17 de octubre de 2019
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FIN DE SEMANA

El único acusado, Francisco Javier Medina, fue absuelto en tres ocasiones del asesinato en 2013 de Miguel Ángel Domínguez y su hija María

Un nuevo equipo de investigadores de la Guardia Civil estudia el doble crimen de Almonte

Francisco Javier Medina tras ser declarado no culpable por el jurado popular.
Francisco Javier Medina tras ser declarado no culpable por el jurado popular.
Es casi imposible en España volver a juzgar a una persona por el mismo delito del que ya sido absuelto. Pero la familia de María y Miguel Ángel, víctimas del doble crimen de Almonte, no arrojan la toalla y se aferran con esperanza a cualquier nuevo dato que arroje luz sobre el caso. Ahora un nuevo equipo de la UCO de la Guardia Civil investiga el asunto desde el principio, buscando al autor de un doble asesinato que todavía busca un culpable.

Almonte, provincia de Huelva, avenida de los Reyes. Es el sábado 27 de abril de 2013. Miguel Ángel de 39 años y María, de 8 años, están en casa, padre e hija se disponen a salir juntos a cenar una pizza. El padre se mete en la ducha y la niña se queda esperando en el salón, seguramente viendo la televisión. Ambos viven junto a Marianela Olmedo, esposa y madre, en una vivienda unifamiliar a la que se accede por 21 escalones. La madre no se encuentra en casa. Desde hace un tiempo mantiene una relación sentimental con otro hombre, Francisco Javier Medina.

El asesino entra en la vivienda, sin forzar ninguna cerradura y se dirige al baño, allí apuñala a Miguel Ángel, que desnudo se defiende de su agresor y comienza a pelear por su vida. La niña comienza a gritar "papi, papi", los vecinos escuchan los gritos y la pelea. María toma un cuchillo de la cocina para defender a su padre. Sólo tiene 8 años, pero el peligro le infunde valor y coraje. Los adultos pelean y arrasan el cuarto de baño y parte del pasillo. Ella no puede hacer nada por evitar el fatal desenlace.

Durante el posterior juicio, el jefe del Equipo de Inspección Ocular de la Guardia Civil, que compareció como testigo, aseguró que, pese a su larga experiencia, era “uno de los escenarios de un crimen con mayor agresividad” que había visto en su vida. Los agentes registran a fondo y no encuentran el arma, aunque sí hay muchas huellas de sangre y numerosos restos de ADN por todos lados.

Maria y su padre Miguel Ángel en una foto familiar.

En un extremo del pasillo, el cadáver del padre, completamente desnudo tras salir de la ducha, con 47 puñaladas, en una de las habitaciones, y más adelante el cadáver de la niña, cubierto con una manta, como si el asesino la conociese y se arrepintiese, de su asesinato. Ella no era su objetivo, pero la mató de 104 puñaladas. A sangre fría.

La reconstrucción posterior desvela que el atacante conocía la casa, no forzó la puerta ni rompió cristales para entrar, porque posiblemente tenía llaves. Aunque llevaba guantes comete un error y se limpia las manos llenas de sangre en unas toallas y hace lo mismo con el cuchillo en otras. Hay restos de su ADN en dos cuartos de baño diferentes. El arma mortal nunca fue encontrada.

La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil de Huelva calculó que todo fue muy rápido, duró apenas 10 minutos, entre las 21.52 y las 22.02 horas. Se pudo fijar la data de la muerte con tanta precisión porque una vecina mandó un wassap a un amigo: "Están peleando al lado de mi casa. Una niña está gritando".

Los cuerpos tardaron dos días en encontrarse. Los padres de Marianela Olmedo se enteraron porque la niña no fue el lunes al colegio ni su yerno al trabajo. Acudieron a la casa y se encontraron los cuerpos. Los investigadores de la Guardia Civil comenzaron buscando en el entorno más cercano, empezando por la madre, Marianela. No robaron nada. Se abrieron diez líneas de investigación, se fueron descartando nombres de amigos, familiares, compañeros de trabajo, conocidos...

Francisco Javier Medina durante el juicio.

En junio de 2014 ya tienen un sospechoso claro, Francisco Javier Medina, de 30 años, novio de la madre. Ambos buscaban desde hacía tres semanas un piso para comenzar una vida en común. Marianela, a pesar de la ruptura sentimental, mantenía una buena relación con Miguel Ángel, al que veía con frecuencia. Los tres componentes de este triángulo amoroso, Miguel Ángel, Marianela y Francisco Javier trabajaban juntos en el supermercado Mercadona del pueblo y se conocían bien. Detienen a Medina y el juez lo manda a prisión.  El ADN de las toallas fue definitivo para imputarlo.

De culpable a inocente

El juicio arranca en la Audiencia Provincial de Huelva en septiembre de 2017 y un mes más tarde un jurado popular lo declara no culpable, aunque el fiscal pide para él 50 años de cárcel. Los familiares de la víctima se quedan de piedra. Los investigadores de la Guardia Civil no salen de su asombro. Todas las pruebas indubitadas, científicas y objetivas, apuntan a su culpabilidad. El acusado se mantiene firme:  "Soy inocente" y ocho miembros del jurado lo creen, mientras que solo uno lo condena.

Las dudas surgieron sobre si le dio tiempo a cometer los crímenes o no. Una expareja suya dice que a las 22.08 estaba en el supermercado, pero el resto de trabajadores dicen que lo vieron hasta las 21.05, cuando aparece por ultima vez en las cintas grabadas en el supermercado. Después no saben donde está. Dos hombres que iban a caballo aseguraron haberse cruzado con él en la calle, después de las 9 de la noche. Entre el super y la casa hay cuatro minutos andando. A las 22.09 prueba que ya estaba con Marianela y ambos se fueron a cenar.

Otra prueba de cargo: En el escenario del crimen se localizaron huellas de un zapato deportivo de la talla 44 y 45, pero el acusado calza la 42 ó 43. Sin embargo, unos peritos podólogos pagados por la acusación particular de la familia afirmaron que quien pisó con esos zapatos tenía en realidad una talla inferior y fingía tener una más grande.

Pero la prueba más importante fue el ADN de Medina encontrado en tres toallas de la casa, en cantidad muy abundante y no mezclado con el de la mujer, sino solitario. El acusado mantuvo que nunca había estado en la vivienda, pero unos peritos consultados por sus abogados explicaron que ese ADN había llegado porque Medina y Marianela habían tenido relaciones sexuales en un coche, él usó esas toallas para limpiarse y luego ella se las llevó de vuelta a su casa, sin lavarlas.

Al principio, Marianela, lo defendió, pero conforme aparecían las pruebas fue cambiando de opinión. Aunque de inicio no lo declaró ante la Guardia Civil, luego durante el juicio sí dijo que Medina era celoso y agresivo. La anterior pareja del hombre dio una versión totalmente opuesta. La Audiencia Provincial emitió una sentencia de "no culpabilidad", ratificada luego por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucia (TSJA) y, finalmente, el Tribunal Supremo.

Fuerte división en Almonte

Francisco Javier Medina salió en libertad y fue recibido por sus vecinos de Almonte divididos. Un millar de ellos le esperaban a la puerta de su casa para llevarlo en volandas al grito de "inocente". El 10 de enero de 2018 dio una rueda de prensa y explicó que considera que se ha ganado "el respeto a recuperar su vida".  "Cuatro años y medio después ya no tengo que repetirlo, lo dice un veredicto y tres sentencias judiciales; se ha hecho justicia conmigo, siempre he sido inocente, y aunque dicen que existe presunción de inocencia yo he estado tres años y medio en la cárcel, no ha sido nada fácil, me han destrozado la vida", añadió.

Anibal Domínguez, hermano y tío de las víctimas.

Pero "si Francisco Javier Medina era tan inocente como proclamaba, ¿por qué nunca se puso al lado de la familia para reclamar justicia?", declara Anibal Domínguez, hermano y tío de las víctimas, además "si Medina estuvo tres años en prisión preventiva y se denegó hasta en cinco ocasiones su libertad, por algo sería", añade.

Pero Almonte y Huelva entera se dividió con este caso. Una abogada que conoce bien todo lo que rodéo en su momento este asunto dice que "ahora si hablas en público sobre el tema digas lo que digas habrá alguien que no esté de acuerdo de una parte o de otra, por eso yo evito hablar en público sobre este tema". Tras salir en libertad, a Francisco Javier Medina se le vió paseando con su exnovia.

Marianela se fue de Almonte, de Huelva y de la provincia, a Sevilla, destrozada por los comentarios vertidos en redes sociales contra ella. Huyó de los reproches, de las amenazas y de la culpabilidad sobre ella por haber acusado a Medina, por haber sido infiel a su marido, por ser mujer y madre y por no haber estado con su hija el día que fue asesinada. Fue acosada por teléfono, por la calle, por su Facebook... El mundo al revés. Enterró al que era todavía su marido y a su hijita. De víctima a culpable.

Algo similar le ha ocurrido a Anibal Domínguez que tuvo que denunciar ante la subdelegada del gobierno hace unos días "una campaña de acoso y derribo contra mi persona porque no me callo. Me han llegado hasta acusar en redes sociales de ser yo el asesino", dice Domínguez.

La esperanza en un cuchillo

Y de repente, se abrió una puerta a la esperanza. Una jueza abrió una pieza separada para investigar qué pasó con un cuchillo del que no se tenía noticia y que se pensaba podría ayudar a resolverlo todo. "Una vecina me comenta en abril de 2018 que un año antes un pintor encontró en la calle un cuchillo en una rejilla de una calle poco transitada y que llamaron a la policía local, vinieron y se lo llevaron, eso habría sido entre abril y mayo de 2017. Yo lo denuncié en la Guardia Civil y me dijeron que los policías locales no podían retirar ese cuchillo, que tenía que haber sido Criminalística o la UCO", dice Anibal Domínguez.

Desde entonces no queda claro el paradero del cuchillo, que según fuentes municipales, sufrió un largo viaje de ida y vuelta. La versión municipal era que los policías locales entregaron el arma a un agente de la Guardia Civil, que supuestamente no le dio importancia. La Guardia Civil se lo habría devuelto a la Policía de Almonte sin  incorporarlo a ninguna causa, sin preguntarse qué era ese cuchillo, hasta que la familia se interesó por su paradero. Finalmente, el pasado 13 de diciembre de 2018, la Policía Local entregó el arma en el Juzgado de Instrucción número 1 de La Palma del Condado. La Guardia Civil de Almonte sigue manteniendo a día de hoy que ese cuchillo nunca llegó a su poder e incluso solicitó que que los policías locales enseñasen el preceptivo oficio escrito del que se acompañan todas las gestiones entre Policía Local y Guardia Civil.

Marianela Olmedo, acompañada de Juan Carlos Quer.

Los familiares de las víctimas se enfrentaron entonces con el Ayuntamiento de Almonte por haber mantenido tres años en un cajón una posible prueba. "En realidad todo comenzó hace cuatro años, cuando advertimos a la alcaldesa que llevaba en las listas del PSOE para las elecciones al primo hermano y portavoz de la familia del principal acusado, Isidro Medina, que resultó elegido concejal. Pero es que además su concuñado es Antonio Joaquín Díaz-Triguero, luego concejal de Seguridad Ciudadana y socio de Juan Ángel Rivera, que fue abogado de Medina en su codefensa con Baena Bocanegra", recuerda Anibal Domínguez.

El 5, 9 y 10 de diciembre de 2018 hubo una Junta de Seguridad local en Almonte "donde el Ayuntamiento intentó convencer a la Guardia Civil de que dos policías fueron al cuartelillo a entregar el cuchillo y el guarda de la puerta se lo devolvió. Entonces lo habrían metido en una taquilla y ahí permaneció dentro de una bolsa durante tres años. Yo ya ni me creo que ese cuchillo sea el mismo que se encontraron en la calle", dice Domínguez, que añade que "el 4 de diciembre de 2018 hubo una reunión en un restaurante, de la que existe una imagen que se puede ver en Internet, entre el Concejal de Seguridad, la jefa de la Policía Local y el abogado Baena Bocanegra, que defendió a Medina".

No era el arma asesina

Tras la misteriosa aparición del cuchillo, la jueza instructora del caso decidió entonces abrir una pieza separada para investigar si el arma tenía relación con el crimen, pero tras los análisis realizados por la Guardia Civil se determinó que no podía haber causado las heridas mortales sufridas por padre e hija porque no coincidía con el tamaño de las heridas, en concreto con la anchura, ni tampoco encontraron huellas que rastrear. "La jueza interrogó a los dos policías locales, que no recordaron el color de pelo del guardia civil ni supieron decir quien era, en un pueblo que tiene 15 guardias civiles y 30 policías locales, es decir, que todos se conocen entre ellos", explica Domínguez.

El cuchillo encontrado no es el arma homicida / Huelva Información

De momento, el cuchillo ha servido para que la Guardia Civil se plantée nuevas líneas de investigación. Un equipo nuevo de especialistas de Huelva y Madrid están ahora al frente de las investigaciones. Ninguno ha trabajado antes en el caso, para evitar estar contaminados con informaciones previas. Francisco Javier Medina sigue viviendo en la zona, al igual que los abuelos maternos y paternos de María. Anibal Domínguez tuvo que abandonar el pueblo e irse a vivir a otra localidad más grande.

El cuchillo se une a otras incógnitas sin resolver como las de las zapatillas que una vecina encontró también en la calle. Tampoco hay respuestas para las preguntas que dejaron los investigadores sobre por qué el asesino regresó a la casa e hizo la cama. ¿Para qué? Dos cadáveres todavía buscan un asesino y la familia no va a arrojar la toalla, ni la UCO de la Guardia Civil, tampoco. Nunca.

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