11 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Fue enviada por el general el 23 de junio de 1936 cuando el líder republicano era también Ministro de la Guerra y quedó sin respuesta

La carta de Francisco Franco al presidente Casares Quiroga que pudo evitar la Guerra Civil

El gobierno de Casares Quiroga.
El gobierno de Casares Quiroga.
El periodista Julio Merino rescata la carta que el 23 de junio de 1936 envió el general Francisco Franco al entonces ministro de la Guerra y presidente del Gobierno de la Segunda República, Santiago Casares Quiroga. La carta ha permanecido en el olvido, sin darle la importancia que merece, pero que podría haber evitado una Guerra Civil que acabó con un millón de muertos. En ella se evidencia el malestar del Ejército por la arbitrariedad en los nombramientos algo que todavía hoy sigue sucediendo.

Ya sé que hablar hoy de Franco no es políticamente correcto… pero, miren, quién ha sufrido y superado tres atentados terroristas por defender a España, quién se ha tenido que enfrentar a 127 querellas auspiciadas por la Abogacía del Estado (que ya en tiempos del Señor Suárez también era la Abogacía del Gobierno), quién ha tenido que dejar la dirección de dos periódicos pistola al pecho, quién ha sido condenado a la “muerte civil” por la “Agit-pro” comunista y, además, ha superado dos infartos y ha pasado la barrera de los 80, comprenderán que no lo van a callar los “caballeros” podemitas que nos llevan directos al precipicio. Pero la Historia está por encima de todo, a pesar de manipulaciones ideológicas o partidistas.

                             Retrato oficial de Franco.

Y dicho esto hoy me voy a permitir el capricho de reproducir la Carta que el general Francisco Franco le envió con acuse de recibo al entonces Ministro de la Guerra, su Ministro por tanto, y Presidente del Gobierno, don Santiago Casares Quiroga, el 23 de junio de 1936, o sea, menos de un mes antes de la explosión del 18 de julio y que no fue contestada.

Aquella carta, como puede verse por su contenido, si hubiese sido atendida tal vez habría podido evitar la Guerra Civil y el millón de muertos. ¿Y por qué esta carta es prácticamente desconocida? Sencillamente, porque ni al Frente Popular ni a las Izquierdas posteriores les interesó reproducirla para “echar balones fuera” y librarse de sus responsabilidades en el terrible 18 de julio.

                              El presidente Casares Quiroga.

También se ve en ella, claramente, que el General Franco trató hasta ultimísima hora de evitar el enfrentamiento de las dos Españas…y con seguridad el asesinato de Calvo Sotelo veinte días después. Y ahora lean ustedes:

Texto Carta de Franco: “Respetado ministro: es tan grave el estado de inquietud que en el ánimo de la oficialidad parecen producir las últimas medidas militares, que contraería una grave responsabilidad y faltaría a la lealtad debida si no le hiciese presente mis impresiones sobre el momento castrense y los peligros que para la disciplina en el ejército tienen la falta de interior satisfacción y el estado de inquietud moral y material que se percibe, sin palmaria exteriorización, en los cuerpos de oficiales y suboficiales. Las recientes disposiciones que reintegran el ejército a los jefes y oficiales sentenciados en Cataluña, y la más moderna de destinos antes de antigüedad y hoy dejados al arbitrio ministerial, que desde el movimiento militar de junio del 17 no se habían alterado, así como los recientes relevos, han despertado la inquietud de la gran mayoría del ejército.

Las noticias de los incidentes de Alcalá de Henares con sus antecedentes extremistas, concatenados con el cambio de guarniciones, que produce, sin duda, un sentimiento de disgusto, desgraciada y torpemente exteriorizado, en momentos de ofuscación, que interpretado en forma de delito colectivo tuvo gravísimas consecuencias para los jefes y oficiales que en tales hechos participan, ocasionando dolor y sentimiento en la colectividad militar. Todo esto, excelentísimo señor, pone aparentemente de manifiesto la información deficiente que, acaso, en este aspecto debe llevar a V.E., o el desconocimiento que los elementos colaboradores militares pueden tener de los problemas íntimos y morales de la colectividad militar. No desearía que esta carta pudiese menoscabar el buen nombre que posean quienes en el orden militar le informen o aconsejen, que pueden pecar por ignorancia; pero sí me permito asegurar, con la responsabilidad de mi empleo y la seriedad de mi historia, que las disposiciones publicadas permiten apreciar que los informes que las motivaron se apartan de la realidad y son algunas veces contrarias a los intereses patrios, presentando el ejército bajo vuestra vista con unas características y vicios alejados de la realidad. Han sido recientemente apartados de sus mandos y destinos jefes, en su mayoría, de historial brillante y de elevado concepto en el ejército, otorgándose sus puestos, así como aquellos de más distinción y confianza, a quienes, en general, están calificados por el noventa por ciento de sus compañeros como más pobres en virtudes. No sienten ni son más leales a las instituciones los que se acercan a adularlas y a cobrar la cuenta de serviles colaboraciones, pues los mismos se destacaron en los años pasados con dictadura y monarquía. Faltan a la verdad quienes le presentan el ejército como desafecto a la República; le engañan quienes simulan complots a la medida de sus turbias pasiones; presentan un desdichado servicio a la patria quienes disfracen la inquietud, dignidad y patriotismo de la oficialidad, haciéndoles aparecer como símbolos de conspiración y desafecto. De la falta de ecuanimidad y justicia de los poderes públicos en la administración del ejército en el año 1917, surgieron las Juntas Militares de Defensa. Hoy pudiera decirse virtualmente, en un plano anímico, que las juntas Militares están hechas.

                             Franco con sus generales.

Los escritos que clandestinamente aparecen con las iniciales U.M.E. y U.M.R.A. son síntomas fehacientes de su existencia y heraldo de futuras luchas civiles si no se atiende a evitarlo, cosa que considera fácil con medidas de consideración, ecuanimidad y justicia. Aquel movimiento de indisciplina colectivo de 1917, motivado, en gran parte, por el favoritismo y arbitrariedad en la cuestión de destinos, que producto en condiciones semejantes, aunque en peor frado, que las que hoy se sienten en los cuerpos del ejército. No le oculto a V.E. el peligro que encierra este estado de conciencia colectivo en los momentos presentes, en que se unen las inquietudes profesionales con aquellas otras de todo buen español ante los graves problemas de la patria.

Apartado muchas millas de la península, no dejan de llegar hasta aquí noticias, por distintos conductos, que acudan que este estado que aquí se aprecia, existe igualmente, tal vez en mayor grado, en las guarniciones peninsulares e incluso entre todas la fuerzas militares de orden público.

Conocedor de la disciplina, a cuyo estudio me he dedicado muchos años, puedo asegurarle que es tal el espíritu de justicia que impera en los cuadros militares, que cualquier medida de violencia no justificada produce efectos contraproducentes en la masa general de las colectividades al sentirse a merced de actuaciones anónimas y de calumniosas delaciones.

Considero un deber hacerle llegar a su conocimiento lo que creo una gravedad grande para la disciplina militar, que V.E. puede fácilmente comprobar si personalmente se informa de aquellos generales y jefes de cuerpo que, exentos de pasiones políticas, vivan en contacto y se preocupen de los problemas íntimos y del sentir de sus subordinados. Muy atentamente le saluda su affmo. Y subordinado, Francisco Franco”.

La firma de Francisco Franco.

Como se ve era una carta modelo y, seguramente, el último deseo íntimo de Franco de evitar la tragedia de la Guerra Civil. Según algunos historiadores Franco escribió esta carta para despistar al Gobierno y confundir a sus enemigos de uniforme. Hay otros que acusan a Franco de haber jugando sucio con los otros uniformes que ya estaban en la conspiración o para curarse en salud si las cosas rodaban mal y terminaba todo como el famoso “10 de agosto”.

El hecho es que Franco mandó a Madrid la carta al Presidente del Gobierno y Ministro de la Guerra y se quedó a la espera. Confiado y esperanzado (según su ayudante y primo Franco Salgado-Araujo) en que habría respuesta y tal vez, tal vez, un milagro de última hora. ¡Increíble, pero cierto! A esas alturas de la “conspiración” Franco seguía creyendo que el choque brutal que se avecinaba entre las dos Españas todavía podía evitarse… al menos, hasta el día que asesinaron a Calvo Sotelo.

                             Franco con su estado mayor.

Pues sí, amigo Merino -me diría un día Don Ramón (Serrano Súñer)- yo conocí esa carta de inmediato, porque mi "pariente" (así llamaba siempre a su cuñado) me envió enseguida una copia...¿Y sabe lo que le contesté, también de inmediato?...."Paco, no esperes respuesta, no esperes nada. El Sr. Casares ya no pinta nada. La República del 31 está muerta, ahora quieren otra República, la del "Lenin español", la que se vio en el último Pleno de las Cortes"...y así fue. Cuatro días después se produjo lo de Calvo Sotelo. ¡Ah, sí, por aquellos días también hubo otra cosa, el "Manifiesto a los Españoles" que estaba preparando y del que me envió un borrador.

- ¿Un Manifiesto de Franco? no lo sabía.

- Pues sí, hubo ese Manifiesto y  hasta se hizo público. Yo conservo el borrador que me envió de su puño y letra. (Y Don Ramón se levantó, estábamos en su Biblioteca, en la calle Príncipe de Vergara, y rebuscó entre sus papeles y luego con su vocecita ya casi centenaria me fue leyendo)…

Manifiesto a los españoles: “¡Españoles! A cuantos sentís el santo nombre de España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la Patria, a cuantos jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la nación os llama a su defensa. La situación en España es cada día más crítica; la anarquía reina en la mayoría de los campos y pueblos; autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando fomentan, las revueltas, a tiro de pistola y ametralladoras se dirimen las diferencias entre los asesinos que alevosa traidoramente os asesinan, sin que los poderes públicos impongan la paz y la justicia. Huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la población arruinando y destruyendo sus fuentes de riqueza y creando una situación de hambre que lanzará a la desesperación a los hombres trabajadores. Los monumentos y tesoros artísticos son objetos de los más encolados ataques de las hordas revolucionarias, obedeciendo a la consigna que reciben de las directivas extranjeras con la complicidad y negligencia de los gobernadores de monterilla. Los más graves delitos se comenten en las ciudades y en los campos, mientras las fuerzas de orden público permanecen acuarteladas, corroídas por la desesperación que provoca una obediencia ciega a gobernantes que intentan deshonrarles. El Ejército, la Marina y demás institutos armados son blanco de los soeces y calumniosos ataques, precisamente por parte de aquellos que debían velar por su prestigio, y, entre tanto, los estados de excepción y de alarma solo sirven para amordazar al pueblo y que España ignore lo que sucede fuera de las puertas de sus villas y ciudades, así como también para encarcelar a los pretendidos adversarios políticos.

                            Franco durante una comida en Tenerife.

La Constitución, por todos vulnerada y casi suspendida, sufre un eclipse total: ni igualdad ante la ley, ni libertad, aherrojada por la tiranía; ni fraternidad, cuando el odio y el crimen han sustituido el mutuo respeto; ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial, más que por regionalismos que los Poderes públicos fomentan; ni integridad ni defensa de nuestras fronteras, cuando en el corazón de España se escuchan las emisoras extranjeras anunciando la destrucción y el reparto de nuestro suelo. La Magistratura, cuya independencia garantiza la Constitución, sufre igualmente persecuciones y los más duros ataques a su independencia. Nada contiene las apetencias del Gobierno y en hasta se glorifican las ansias independentistas de Cataluña, Asturias y el País Vasco.

Justicia e igualdad antes las leyes es lo que ofrecemos.

Paz y amor entre los españoles, libertad y fraternidad, exentas de libertinajes y tiranías.

Trabajo para todos, justicia social, llevada a cabo sin encono ni violencia y una equitativa y progresiva distribución de riqueza, sin destruir ni poner en peligro la economía española. ¡¡Viva España!! Francisco Franco. Las Palmas 14 de julio de 1936”.

Bueno, era más largo, pero yo le aconsejé que suprimiera algunas cosas que podían ser consideradas como clara provocación. Así se escribe la historia.

 

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