23 de septiembre de 2021
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FIN DE SEMANA

Un caso complicado: Los últimos años se convirtieron en una pesadilla para él, llegando a ser detenido en los calabozos en varias ocasiones

Fernando González Patiño: Un padre denuncia que lleva 8 meses sin ver a su hija y 32 juicios en su contra

Fernando en una foto antigua.
Fernando en una foto antigua.
Padre de una hija menor de edad, Fernando González Patiño se ha enfrentado a numerosos juicios y ha acabado varias veces en el calabozo por una sucesión de más de veinte denuncias que él califica de falsas. En las mismas lo acusan de malos tratos y eso le ha traido como consecuencia que se separase de su hija, con la que ha perdido toda la comunicación y a la que no ve ni oye desde hace más de ocho meses. Ahora denuncia en elcierredigital.com su situación.

Fernando González Patiño, padre de una hija menor, se enfrenta a una serie de 22 denuncias que él sostiene que "son falsas". En las mismas se relatan presuntos malos tratos hacia la que, por entonces, era su pareja. Su hija, de siete años de edad, se ha visto convertida en víctima colateral de una situación en la que se le ha prohibido ver o hablar con su padre desde hace más de siete meses, incluso sin existir una orden de alejamiento.

La abogada del acusado, Teresa Bueyes Hernández, ha redactado una queja dirigida al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), donde se recogen una sucesión de pruebas que abogan por González Patiño, detallando las, a su juicio, supuestas vulneraciones ocurridas durante los juicios realizados y aportando las razones que alegan en favor de su representado.

Los hechos que se atestiguan a nivel judicial atentan directamente contra el padre biológico de la menor, aunque es la niña quien se encuentra viviendo un proceso realmente desfavorable durante su crecimiento por la ausencia de una figura paterna.

22 denuncias, 32 juicios y 6 calabozos

Según Fernando, el problema se manifestó poco después de que la pareja decidiera separarse, por mutuo acuerdo. “Firmamos, de mutuo acuerdo, un convenio, casi como una custodia compartida. Todo iba muy bien, con un único abogado ambos”, explica. A su testimonio, además, le acompañan algunas pruebas sobre aquellos momentos, como conversaciones a través de redes de mensajería.

Fue entonces cuando su expareja decidió ponerse en contacto con otra abogada: “A los diez días de plantear la custodia compartida, habiendo estado separados unos dos años, me llega la primera denuncia y con ella el primer calabozo: Ahora ya llevo seis”, explica Fernando.

Comenzó aquí una etapa que él considera como “su calvario”, habiendo sido víctima de hasta treinta y dos denuncias y muchos años de frustración. En este altercado se ha visto también envuelta su hija, a quien considera lo más importante y a quien quiere proteger de todo este proceso, algo que se le ha prohibido. Tras esas denuncias hubieron algunos juicios de los que salió absuelto y otras denuncias fueron archivadas.

Fernando, víctima de una situación que le ha superado por completo, cuenta cómo le “han denunciado absolutamente por todo: Secuestro de mi hija, maltrato físico y psicológico… De todo”. A su vez, lleva sin poder ver a su hija desde principios de marzo, hasta ocho meses en los que no se le ha comunicado, siquiera, el estado de la menor.

Extracto de la queja redactada por Teresa Bueyes Hernández, abogada de Fernando.

“Mi último calabozo fue hace tres meses, durante el confinamiento”, matiza. Un emplazamiento provocado por una visita a su hija: “Me presenté en el telefonillo de la casa, no había orden de alejamiento. Pregunté por ella, para saber cómo estaba. Llevaba tres meses sin saber de ella. Automáticamente se presentaron varios coches de policía y acabé tirado en un calabozo”. Tras este acontecimiento, recibió una denuncia de acoso y la orden de alejamiento se oficializó.

Los contratiempos no acaban ahí. La familia paterna de la menor, incluyendo a su padre, padece una cardiopatía de origen congénito, recogida en diversos informes médicos que instan a realizar protocolos de detección temprana. Sin embargo, ningún Juzgado ha resuelto aún estas medidas de protección “en relación con el riesgo de muerte súbita”. Unas medidas en la que se insistió por primera vez el 9 de enero de 2020, sin éxito hasta el día de hoy.

A Fernando se la detectaron hace un año, y sostiene que su expareja se niega a realizarle las pruebas a su hija: “Con un informe de mi cardiólogo y otro del pediatra de la niña, pero ella dice que es mentira, que no tengo nada y me lo he inventado”. Por si fuera poco, la niña ha dado positivo en Covid-19 recientemente, hecho que no le fue comunicado, según Fernando.

Un entramado de litigios

Además, la expareja de Fernando ha sido denunciada por maltrato a la niña. Pero estas denuncias y otros procesos judiciales se encuentran paralizados debido a la "inactividad de los Juzgados" a la hora de aplicar, en este caso y en esta parte, la Ley. Así, entre las declaraciones argumentales de la abogada de Fernando, Teresa Bueyes, se recogen: “Denuncias falsas de malos tratos que no se archivan y quedan paralizadas en el tiempo, pues parece que existe una "mano negra" que solo favorece a [la acusada]”. Añade, también, acerca de una justicia “sin ningún tipo de rigor que […] no ha visto jamás en 26 años de ejercicio profesional”.

Carta dibujada por la niña y entregada a su padre antes de lo ocurrido.

Fernando se encuentra, de esta manera, “crucificado económica, emocional, laboral y psicológicamente”, aunque, por encima de todo, le preocupa que exista una niña sin un padre. Se enfrentan, además, a un Centro de la Mujer, acto que le inquieta a Bueyes y que recoge en su queja: “[…] se "juega" con las ventajas que la Ley de Violencia de Género otorga a la mujer (detención inmediata y juicios rápidos)”.

La niña está asistiendo a terapia de psicólogos de un Centro de la Mujer, donde “se le ha hecho creer que es víctima de violencia”, explica Fernando. Y por esto le han impuesto nuevas medidas cautelares al padre, impidiendo su visita a la menor a excepción de un período de tiempo limitado y acompañado por una tercera persona.

Fernando, como padre, sufre las condiciones de una hija que siente que ha sido manejada, con la que ha “perdido la comunicación”. La salud y el estado de su hija son su principal preocupación, según explica a elcierredigital.com, y son ahora un objetivo por el que sigue luchando tras tantos años .

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