18 de agosto de 2022
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FIN DE SEMANA

La familia de Isidre y Dolors, desaparecidos en 1988 del Hospital San Juan de Dios de Manresa, convoca una concentración para que se les siga buscando

El caso de los hermanos Orrit podría reabrirse 33 años después de su desaparición tras las recientes pistas

Isidro y Dolores Orrit.
Isidro y Dolores Orrit.
La misteriosa desaparición de los hermanos Isidre y Dolors Orrit en la madrugada del 4 de septiembre de 1988 del Hospital San Juan de Dios, en Manresa, sigue sin respuestas. Desde entonces, su familia no ha cesado la búsqueda y a pesar de una investigación insuficiente, el relato de un nuevo testigo podría ahora aportar luz a un suceso que lleva más de tres décadas sin respuesta. La familia ha convocado para este domingo una concentración en Manresa para apoyar la reapertura del caso.

La familia de dos de los hermanos Orrit, desaparecidos en la madrugada del 4 de septiembre de 1988 en el hospital Sant Joan de Déu de Manresa, ha vuelto a convocar una concentración ciudadana para hacer realidad la reapertura del caso. Después de más de 33 años de que Isidre y Dolors Orrit, de cinco y 17 años, se esfumaran de la habitación 229 del hospital sin dejar rastro, sus allegados reivindican que se continúe con su investigación.

Mari Carmen Orrit, como portavoz del grupo familiar que incluye a María, la madre que denunció desde el primer momento el rapto de sus dos hijos más pequeños, ha decidido mantener la búsqueda más allá de la prescripción del posible delito en 2018. Con el respaldo jurídico de la abogada y criminalista Iciar Iriondo, los Orrit demandan a la justicia la reapertura del caso incorporando a las investigaciones el testimonio surgido recientemente a raíz de la difusión del caso en el programa de televisión Viva la vida.

A través de un comunicado, la familia Orrit hace un llamamiento a todo el que apoye su solicitud de reapertura del caso y ha convocado una concentración para el 9 de enero en la Plaza de las Cuatro Barras de la Balconada, en Manresa, a las 12 de la mañana.

Una desconcertante desaparición

En la noche del 4 de septiembre de 1988, Dolors, de 17 años, cuidaba en una habitación de hospital de su hermano, ingresado por unas úlceras que le habían aparecido en la boca a consecuencia de una reacción alérgica a la penicilina. Ambos tenían que haber dormido juntos, pero a las siete de la mañana del día siguiente la habitación estaba vacía. En el lugar, tan solo la ropa de Isidre, de cinco años, y las gafas, aparentemente de Dolors.

La madre denunció la desaparición en comisaría 24 horas después. Se peinaron los alrededores del hospital, barrancos, bosques cercanos. También se usaron perros guía para seguir su rastro, que se acababa a las puertas de las Urgencias. Se barajaron entonces varias hipótesis, desde el accidente hasta que los menores se hubieran suicidado por problemas familiares. La hermanos Orrit, quince en total y de origen muy humilde, habían afrontado hacía tan solo dos meses la muerte de su padre. Sin embargo, ninguna de las pesquisas dio resultado. Los cabos sueltos de una investigación, a todas luces, insuficiente, fueron muchos. 

En 1994 se aportó una pista nueva. Una trabajadora del Hospital aseguró haber sido testigo de una conversación entre cuatro adultos en las que un hombre se quejaba de la situación de los menores Orrit y aseguraba que estarían mucho mejor viviendo con la familia paterna. 

En 2016, la Policía recibió una llamada desde Oporto (Portugal) en la que se aseguraba haber visto a los Orrit en la ciudad lusa. Sin embargo, esta pista sólo se consideró un rumor sin fundamento. Más de tres décadas después, Carmen, hermana de Isidro y Dolores, sigue empeñada en encontrar a sus hermanos. Está convencida de que no se trató de una desaparición voluntaria. 

Las recientes declaraciones de un testigo

En junio del año 2021, un nuevo testigo se puso en contacto con el programa de Telecinco Viva la vida. Una persona que podía poner luz a una de las desapariciones más misteriosas de la Historia reciente de España. 

Así comenzaba su relato: "Yo estaba aburrido en la habitación, me fui a fumar y entonces escuché llorar. Estaba llorando el niño. Venga a llorar, venga a llorar, pasó un médico para dentro de la habitación con una silla de ruedas y le dijo a la niña: '¡súbete a la silla de ruedas y coge a tu hermano!'".

"Y  la chica dijo: '¿y mi madre? ¿Y mi madre?' Y cogió el médico y se los llevó para fuera. Y pasó por el lado mío, se me quedó mirando… Con una mirada rara… Y entonces, al ver que el niño lloraba y que no estaban los padres, seguí al médico. Había un ascensor que bajaba y subía. Pero que bajaba hasta el sótano. Bajó el médico y yo bajé detrás. Le seguí hasta abajo, detrás de él". 

El testigo acaba diciendo que la desaparición de los hermanos Orrit pudo no ser voluntaria: "Cuando fui al sótano, al final había unas puertas de plástico, como las de las piscinas. Fue con la silla de ruedas hasta allí, donde le estaba esperando otro médico que iba de blanco y con una “jeringa” [jeringuilla]. El niño no paraba de llorar, así que el médico le cogió en brazos, le 'metió' la inyección, le metió en la camilla y lo tapó con una sábana blanca. 

Hospital de San Juan de Dios de Manresa.

Y luego, a la niña le hizo lo mismo. Le 'petó' la inyección, la subió a la camilla y la tapó igual, con una sábana blanca. Y desde allí miró así y me vio. Salí corriendo rápidamente para el ascensor y suerte que estaba abierto, si no estaba muerto como los niños”. 

La abogada de la familia informó al juzgado del relato del nuevo testigo pero el magistrado rechazó reabrir la causa. Presentaron entonces un recurso de amparo al Tribunal Constitucional, que determinó que no había trascendencia constitucional en la reclamación. El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo es la última puerta a la que llamarán para tratar de dilucidar que sucedió aquella noche de 1988.

Ahora, la familia vuelve a implorar que se les escuche, y que con este nuevo testimonio se pueda reabrir el caso de la desaparición de los hermanos Orrit.

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