16 de julio de 2019
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FIN DE SEMANA

La joven viguesa fue asesinada en 2002 y ahora puede reabrirse el caso y conducir a la captura del culpable

Nuevos testigos y pruebas pueden llevar hasta el asesino de Déborah Fernández 17 años después de su muerte

Déborah Fernández tenía 22 años cuando fue asesinada.
Déborah Fernández tenía 22 años cuando fue asesinada.
La familia de Déborah Fernández no ha dejado de luchar desde su asesinato en 2002 para descubrir quien asesinó a esta joven viguesa cuando regresaba a su casa de hacer footing. Han pasado 17 años de aquel crimen, pero ahora nuevos testigos y pruebas realizadas pueden conducir a la policía hasta su asesino.

El 30 de abril de 2002 era un día normal para Déborah Fernández, fue a clase de Diseño Gráfico, pero salió antes porque se sentía mal. Déborah, viguesa de 22 años, se fue desde clase a su casa en la avenida Atlántida de Alcabre y a mediodía acudió a la peluquería. Después de comer, por la tarde, salió a correr por la playa de Samil, se encontró con su prima e hicieron juntas parte del recorrido, a la altura del puente de Langares se despidió de ella, le dijo que no iba a salir aquella noche, que iba a alquilar "Amelie" en el videoclub.

A las nueve menos cuarto de la noche fue vista por última vez en la zona de Alcabre, cuando un conocido se cruzó con ella, a 500 metros de su casa. Diez días más tarde, el 10 de mayo, una vecina, Adelaida, que paseaba a su perro por O Rosal, encontró su cuerpo, a más de 40 kilómetros de Vigo. La joven estaba a tres metros del arcén de la carretera, desnuda y medio tapada con ramas de acacia, acostada de lado, con piernas y brazos flexionados. Depositaron el cuerpo con cuidado, con mimo, porque no había señales de arrastre del cadáver sobre el suelo.

Rosa Fernández, hermana de Déborah, lleva 17 años pidiendo justicia.

La autopsia desveló que la joven había muerto entre seis y nueve días antes, incluso el mismo día de su desaparición. Cuando murió estaba vestida y así estuvo al menos durante doce horas después de su muerte. Luego desnudaron su cuerpo y lo lavaron. Los informes también arrojaron que Déborah permaneció en un lugar frío y oscuro, quizás una cámara frigorífica o un sótano, hasta que fue depositada en la cuneta por su presunto asesino o un cómplice.

El cuerpo no tenía signos de violencia ni de agresión sexual. La hipótesis más fiable fue la muerte por sofocación con un objeto blando, que no habría dejado signos violentos. Junto al cadáver se dejaron pistas falsas, como un preservativo usado, un pañuelo de papel y un cordón verde bajo el cuerpo. También se hallaron restos de semen y ADN, que parecían pruebas fiables para encontrar al autor. Durante años los investigadores siguieron estas pistas que luego resultaron ser falsas, se hicieron cientos de pruebas, entre ellos al principal sospechoso. Pero no se consiguieron resultados positivos.

Los investigadores finalmente descubrieron que la escena era ficticia, un escenario montado para hacer creer en el móvil sexual. El autor incluso introdujo semen artificialmente en la vagina de la joven, ya muerta. Los forenses determinaron que esa es la única explicación a que se conservara ese fluido diez días después del fallecimiento. Hasta cinco grupos policiales de trabajo pasaron por el caso.

Nuevas pruebas, caso reabierto

Ahora, 17 años después, nuevos testimonios y nuevas pruebas han dado esperanzas a la familia. Rosa Fernández, hermana de Déborah, explica que "hemos dado toda la información recabada durante años a la Policía, que podrá llegar más lejos de lo que llegamos nosotros. Ahora hay un taxista que dice haber visto a mi hermana subir a un coche, pero después resulta que no recuerda nada".

Entierro de Déborah en el año 2002.

De momento, la Policía ya ha comenzado a interrogar a este testigo y otros que "vieron a mi hermana 15 minutos más tarde que la declaración del último testigo a siete u ocho kilómetros del último lugar con gente que la identificó perfectamente". Otro testigo vio a Déborah en actitud de espera, caminando por el mismo sitio. La Policía buscó en su entorno más cercano y apuntó siempre en la misma dirección, pero no pudieron probar absolutamente nada. Una nueva prueba científica puede terminar de demostrar la culpabilidad de alguien de quien se sospecha todavía.

Ocho años después del asesinato, el inspector Luis Muñoz, que trabajó a las órdenes del comisario Ángel Galán, se hizo cargo del caso y se empeñó en su resolución. Apuntó cuatro hipótesis en un informe conocido como Operación Arcano y fechado en 2010, quedando la última como más evidente. Déborah habría coincidido aquel día con alguien muy cercano. La Policía sospecha que el autor se construyó una rápida coartada apareciendo en lugares públicos, para que no lo relacionasen con la chica y se las ingenió para dejar rastros falsos que, como finalmente ocurrió, entorpeciesen las pesquisas e hiciesen perder el tiempo a la Policía. Este sospechoso llegó incluso a ser interrogado en comisaría.

El comisario jubilado Ángel Galán tomó personalmente declaración a este hombre, que negó haber hablado por teléfono con la chica ese día, pero las investigaciones sí demostraron que lo había hecho al mediodía de ese mismo día cuando ella estaba en la peluquería y que en su recorrido habitual en coche pasaba por el lugar donde se vio a Déborah por última vez. Sin embargo, mantuvo que aquel día, precisamente, había tomado otro camino diferente. Pese a toda la investigación no se pudo acusar del crimen a nadie.

El asesino continúa libre. Incluso con la detención del Chicle, presunto asesino de Diana Quer se especuló con la posibilidad de abrir esa vía, pero quedó descartada tras la aparición de estos nuevos testimonios.

Agradecimiento de la familia

Mientras, la familia se reunirá el aniversario de la desaparición de Déborah para agradecer a la sociedad y a los medios de comunicación su apoyo para reabrir el caso, cerrado judicialmente en falso en 2010, así "el 30 de abril haremos un homenaje a mi hermana y vendrán músicos, artistas, poetas, raperos... será en La Puerta del Sol viguesa a las ocho de la tarde", explica Rosa a elcierredigital.com.

El objetivo de la familia es que "la justicia se imponga y se descubra al asesino de mi hermana, esto nos ha costado mucho tiempo de lucha, investigación por nuestra cuenta y algunos disgustos, a mi padre le dio un ictus hace 20 días. Queremos cerrar esta etapa y pasar página", añade Rosa. Más de 220.000 personas apoyaron a la familia a través de una petición en change.org para pedir su reapertura judicial, firmas que no llegaron a ser presentadas porque llegó antes la reapertura policial del caso.

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