14 de diciembre de 2019
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FIN DE SEMANA

El dominicano Rafael Trujillo comparte lugar con Franco, mientras otros opresores como Pavelic y Batista prefieren el cementerio de San Isidro

España: La tierra preferida por muchos dictadores para su descanso eterno

En el cementerio de Mingorrubio descansan ahora dos dictadores
En el cementerio de Mingorrubio descansan ahora dos dictadores
Francisco Franco ya está enterrado en el cementerio de Mingorrubio. Tras haber sido trasladado el pasado jueves desde el Valle de los Caídos, sus restos reposan ya junto a los de su viuda, Carmen Polo. Pero, Franco solo es uno de los numerosos dictadores que descansan en cementerios de Madrid. España ha sido el destino final de otros muchos gobernantes absolutistas del todo el mundo como lugar donde permanecer por el resto de los tiempos.

A las 12:54 de este pasado jueves, el féretro del dictador Francisco Franco era sacado por la puerta de la basílica del  Valle de los Caídos a hombros de ocho de sus familiares entre los que destacaban Luis Alfonso de Borbón, Francis Franco, Jaime y José Cristobal Martínez Bordiú. El ataúd fue trasladado en helicóptero hasta el destino dispuesto para su inhumación tras un largo proceso en el que la familia Franco ha intentado por todos los modos posibles impedir este acontecimiento histórico. Pero Mingorrubio, en El Pardo, es conocido también por haber sido el lugar de sepultura para otros gobernantes de semejante corte absolutista. 

Rafael Trujillo, el vecino de Franco

Entre los cuerpos que van a compartir espacio con los restos de Francisco Franco en su nueva necrópolis madrileña, están los de otro conocido dictador. Se trata de Rafael Leonidas Trujillo, nacido en 1891 en la localidad de San Cristóbal, en La República Dominicana. Férreo dictador, gobernó ese país durante 30 años, conocidos como “La Era Trujillo”, una de las dictaduras más sangrientas de América Latina.

EL régimen de Trujillo es conocido por haber llevado a cabo miles de asesinatos, 50.000 aproximadamente, muchos en masacres como la de Perejil en 1937, cuando Rafael Leónidas ordenó asesinar a la población haitiana residente en República Dominicana. No hay cifras de los muertos, pero se cree que fueron entre 5.000 y 25.000 haitianos masacrados.El dictador Trujillo comparte cementerio con Francisco Franco.

El escritor Mario Vargas Llosa traza perfectamente en su libro "La Fiesta del Chivo"  los rasgos de la implacable y sangrienta dictadura del tirano Trujillo. El dictador dominicano gobernó en una época de prosperidad para los regímenes dictatoriales por toda la región latinoamericana.  No obstante, durante su mandato llegó a coincidir  con los primeros períodos democráticos de sus países vecinos. Y hubo enfrentamientos con alguno de ellos. El roce más marcado fue con Rómulo Betancourt, “padre de la democracia” venezolana, que llevó al régimen de Trujillo a la Organización e Estados Americanos por su interferencia en asuntos internos de otros países. Esto enfureció a Trujillo, quien ordenó a sus agentes exteriores asesinar a Betancourt.

El 24 de junio de 1960, una bomba hizo explosión en un vehículo de la comitiva presidencial venezolana, Betancourt resultó herido pero sobrevivió. El atentado derivó en sanciones contra la República Dominicana de parte de todos los países de la OEA (Organización de Estados Americanos). También tensó sus relaciones con otros países, entre ellos, Estados Unidos, que retiró su apoyo al régimen.

El 30 de mayo de 1961, Trujillo fue víctima de una emboscado a las 21:45 horas en la carretera de Santo Domingo-San Cristóbal. El vehículo recibió 60 impactos de bala. Tras su muerte, fue enterrado con honores en su pueblo natal, donde permaneció seis meses antes de ser exhumado. Su familia intentó huir con el cuerpo en su yate, pero fueron detenidos por las autoridades.

Finalmente, el cuerpo se trasladó a París, donde permaneció hasta el año 1970. Después de que su hijo muriera en un accidente de coche en Madrid, la viuda del dictador  trasladó los restos de Trujillo hasta el cementerio de Mingorrubio, dónde descansa junto a su hijo.

Pavelic, “líder de todos los croatas”

Las canciones que cantaban los miembros de las milicias ustachas durante los conflictos bélicos de los 90 hablan de un "líder de todos los croatas" que descansa  "en Madrid, en una tumba de oro". Se trata de Ante Pavelic, nacido en 1889 en la localidad de Bradina, territorio ocupado por el extinto imperio Austrohúngaro.

Comenzó de joven la carrera política que lo llevó a ser uno de los líderes del movimiento independentista croata y contra Yugoslavia.  Después de ser condenado a muerte en los años 20, huyó y expandió su movimiento a otros países. Los Ustachas recibieron un apoyo importante del régimen de Mussolini en Italia, quien los utilizó como brazo internacional para la región de Yugoslavia.

Gracias a esos apoyos, logró alcanzar el poder de una Croacia independiente en abril de 1941. Desde su llegada al poder, Pavelic gobernó con mano de hierro y estableció un culto importante en torno a su personalidad, ya que había sido él “el padre” de la Croacia independiente. Se le reconoce como uno asesino sanguinario por su persecución a  judíos, serbios, gitanos y a la oposición croata. Solo en el campo de Jasenovac fueron ejecutados 600.000 serbios.

Ofrenda en la tumba de Pavelic en el cementerio de  San Isidro.

Después de la Segunda Guerra Mundial, se ocultó en Austria y Roma hasta que pudo viajar a Argentina donde vivió en relativa calma bajo el amparo de Perón. En los años cincuenta comenzó a sospechar que los servicios secretos yugoslavos le seguían la pista por lo que huyó a Madrid, donde murió el 28 de diciembre 1959.

Enterrado en el cementerio de San Isidro, la tumba de Pavelic se ha convertido en un lugar de peregrinación para los ultraderechistas croatas. Sus lápida siempre ofrece una imagen repleta de flores y ofrendas. Nadie sabe quién las deja, pero se renuevan y nunca faltan.

Marcos Pérez Jiménez, el último antes de Chávez

Antes de los líderes bolivarianos Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Venezuela también vivió una dictadura militar parecida a la de otros países de la región americana. Fue la que se alargó durante el mandato de Marcos Pérez Jiménez, nacido en Michelena, en el Estado Táchira. Marcos Pérez Jiménez fue un militar de carrera. Participó en dos golpes de Estado en Venezuela en 1945 y 1948, luego ocupó cargos en la Junta militar de gobierno y finalmente se hizo con la Jefatura de Estado en noviembre de 1952 tras las elecciones que perdió.

Dirigió con mano dura el país suramericano aunque contó con amplias cuotas de popularidad por sus políticas de vivienda para personas desfavorecidas, sanidad pública y obras arquitectónicas de gran calibre. No obstante, la descomposición del régimen y la acción de los partidos políticos lograron su derrocamiento el 23 de enero de 1958, día que se recuerda en Venezuela como el inicio de la democracia.

Estatua de Pérez Jiménez.

En primera instancia se refugió en Estados Unidos, desde donde fue extraditado a Venezuela y un tribunal le condenó a prisión en 1963. Una vez recuperada su libertad, viajó a España y vivió en La Moraleja. Volvió después a Venezuela por invitación de Chávez en el año 1999, pero falleció en Madrid en el año 2001. Sus restos reposan en la capital española, en el Parque Cementerio de la Paz, a unos 25 kilómetros del centro de la capital.

Fulgencio Batista, defenestrado por otra dictadura

Nacido en Banes, Cuba, Fulgencio Batista fue el dictador previo a la revolución castrista. Llegó al poder en 1933 en la revuelta de Los Sargentos, gracias a la cuál pudo controlar a varios presidentes provisionales bajo el cargo de Jefe de las Fuerzas Armadas cubanas. En 1940, fue electo presidente de la república y realizó reformas consideradas “avanzadas” para la época. En 1944 después de su mandato, se mudó a Estados Unidos.

Volvió a Cuba en 1952 para presentarse a las elecciones, que derivaron en un golpe de Estado del propio Batista. Después de eliminar la constitución y libertades, estableció un régimen basado en negocios personales. Varios historiadores le acusan de haber establecido relaciones con narcos y proxenetas para sacar beneficios de estas actividades en la isla.

Batista esta en el cementerio de San Isidro.

Entre 1956 y 1958 libró la Guerra de Guerrillas de Fidel Castro, quien terminó por derrocar al dictador. Batista huyó a República Dominicana y posteriormente a Portugal para recabar finalmente en Madrid y Marbella, donde murió el 6 de agosto de 1973, a los 72 años.

Su cuerpo reposa en el cementerio de San Isidro junto al de su hijo, Carlos Manuel, fallecido por una enfermedad en el año 1969. Aunque su bunker de operaciones y hogar se encontraba en la capital española, solía veranear en Marbella.

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