17 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

El atropello en la Castellana por el Conde de Gamazo con su todoterreno le partió la nariz, pero le dio dinero para comprar Los Ángeles de San Rafael

El chatarrero se forra: las claves de cómo Jesús Gil y Gil amasó su gran fortuna gracias a un accidente (II)

Boda de Jesús Gil con Mari Ángeles Marín.
Boda de Jesús Gil con Mari Ángeles Marín.
Terminada su etapa estudiantil Jesús Gil y Gil se instala en el Madrid de los primeros años cincuenta y comienza a hacer negocios con la chatarra llegando a asociarse con la Barreiros. Un accidente de tráfico le otorgó el dinero suficiente para poder empezar con sus inversiones. Pronto dio el salto también al mercado inmobiliario y a la compraventa de terrenos. En esos años también conocerá a la mujer de su vida Mari Ángeles Marín que le alejará de su madre y mentora, 'la Guadalupe'.

La ambición de Gregorio Jesús Gil se centraba en el mundo de los negocios, donde auguraba gran facilidad por ganar dinero al precio que fuera. Tal vez, la situación geográfica de su pensión de estudiante en Madrid, en la calle Montera número 38, encima del cine del mismo nombre, le hiciera aprender los modos con que se puede ganar dinero en la vida.

El primer trabajo de Gil fue a las órdenes de un primo suyo en línea paterna, Bernardo García Gil, que regentaba un negocio de desguace y compraventa de repuestos en el número 9 del castizo paseo de Santa María de la Cabeza, Repuestos Hespería. Allí, Jesús Gil comienza a masar sus primeros ahorrillos, pero también surgen fuertes discrepancias personales con su primo Bernardo. La situación fue tan tensa que la separación no tardó más de seis meses en producirse. “Fue el primer y último hombre el que trabajé”, comentó Gil en alguna ocasión.

Tras esta temporada con su primo, alquila, ya iniciada la década de los cincuenta, un garaje situado en la calle Povedilla, número 5. En el madrileño barrio de Salamanca. El propietario le exigió una renta de siete mil pesetas cuando lo normal rondaba la mitad de dicha cuantía. Gil preveía pingües ganancias con la explotación del garaje y, viendo que no podía hacer frente a la renta mensual, reclamó la ayuda de su madre, quien pidió prestada la cantidad de mil pesetas a un conocido suyo de Soria, el adinerado Gonzalo Ruiz.

Eduardo Barreiros. 

Tras hacerse cargo del local, Gil conoce a un avispado empresario valenciano que amasaba fortunas vendiendo toneladas de naranjas a comerciantes británicos, que se las permutaban por camiones de la marca Leyland. El valenciano colocaba estos camiones en España, reportándole el trueque grandes beneficios. Gil se huele el montante de la operación, y comienza a ayudarle en este negocio vendiendo los camiones a clientes suyos del garaje de Povedilla. Gregorio Jesús actuaba de comisionista, con lo que lograba altas comisiones, unas 40.000 pesetas de entonces por cada operación.

Los beneficios fueron tales, que abre otro garaje localizado en la Avenida Ciudad de Barcelona, número 41, que primero alquila y luego compra. Los negocios de Gil no se detuvieron aquí, y así entró en contacto con la poderosa familia Barreiros para quedarse con los viejos vehículos de esta histórica marca camionera de España. Gil arreglaba los camiones y después los ponía de nuevo en circulación, vendiéndolos al mejor postor. En cinco meses compró más de 400 vehículos a la firma MOSA, distribuidora de los camiones Barreiros.

Gil empezaba a crear su propio emporio con tan sólo veinte años. Su codicia por el dinero le hizo una noche dormir en su pensión madrileña de la calla de Montera encima de 160.000 pesetas y junto a 22 prostitutas. La patrona de la pensión, doña Sabina, no da fe de lo del espectáculo monetario-humano que se presentaba ante sus ojos.

Millonario por accidente

Corría un día del año 1954, cuando Gil atravesaba el centro de Madrid a bordo de una motocicleta comprada con sus primeros ahorros. En un cruce de calles del Paseo de la Castellana, muy cerca de la plaza de Colón, un Land Rover se atravesaba en su camino causándole un grave accidente.

Juan Antonio Gamazo, Conde de Gamazo. 

El conductor del todoterreno resultó ser el conde de Gamazo, Juan Antonio Gamazo y Abarca, un personaje de la nobleza española cuyo nombre salió a la luz pública años más tarde al ser relacionado con el conocido ‘caso Polizón’, sobre evasión de divisas. El accidente sufrido por Gil se intentó silenciar, ya que, según su madre, el conde de Gamazo viajaba acompañado en ese momento por la esposa de un conocido diplomático.

A resultas del percance, Jesús, con 21 años, salió muy mal parado. Sangraba a borbotones y llevaba el rostro desfigurado. Dada la espectacularidad del encontronazo, el Gil fue internado en un sanatorio de la calle Fernando el Santo, de Madrid, centro hospitalario regentado por monjas de la congregación del Carmelo.

Gil fue atendido en el sanatorio por el doctor Mariano Zúmel, amigo personal del conde de Gamazo y personaje muy popular dentro del mundo de los toros, donde era con conocida su amistad con Domingo Ortega. El rostro de Gil había sufrido tal impacto que el doctor Zúmel no tuvo más remedio que dirigirse a su madre diciéndole: “Señora, tráigame una foto de su hijo porque lo aquí tengo es un monstruo”.

El conde de Gamazo, acudió a visitar a Gil al sanatorio, y le pagó 25.000 pesetas para evitar la publicidad del asunto. Cuando los oficiales del juzgado se presentaron ante Gil para diligenciar el atestado del asunto, éste firmó unos documentos en los que descargaba de cualquier culpa al aristócrata. Gil no debía estar más de quince días en el sanatorio, para así evitar problemas con la justicia por lo que pasó a recuperarse a su pensión madrileña de la calle de la Montera, y más tarde en su pueblo, Burgo de Osma (Soria).

Jesús Gil el día de su boda con Mari Ángeles Marín en 1961. 

Gil supo invertir bien este dinero. La segunda mitad de los cincuenta fue su época dorada al introducirse en el sector inmobiliario con la compraventa de terrenos.

Entra una nueva mujer en su vida, Mari Ángeles Marín

A principios de los sesenta, Gil encontró en su camino una mujer, pero los requisitos maternos de estabilidad y posición no se reunían en la que un día pasaría a ser su esposa, María de los Ángeles Marín Cobo. La chica era toledana, nacida en Madridejos en 1940, y de origen muy humilde. Su madre fue empleada de hogar en casa de un familiar, tras la muerte de su padre. Gil conoció a su futura esposa y se sintió “deslumbrado” por su belleza. ‘La leoparda’ como era conocida, era una mujer llamativa, de fuerte complexión y mucha fachada.

La madre de Gil nunca admitió esta relación, pero Jesús apostó por ella. Se casaron el 10 de enero de 1961. El primer hijo de este matrimonio, Jesús, nació el 6 de agosto de ese mismo año. En total tendrían cuatro hijos. Mari Ángeles pasó a tener una gran influencia sobre su marido en detrimento de la madre de este ‘la Gadalupe’, que pasó a ocupar un segundo plano en la vida del futuro alcalde de Marbella.

Con una familia propia que mantener, Jesús Gil siguió su carrera empresarial y empezó a planear su proyecto más megalómano: crear su propia ciudad. En 1965 adquirió una finca, el carrascal, rústica de 310 hectárea, enclavada en los términos de El Espinar y Vegas de Matute, en la provincia de Segovia. Esta extensa finca era propiedad de la hermana del Duque del Infantado. Por ella, Gil pagó a la aristócrata la cantidad de 30 millones de pesetas.

Dueño ya de la finca rústica, Gil comenzó a hacerse con el dominio de predios colindantes, que le permitieron alcanzar la extensión de 693 hectáreas. De esta manera nacía su sueño, el complejo urbanístico residencial Los Ángeles de San Rafael, una ciudad ideada para 21.000 personas en plena sierra de Guadarrama.

La ambición y osadía del faraón Gil y Gil habría de tener un precio muy alto que pagar: el 15 de junio de 1969, morirían por su negligencia cincuenta y ocho personas.

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