20 de octubre de 2019
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FIN DE SEMANA

Desde 1979 ha pasado por muchas cárceles pero nunca ha dejado de delinquir, este jueves se sienta en el banquillo por las dos violaciones de La Paz

La historia criminal de Pedro Luis Gallego, el violador del ascensor que se enfrenta de nuevo a 96 años de cárcel

Pedro Luis Gallego cuando salió de la cárcel en 2013.
Pedro Luis Gallego cuando salió de la cárcel en 2013.
Pedro Luis Gallego se enfrentará a partir del jueves a una pena de 96 años de prisión. Ya acumula a sus espaldas dos asesinatos, otras nueve violaciones y varios intentos frustrados más. Durante los últimos 43 años ha atemorizada a las mujeres jóvenes, incluso menores de edad, de Castilla y León y de Madrid, donde cometió las dos violaciones y otros dos intentos por los que se le juzga ahora. Su carrera delictiva comenzó en 1976.

Pedro Luis Gallego, el violador del ascensor o violador de La Paz, nació en la ciudad de Valladolid, el 13 de noviembre de 1957. Gallego estudió en un colegio religioso de la ciudad pucelana y realizó Formación Profesional de Mecánica, allí aprendió a arreglar ascensores.  Como mecánico de ascensores lograba entrar en los portales para violar a sus víctimas.

En 1976, con apenas 19 años se convirtió en el depredador sexual que atemorizó las viviendas de Castilla y León primero y de Madrid después. Todo durante cuarenta año. Pisó la cárcel por vez primera en  junio de 1979 y en 1981 y 1982, recién excarcelado comenzó a acumular condenas por abusos deshonestos. En 1983  ingresó de nuevo en la cárcel de Valladolid y aquel año fue juzgado porque obligó a un preso a masturbarle.

Imagen que tenía en 2017 Pedro Luis Gallego.

En 1985 aprovechó unas vacaciones en Alicante para violar a una turista belga y poco después fue juzgado en Palencia por un robo y un delito de abusos deshonestos. En 1987 lo condenaron a 10 años de cárcel por violación.  Cumplió solo cinco, la mitad, ya que redimió la mitad de la pena por estudios, que consistían en sacarse el título de la ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria).

En 1992 ya estaba suelto, en Valladolid, buscando una victima y se cruzó con Marta Obregón Rodríguez, 22 años y estudiante de Periodismo. Un camionero la encontró en Villagonzalo Pedernales, un pequeño pueblo cerca de Burgos. Era un frío 27 de enero de 1992 y la joven había sido violada y cosida a puñaladas.

Nueve violaciones y dos frustradas

Su carrera criminal no paró ahí, Pedro Gallego cometería otras cinco violaciones y dos agresiones sexuales en Valladolid y otras tres violaciones en Salamanca antes de ser detenido.

Entre abril y julio de 1992 cometió nueve violaciones y lo intentó en otras dos ocasiones. Su modus operandi era el mismo, esperaba a sus víctimas en el ascensor de los edificios. Su última víctima del siglo XX fue Leticia Lebrato. El 19 de julio la joven de 17 años se encontraba veraneando de la localidad vallisoletana de Viana de Cega. Su cuerpo apareció asesinada en un pinar cercano a Boecillo, a 16 kilómetros de Valladolid. Había sido violada y había recibido numerosos golpes en la cabeza, así como once puñaladas, una de los cuales le ocasionó la muerte, al perforarle un pulmón.

 El 27 de julio del mismo año huyó a tiros cuando iba a ser detenido por la Policía, en Medina del Campo. Robó una furgoneta y escapó, pero fue detenido por una docena de agentes de paisano en la oficina de Correos de La Coruña en noviembre de 1992.

Pedro Luis Gallego detenido en 1992.

Para condenarlo fueron fundamentales las pruebas de ADN. Apenas admitió haber asesinado a Leticia Lebrato, pero ninguna violación. Entre sus posibles víctimas, una niña de seis años, Laura Domingo Alonso, cuyo rastro se perdió en Burgos el 8 de abril de 1991 y que fue encontrada muerta en La Majada el 28 de abril de 1991. El cadáver no presentaba signos de violencia sexual, pero nunca se pudo probar su implicación.

Durante el juicio por el asesinato de Leticia Lebrato, en junio de 1994, el fiscal pidió 24 años de cárcel. Pedro Gallego Fernández se declaró inocente y acusó a un desconocido instructor de entonces, Manuel García Castellón, de haberle engañado para que firmase su implicación a cambio de enviarle a un centro psiquiátrico.

La joven Leticia Lebrato.

La familia de Leticia Lebrato también tuvo dudas de que Gallego hubiese cometido el crimen en solitario, puesto que el cuerpo de Leticia había sido apuñalado con un machete, pero también con un estilete y Paloma Rodríguez, entonces pareja sentimental de Gallego, reconoció haber estado en ese lugar en esas fechas, pero no se pudo probar su implicación.

Pedro Luis Gallego fue condenado a 328 años de cárcel y seis de destierro de Valladolid en total por dos asesinatos, dieciocho violaciones, tres tentativas, un tiroteo con la policía, tenencia ilícita de armas y robo con intimidación.

Paso ejemplar por las cárceles

Fue ingresado en la prisión de Herrera de La Mancha y, luego fue trasladado a Teixeiro, en La Coruña. Su paso por varias cárceles españolas fueron ejemplares, como suele ocurrir con este tipo de criminales y pudo aprovecharse del antiguo código penal. Su puesta en libertad quedó fijada en 2022, en aplicación de la doctrina Parot. Es decir, 30 años de cárcel, la máxima pena establecida. Pero Estrasburgo derogó la doctrina Parot y la Audiencia Provincial de Burgos, donde había recurrido el preso, resolvió por unanimidad su excarcelación inmediata. Por lo tanto, Pedro Luis Gallego Fernández, que en por entonces se encontraba recluido en la prisión de Alcalá Meco, fue puesto en libertad el jueves 14 de noviembre de 2013.

Marta Obregón, segunda víctima de Gallego.

Cuando salió de la cárcel se tapaba la cara con un pasamontañas, gafas de sol negras y una gorra.  Lejos de redimirse, arrepentirse y comenzar una nueva vida. Pedro Luis Gallego fue detenido el 15 de junio de 2017 en su domicilio de Segovia, donde vivía. Se le acusa de sembrar el pánico en la zona del hospital madrileño de La Paz donde realizó cuatro agresiones sexuales, dos de ellas consumadas y otras dos en grado de tentativa.  En esta ocasión secuestraba a su víctimas a punta de pistola en la calle Arzobispo Morcillo, del distrito de Fuencarral, en Madrid, y las llevaba a otro lugar para agredirlas sexualmente. 

Había cambiado su aspecto físico, se había rapado el pelo al cero y quitado la barba. Su modus operandi también había cambiado.  Se instaló en la calle Dámaso Alonso, a las afueras de Segovia, en un bajo alquilado en la urbanización Nueva Segovia, donde le visitaba con frecuencia su novia, algo más joven que él. De manera curiosa, en el mismo edificio vivían varios policías, guardias civiles y bomberos. Había llegado allí en 2015, huyendo del pueblo de Honcalada, a las afueras de Valladolid, donde vivía con su hermana hasta que los vecinos comenzaron a hacer pintadas de protesta contra su presencia allí.

Casa del violador en Segovia.

A comienzos de 2017, en enero el violador intentó secuestrar a una joven a punta de pistola, pero ésta logró huir gracias a la presencia de algunos testigos. Peor suerte tuvo su segunda víctima, a la que logró introducir a punta de pistola en su coche, la llevó hasta Segovia y alló la violó en cinco ocasiones. Luego la duchó para no dejar rastro de su ADN y la trajo de nuevo a Madrid con los ojos vendados.

Semana Santa de 2017

En abril de 2017 volvió a actuar, de madrugada, Gallego abordó en las inmediaciones del hopital madrileño de La Paz a una mujer joven, sus victimas tenían entonces entre 19 y 24 años, y logró meterla en el coche a golpes de pistola en la cabeza, pero en esta ocasión la víctima logró huir corriendo.

El último delito lo cometió el 14 de abril cuando secuestró a una mujer en su coche, le puso unas bridas en las manos y cinta de pintor en los ojos. Luego la llevó a una gasolinera en Las Rozas (Madrid) donde la violó.

Después la llevó a su casa en Segovía y allí la forzó durante otras seis horas, después la duchó, limpió sus restos y la llevó a Madrid donde la dejó en la calle. Los medios de comunicación lo bautizaron como el violador de La Paz, por ser el lugar donde cometía sus crímenes.

Dos inspectoras de la UDAF de la Policía Nacional, Irene Niño y Esther Pulido, lo detuvieron el 14 de junio de 2017, tras una exhaustiva investigación. Una de sus víctimas logró reconocerlo en el juzgado, que decretó su ingreso en prisión. Veinte agentes de la UDAF y Policía Científica lograron acumular cientos de pruebas contra él.

Pedro Gallego en 2013.

 

Dos años más tarde, en junio de 2019, cuando se enteró de que el Fiscal pedía 96 años de cárcel para él intentó suicidarse ingiriendo barbitúricos en su prisión de Herrera de la Mancha, no consiguiéndolo. Desde entonces, Instituciones Penitenciarias le aplica un protocolo antisuicidios, que consiste en ser vigilado contínuamente desde una mampara y estar acompañado de un preso de confianza.

Este jueves comenzará el juicio en la Audiencia Provincial de Madrid y al menos en esta ocasión sabemos que el monstruo, que ahora tiene 61 años, no anda suelto.

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