fue, Alfonso Chinchilla secretario de la embajada española quien invitó a Perote y sus jóvenes acompañantes a una fiesta en su casa tras llamar la atención de los periodistas bailando de forma erótica una canción de moda en la época La Lambada. Siguiendo el relato de Rueda los periodistas descubrieron pronto la torpeza de los acompañantes de Perote y sospecharon rápidamente de ellos. Finalmente, el viaje de los enviados del CESID acabó en la portada del citado semanario del Grupo Zeta bajo el título Altos cargos chantajeados por sus orgías. El antetítulo también era especialmente gráfico: “Un comando del CESID intenta recuperar vídeos comprometedores en el Este”.

La versión de Perote varía con respecto a la de Fernando Rueda. Según él ya habían conseguido la información sensible gracias a Andóval y el día 24 de mayo, efectivamente, Chinchilla les invitó a una fiesta con periodistas destacados en la capital rumana para cubrir las primeras elecciones tras la larga dictadura. Perote afirma que ni hubo baile sensual ni mucho menos intentos de seducción por parte de sus chicos para conseguir información. Según Perote, Chinchilla informó a los periodistas de quién era él y el corresponsal de Tiempo le preguntó que si era verdad que estaba en la ciudad buscando los vídeos porno de Ceaucescu y si era cierto que entre los personajes grabados se encontraba Santiago Carrillo. Perote lo confirmó al periodista y la información acabó en portada para cabreo de Perote, Alonso Manglano, Carrillo y otros altos e importantes personajes del poder a los que se apuntaba como involuntarios protagonistas de videoclips de alta temperatura.

Un territorio, la Rumania del temible Ceaucescu en el que tanto Juan Carlos I como los nombres del poder en España se movieron como pez en el agua al menos durante un tiempo en el que iban de cacería y a hacer negocios a este país del Este. Elcierredigital.com contará estas relaciones en próximas informaciones.

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