21 de septiembre de 2019
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FIN DE SEMANA

El silencio de la prensa le ayudó, el periodista Alfonso Azuara dijo en 1993: "Galiacho, o Gil o tú, pero uno debería estar ya en la cárcel", y acertó

Quince años de la muerte de Jesús Gil y Gil, el turbio legado del gran urdidor de la corrupción municipal en España

Jesús Gil entre Jesús Gil Marín y Miguel Ángel Gil Marín.
Jesús Gil entre Jesús Gil Marín y Miguel Ángel Gil Marín.
Este 14 de mayo se cumplen 15 años de la muerte del exalcalde de Marbella y propietario del Atlético de Madrid, Jesús Gil y GIl. Sus cuatro hijos mantienen vivo su legado, que construyó a base de burlar la Ley y siempre al filo de la navaja. Tanto, que murió en medio de la investigación del saqueo de Marbella y no dejó nada a su nombre, salvo 800 euros. El Tribunal de Cuentas intentó que sus vástagos devolvieran solidariamente 105 millones de euros a las arcas municipales, algo que no han hecho.

Este martes 14 de mayo se cumplen 15 años de la muerte del controvertido y polémico empresario Jesús Gil y Gil (1933-2004), el gran urdidor e impulsor de la corrupción municipal en España, con el silencio cómplice de muchos medios de comunicación, así como el favor de determinados poderes fácticos que le temían.

Se  cumple también más de tres décadas desde su entrada, como "elefante en un cacharrería", en el Atlético de Madrid, club que pasó a dominar tras su conversión en Sociedad Anónima y que sería su plataforma mediática para sus intereses económicos y políticos. Hoy su mujer, María Ángeles Marín Cobo (cuya salud no es muy buena), y sus cuatro hijos, Jesús, Miguel Ángel, Myriam y Óscar, viven apartados de los focos mediáticos. Se les ve con un perfil mucho más bajo del que tenían cuando vivía su padre, cuando eran protagonistas de eventos, fiestas y demás placeres de la vida terrenal, que marcaba el progenitor.

La familia Gil en el funeral del patriarca.

A su muerte, sus herederos declararon en 2004 que el patrimonio neto provisional de Jesús Gil y Gil tras su muerte ascendía a 625.007 euros en participaciones en empresas, pero con tan solo una liquidez de 854 euros. Todo ello, con el presumible objetivo de proteger a la familia del peso de Hacienda y de la Justicia que ya les perseguía. Sin embargo, el Tribunal de Cuentas, en abril de 2011, obligaba a sus cuatro hijos a devolver a la ciudad de Marbella 105 millones de euros que su padre se había embolsado irregularmente.

Este Tribunal consideró que esta era la cantidad que Jesús Gil y Gil había desviado de las arcas públicas a su peculio personal como alcalde de Marbella durante los 11 años que estuvo en el poder municipal. A pesar de este requerimiento, la familia no devolvió nada. Todo ello llevó al embargo de 150 propiedades de sus herederos por parte del Tribunal de Cuentas. Para este órgano: "Al aceptar la herencia de su progenitor, los cuatro hijos de Gil lo suceden en todos sus derechos y obligaciones". La familia Gil recurrió a los tribunales, que según parece les ha dado la razón, tal como iremos desvelando desde elcierredigital.com

Y mientras que Hacienda y el Tribunal de Cuentas les persiguen, cada uno de ellos continúa con una forma de vida variada y ya independiente. El clan esta dividido y solo lo mantiene la matriarca, María Ángeles Marín, que vive ya casi sin salir de su residencia capitalina, muy cerca del Retiro, donde desde hace años vivían los Gil.Pero el Tribunal de Cuentas no es el único que busca hoy cobrar sus deudas de la familia Gil. La Agencia Tributaria también persigue a sus cuatro vástagos, con inspecciones duras y periódicas, como una última realizada a Miguel Ángel, consejero delegado del Atlético de Madrid. Por ejemplo, en la lista de los principales deudores a Hacienda se encuentra desde hace tiempo también una de las empresas del clan Gil, la promotora inmobiliaria Promociones Guadalquivir, que figuraba con más de 36 millones de euros de deuda.

La viuda de Gil, el último eslabón de los cuatro hijos

Jesús Gil y Gil se casó en 1961 con María Ángeles Marín, su compañera de toda la vida. La viuda del exalcalde de Marbella tiene actualmente problemas de movilidad: sufrió un ictus en el verano de 2011 y apenas sale ya de su casa. Vive actualmente en su piso de toda la vida de la calle O’Donnell, muy cerca del Retiro y de las oficinas familiares del Club Financiero Inmobiliario. Su anterior residencia era un fastuoso chalé en la urbanización de La Moraleja, en el número 5 de la calle Paseo de la Marquesa Viuda de Aldama, que luego alquilaron a la embajada de Qatar.

Su estado de salud ha llevado a que ya no visite casi Marbella. Su agenda social hoy está completamente vacía. Hasta hace cuatro años se la veía en alguna de las mesas de captación de fondos en las que el Atlético de Madrid colaboraba con Cruz Roja o la Asociación Española contra el Cáncer. Siempre tenía un puesto fijo presidiendo la mesa que se situaba, precisamente, en la Plaza de Neptuno, lugar de celebración de los triunfos del Atleti.

No obstante, María Ángeles, una chica de origen humilde del pueblo toledano de Madridejos, que trabajaba como dependienta de una famosa pastelería madrileña (Casa Mira) antes de conocer a Gil, sigue siendo el pilar de cohesión para toda la familia. Y aunque cada uno de ellos tenga muy definida y dividida su vida tras la muerte del patriarca, ella es quien todavía les une.

Imagen familiar de los Gil al completo.

Jesús Gil Marín, es el primogénito de la familia. Aunque su padre lo intentó situar en el Atlético de Madrid, la aventura de Jesús Gil Marín (57 años) fue un completo desastre y tuvo que dejar todos sus cargos en el 2003. Hoy, su gran negocio es la consultora inmobiliaria Gilmar, que creó hace más de tres décadas junto a su socio Manuel Marrón, un camarero reconvertido en propietario de varios restaurantes muy conocidos en Madrid.

Jesusito, como se le conoce, nunca fue un buen estudiante, sin embargo, llegó a ser alcalde de Estepona (Málaga) entre los años 1995 y 1999, donde dejó un reguero de irregularidades que a día de hoy todavía se investigan.

Le gustan los toros y los caballos. Es el más aficionado de los cuatro hermanos a montar. Suele hacerlo en su finca Memé, su heredad en Alcobendas, en la carretera de Barajas, donde vive con su mujer Carmen Osset, con quien lleva 26 años casado. Tiene una única hija, Rocío, de 27 años. Hace años que ya no se les veía por el palco del Estadio Vicente Calderón y, menos aún, por el de La Peineta (Estadio Wanda).

Miguel Ángel, el guardián silencioso

El segundo hijo de la saga, Miguel Ángel Gil Marín, domina el Atlético de Madrid junto al productor Enrique Cerezo. Miguel Ángel, de 56 años de edad, es hoy la cara visible de la familia Gil en el Atlético de Madrid, ya que es el máximo accionista del club con un porcentaje que ronda el 57 por ciento de las acciones.

Veterinario de formación, adoraba en sus tiempos jóvenes el campo, por eso su padre lo situó inicialmente al frente de la finca Valdeolivas (Ávila), donde residía el célebre caballo Imperioso. Un terreno de miles de hectáreas donde los Gil desarrollaron sus grandes negocios de reproducción equina, taurina y cría de animales de caza para sus dos cotos de caza que comercializaban.

Ha sido también el hombre del clan Gil que más ha pisado los tribunales. Así, desde que en 1993 su padre, dueño absoluto y supremo del Atlético, le cediera la gestión de un club al que llegó al inicio de la década de los ochenta con Vicente Calderón para hacer negocios inmobiliarios, ha estado imputado en siete causas.

Miguel Ángel Gil Marín en el viejo estadio Vicente Calderón.

Ya con tan solo 38 años se vio implicado en el Caso Camisetas, el mismo que llevó a su padre por segunda vez a prisión. El Tribunal Supremo llegó a condenarlo en 2004 a un año y medio de cárcel por cometer un delito de estafa contra el club, pero al no tener antecedentes no ingresó en la cárcel. Hoy tiene dos niñas de su primer matrimonio con la que fue su novia de toda la vida, Marian Cogollos, y otros dos con otra pareja, la ex Miss de Las Palmas de Gran Canaria Lucía Díaz Barrachina, de la que también mantuvo discrepancias sentimentales.

Vive en la lujosa urbanización La Finca donde tiene una parcela de 4.000 metros cuadrados con una casa de 1.000 metros. Una heredad vigilada desde hace años por Hacienda, que le obligó a hipotecarla.

Fue precisamente en la Finca de Valdeolivas, el lugar emblemático de recogida de la familia Gil, donde a veces se tientan toros, donde se negoció la entrada en el capital del Atlético del empresario chino Wang Jianlin, dueño de la multinacional Wanda. Por ello, se percibieron unos veinte millones de euros. De momento, Miguel Ángel quiere y desea la expansión internacional del Atlético de Madrid en países como Estados Unidos y China.

Los dos vástagos menos conocidos 

Junto a estos dos primeros vástagos masculinos, está la figura singular y poderosa de Myriam Gil Marín. Fue siempre la niña mimada de su padre. Myriam Gil Marín (54 años) es la que guarda un mayor parecido con su madre: alta, ojos verdes y boca grande. Fue la secretaria personal del alcalde de Marbella por lo que vivió de primera mano la actividad política y empresarial de su padre, sin embargo, nunca fue llamada a declarar durante la Operación Malaya. Nadie se lo explica, salvo que haya algo más detrás de esta inaudita decisión.

Hoy sigue siendo la gestora de la red de empresas que pertenecen al clan de los  Gil, que dirige desde el Club Financiero Inmobiliario, situado en la céntrica calle madrileña de Príncipe de Vergara, donde vivía la saga taurina de los Bienvenida. Su vida actual está alejada de esos ‘flashes’ que tanto le gustaban. Hace una vida silenciosa a medio camino entre Marbella y su casa de Aravaca, en la que reside junto a su marido Eduardo de las Heras. Con este tiene dos hijos pequeños, Alexia y Daniel. Se casaron cuando ella tenía 26 años y a la boda, que se celebró en el rancho familiar de Valdeolivas, acudieron ‘celebrities’, como Simoneta Gómez-Acebo y el expresidente del Real Madrid Lorenzo Sanz.

El yerno de Jesús Gil y Gil, Eduardo De las Heras, también intentó su salto a la política en Benalmádena, pero con menos suerte que su suegro y su cuñado Jesús Gil Marín. Ahora, a Myriam se la ve pasear por la capital de la Costa del Sol en solitario, no como antaño cuando era la diosa.

Y, por él último, figura Óscar Gil Marín. No por ello menos importante o peligroso. Es el pequeño de la familia y al que más le gustaba la noche y rodearse de caras bonitas. Fue conocida su relación de dos años con la presentadora Leticia Sabater, la cual siempre ha hablado muy bien de él: “Me trataba como una princesa”.

Óscar, que heredó el carácter rudo de su padre, nació en 1969, el mismo año que Jesús Gil entraba en la cárcel por el derrumbe del restaurante del complejo de Los Ángeles de San Rafael, una urbanización radicada en Segovia, de 2.000 hectáreas, donde hoy viven 4.500 vecinos. Curiosamente, Óscar siempre ha sido el gestor de esta urbanización segoviana.

Sin embargo, el pequeño de los Gil (48 años) vive en un ático de la calle Serrano y mantiene el cuartel general de sus negocios en la Torre de Valencia, junto al parque de El Retiro, en Madrid. Allí administra varios negocios y nuevas promociones.

Todos siguen el particular método de compartir la vida que les enseño su padre. Quince años después de morir el gran jefe, no es oro todo lo que reluce en la familia, pero dinero les queda.  Y mucho. Dicen algunos próximos que alardeaban de que su padre les dejó a cada uno de ellos una caja de langostinos repletos de billetes. Hoy, el Tribunal de Cuentas les persigue sin resultado positivo.

Para Alfonso Azuara, uno de los dos debía ingresar en prisión, y no se equivocó.

En 1993, el gran periodista deportivo Alfonso Azuara me decía: "Galiacho, esto no es normal, o Gil o tú, deberían estar uno de los dos en la cárcel, tú por lo que cuentas que es gravísimo o el por lo que hace". Yo no entré, y él lo hizo mucho tiempo después por orden del juez Miguel Ángel Torres. Y hasta el año 2005, ya muerto Gil y Gil, no se iniciaron las primeras pesquisas de la Operación Malaya.

Una prensa complaciente, a veces callada por otros motivos pecuniarios, así como determinados poderes fácticos que se beneficiaron de él,  permitieron la corrupción urdida en la Costa del Sol bajo la bandera del gilismo, con Marbella como principal baluarte de la manera de actuar de un personaje afortunadamente irrepetible como Jesús Gil y Gil. 

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