23 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Corinna Larsen saltó a la fama en 2012 tras la cacería de Botswana que destapó la relación íntima con el Rey Emérito, mantenida desde ocho años antes

'Corinnavirus': La vida oculta de la comisionista alemana que acorrala a Juan Carlos I

Juan Carlos I y Corinna en los años en los que los besos no estaban envenenados.
Juan Carlos I y Corinna en los años en los que los besos no estaban envenenados.
La falsa princesa Corinna Larsen ha vuelto a la actualidad. Su declaración ante la Fiscalía suiza aceleró las investigaciones de Anticorrupción en torno a los presuntos testaferros del Rey Emérito Juan Carlos I y su fortuna millonaria resguardada fuera de España. Por si fuera poco, su entorno asegura que ésta va a denunciar al monarca por presuntas presiones del CNI. Regresa así a la 'pomada' política una mujer enigmática llena de secretos,a la que muchos desprecian y algunos temen.

La controvertida comisionista y aristocráta alemana Corinna Larsen ha vuelto a la actualidad. Y lo ha hecho provocando un huracán. La exprincesa Zu Sayn-Wittgenstein tiene intención de denunciar ante la justicia británica a su expareja el Rey Emérito Juan Carlos de Borbón por el acoso que dice sufrir desde que, oficialmente, rompieron su relación en 2012. Según su círculo más próximo, este ‘acoso’ podría venir de los servicios secretos españoles del CNI y tendría como evitar la difusión de presuntos ‘secretos de Estado’ que el Rey Juan Carlos habría puesto a su disposición durante los años de su relación.

Hasta ahora Corinna había señalado al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y a quien fuera su director, Félix Sanz Roldán, como autor de las presuntas amenazas recibidas tanto ella como su hijo.  Ahora, sin embargo, pone también en su punto de mira a Juan Carlos I como objetivo estratégico. Para su defensa ha contratado al famoso abogado ingles James Lewis, que representa los intereses de Estados Unidos ante los tribunales del Reino Unido en el proceso de extradición de otro nombre polémico:  El  de Julian Assange, creador de Wikiliks y perseguido por las autoridades americanas por sus filtraciones de documentos secretos.

Esta amenaza judicial llega después de saberse que la Fiscalía Anticorrupción ha enviado una comisión rogatoria a Suiza para acceder a los datos sobre una supuesta donación de 65 millones de dólares a una cuenta de su amiga Corinna Larsen. Ese traspaso de fondos se habría hecho supuestamente desde el banco Mirabaud, a donde llegó el dinero desde la fundación panameña, Lucum vinculada a Juan Carlos I, según la Fiscalía suiza. Esto se ha producido en el marco de la investigación iniciada en la Audiencia Nacional por el pago de posibles comisiones en la adjudicación de los contratos del AVE a La Meca, ya que en 2008 el rey de Arabia Saudí transfirió 100 millones de dólares a la fundación Lucum.

Juan Carlos I y Corinna bailando. 

Fue en octubre del año pasado cuando la Fiscalía del país helvético solicitó a la Audiencia Nacional los audios de las conversaciones entre Corinna y el excomisario José Manuel Villarejo, grabados en 2015, para incluirlos en la investigación iniciada sobre los supuestos testaferros que tendría el Rey Emérito en Suiza.

La Fiscalía suiza considera que los 100 millones de dólares llegaron a una cuenta abierta en Suiza por la Fundación Lucum, radicada en Panamá, procedentes de una aportación del rey saudí Abdul Aziz Al Saud, amigo de Juan Carlos de Borbón, que sería el único beneficiario de esa fundación. De ahí pasaron al banco Mirabaud, hasta que en 2012 los resppnsables pidieron que se retirasen esos fondos por cuestión de imagen.

Aquel mismo año, tras la ruptura del Rey Émerito con Corinna Larsen después del escándalo de la cacería de Botswana, parte de este dinero, en total 65 millones de dólares, salió con destino hacia una cuenta de la exprincesa alemana. Esta cuenta estaba en otro banco suizo con sede en Bahamas, si bien el monarca habría reservado un millón de dólares para otra “antigua amante” residente en Ginebra, según ha publicado la prensa suiza.

Los abogados de Corinna aseguran que la alemana habría recibido un regalo “no solicitado” de su entonces amante, el Rey Juan Carlos I. Sea verdad o no, todo parece confirmar los peores augurios de que la alemana es un verdadero peligro para el monarca español.

La mujer que vino del frío

Corinna Larsen nació en Francfort el 28 de enero de 1964. Alemana, de origen danés, su biografía es para muchos el ejemplo de la clásica arribista. Sin embargo, para otros es un compendio de secretos y rumores, con pocos visos de realidad. Lo cierto es que se casó en 1990 con el empresario e intermediario británico Philip J. Adkins, con quien tuvo en 1992 a su hija Alexandra. Tres años más tarde, en 1995, el matrimonio se rompió.

La expareja se convirtió en un ejemplo de amistad tras la ruptura amorosa. Así, Adkins estaba junto a ella en el polémico viaje a Botswana de la primavera de 2012, cuando el Rey Juan Carlos I se fracturó la cadera. Sin embargo, en 2019 este organizador de safaris arremetió contra su exmujer. “¿De verdad piensa alguien en España que está tratando con una persona honesta y estable? Vamos, hay muchas pruebas en su forma de expresarse en privado que indican que Corinna es una sociópata narcisista”, llegó a decir.

Corinna y el que fue su segundo marido, Casimir. 

Precisamente, a finales de los noventa Corinna consiguió uno de sus sueños. Emparentar con la realeza. Inició una nueva relación sentimental con el príncipe alemán Johann Casimir zu Sayn-Wittgenstein, once años menor que ella. A su boda en Londres en el año 2000 no acudieron los padres del novio, ya que no se fiaban de la nueva mujer de su hijo. Juntos tuvieron un hijo, Alexander. En 2005, el matrimonio llegó a su fin. Para entonces ella ya había conocido un año antes al monarca español.

Corinna a pesar de presumir de título de princesa nunca lo fue. Cuando se casó con Casimir lo hicieron por lo civil y no celebraron un matrimonio eclesiástico. Por otro lado, en Alemania no están reconocidos los títulos nobiliarios. En 2019, para enfado de Larsen, Casimir se volvió a casar. En esta ocasión con la modelo Alana Bunte.

Si Corinna hubiese sido princesa en algún momento, actualmente ya no lo sería al convertirse Bunte en la nueva señora de Sayn-Wittgenstein, apellido que, hasta entonces, si podía usar Corinna tal y como permite la legislación alemana. Para entonces, ya Corinna había perdido también otro título mucho más provechoso, el de ‘amiga entrañable’ de Juan Carlos I.

Una falsa princesa llega a la corte de Madrid

Corinna zu Sayn-Wittgenstein conoció al Rey Juan Carlos en una cacería en Ciudad Real en 2004. Ella, aunque aún no se había divorciado de su segundo marido, el príncipe Johann Casimir zu Sayn-Wittgenstein, hacía ya vida de separada. Desde entonces, mantendría una larga y fructífera relación con el Rey Emérito no exenta de altibajos hasta hace pocos años. Don Juan Carlos la introdujo en los círculos del poder. La llevó en viajes internacionales, la presentó en cenas y le abrió muchas puertas, acudiendo juntos a monterías y formando incluso parte de la comitiva real en viajes de Estado.

Dicen que durante esos ocho años, la relación fue como una montaña rusa. Al menos dos veces Corinna quiso romper con don Juan Carlos por no tolerar, supuestamente, las infidelidades del monarca. Pero ella llegó incluso a 'tontear', como así figura en los correos personales que obran en el sumario del caso Noos, con Iñaki Urdangarín, casado con Cristina de Borbón y yerno del Rey Émerito.

Fue en el año 2009, cuando Juan Carlos I vivió la época más intensa con la princesa alemana. Desde entonces mantuvo contactos periódicos con ella hasta 2012, en un dúplex del complejo de lujo Domaine Rochegrise en los Alpes, que después vendió Corinna en 2013. El dúplex era un lugar de mucha privacidad, más que la casita del recinto real en el Monte del Pardo, en Madrid, habilitada para Corinna zu Sayn-Wittgenstein y su hijo Alexander.

La famosa foto de Corinna para ¡Hola! tomada por su amiga Vanessa von Zitzewitz, esposa de Juan Villalonga. 

Esa 'casita', situada a menos de dos kilómetros del Palacio de La Zarzuela, conoció una ingente actividad social: Desde el director del CNI, Félix Sanz Roldán, hasta el exministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, pasaron por allí.

El dúplex en Suiza, sin embargo, era su refugio más íntimo. Don Juan Carlos pasó allí casi una semana en febrero de 2012, coincidiendo con el décimo cumpleaños del hijo pequeño de Corinna. Fue entonces cuando se comprometió con el niño a llevarlo a su primera cacería en África, en Botsuana. Y así lo hizo en abril de 2012, cuando todo se torció inesperadamente. La madrugada del 14 de abril de 2012 un avión trasladó de Botsuana a España al entonces Rey, con la cadera rota. Fue ingresado de urgencia en el Hospital San José de Madrid. Ese día estalló todo.

Corinna abandonó su residencia de El Pardo, pero no se fue muy lejos. Tan solo a 10 kilómetros de Zarzuela. Allí, al parecer, adquirió un chalé en una exclusiva zona residencial de Somosaguas, con 500 metros cuadrados distribuidos en dos plantas, y 2.915 de terreno destinado a zonas ajardinadas y aparcamiento. Pero los acontecimientos se desbordaron y tuvo que salir hacia Mónaco.

La opinión pública se abalanzó sobre el monarca, que tuvo que entonar el mea culpa. Tras décadas de camuflar relaciones extramatrimoniales, con intentos de aparente disimulo, aunque conocidos por muchos, el monarca quiso acabar de golpe con esa pantomima. Pensó, incluso, en llegar a divorciarse de doña Sofía y casarse con Corinna.

Pero esto no se produjo por dos razones. Por un lado, la propia Corinna no quiso, según fuentes próximas a ella, ya que prefería ser “reina en la sombra” antes que exponerse directamente a la opinión pública. Y, por otro lado, fue determinante el papel de uno de los amigos más fieles del rey, el General del CNI Félix Sanz Roldán. El jefe de los servicios secretos españoles visitó a la princesa consorte en Londres. Lo hizo en junio del 2012, en el hotel Connaugth, para pedirle que, por el bien de España, terminara definitivamente su estrecha relación con el Rey y que se apartara de una vez  de él.  Esta visita es uno de los hechos que Corinna relata ahora como una amenaza, junto a los micrófonos y sistemas de vigilancia que encontró en su residencia de Mónaco. Además, dice que desde 2012 recibe mails amenazantes firmados por un tal Paul Bon, un alias que ella atribuye al exdirector del CNI Sanz Roldán.

Amigos influyentes

El ritmo de vida y las conexiones influyentes de Corinna no decayeron ni mucho menos tras su ruptura aparente con Juan Carlos I. Por ejemplo, asistió al festival de ópera del Central Park, de Nueva York, para ver a su amigo el director de orquesta Alivise Casellati, marido de la presidenta del Senado italiano María Elisabetta Casellati. También en el mundo del bel canto mantuvo su amistad con el director de orquesta ruso Valeri Guérguiev.

Pero esta no ha sido la única amistad rusa de Corinna, un país donde mantiene estrechos vínculos comerciales. Así, también tiene buena relación con Alekséi Leonídovich Kudrin, actual ministro de finanzas de Rusia.

Vanessa von Zitzewitz con su marido Juan Villalonga. 

Aunque si hay una amistad importante en la actualidad para Corinna, esa es la de Vanessa von Zitzewitz. Una elegante e influyente mujer alemana, también como ella, que es fotógrafa de profesión y que ha retratado a celebridades de medio mundo. Desde Farah Diba hasta George Clooney, pasando incluso por el Rey Juan Carlos I. Esta alemana es la tercera esposa del empresario español Juan Villalonga, el gran personaje en discordia en las polémicas conversaciones entre el excomisario Villarejo y Corinna en Londres.

Vanessa y Juan se conocieron en febrero de 2010 cuando él estaba terminando su matrimonio con la socialité mexicana Adriana Abascal. El escenario fue la ciudad suiza de Gstaad, donde también viajaban con frecuencia Juan Carlos I y Corinna.

Villalonga y su tercera esposa tienen en Mónaco una de sus plazas fijas. De hecho, Vanessa es la fotógrafa de cabecera de Charlene de Mónaco y sirvió de enlace entre Corinna y la casa real monegasca, con Álberto de Monaco a la cabeza. Tanta confianza se tienen Vanessa y Corinna que la amante real aceptó posar para ella en el polémico reportaje que la alemana protagonizó para la revista ¡Hola! poco tiempo después de que se supiera su relación con el monarca español.

Fue una de las ocasiones en las que Corinna irrumpió como un vendaval en la actualidad española. Un escándalo que, como todos los que han rodeado hasta ahora a esta rubia peligrosa, tiene efecto champán. Explota y se apaga pronto, al menos hasta ahora que un nuevo escándalo amenaza con dar más de un quebradero de cabeza al Rey Émerito y a la corona española.

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