23 de abril de 2021
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FIN DE SEMANA

Las bandas criminales se reparten las principales prisiones y siembran el terror cortando cabezas y extrayendo el corazón de sus rivales

Así son las cárceles de Ecuador: Los asesinatos se convierten en rutina con cientos de muertos en los últimos meses

Imagen de cárcel de Ecuador
Imagen de cárcel de Ecuador
El sistema penitenciario de Ecuador es un descontrol total en el que los presos deben luchar por sobrevivir ante el enfrentamiento de bandas, el hacinamiento, los abusos policiales y la vejación de sus derechos humanos.

La violencia en las cárceles de Ecuador no es algo nuevo, ya ocurría antes del asesinato de José Luis Zambrano, alias 'Rasquiña'.  En los primeros meses de 2019 se produjeron una serie de hechos violentos en el interior de los centros que generaron un alto nivel de conmoción social. En mayo de ese año, tras una serie de incidentes que dejaron 24 asesinatos, el gobierno de Lenin Moreno se vio obligado a declarar el estado de emergencia en el sistema penitenciario. Un año después, el 11 de agosto de 2020, se volvió a firmar un nuevo estado de excepción como consecuencia de una nueva ola de crímenes en el interior de los centros penitenciarios. Los datos demuestran que la violencia nunca se detuvo.

En un año cualquiera, de funcionamiento ordinario del penal, sin estado de excepción, hay 33 muertes violentas. Ahora, tres meses después de que terminara la última emergencia, la guerra ha regresado con los peores números de la historia. En las cuatro cárceles, que concentran más del 70% de la población carcelaria del país, 79 muertes han sido registradas en tan solo un día, superando las 51 muertes totales que se dieron durante todo el 2020, que ya fue considerado un año violento.

Además de la falta de fondos, las prisiones ecuatorianas padecen de otros problemas que provocan inseguridad. Uno de los inconvenientes más graves es el hacinamiento. Según el Comité Permanente de Protección de los Derechos Humanos, la capacidad carcelaria en Ecuador es de 28.500 reclusos. En mayo de 2019, la tasa de hacinamiento era del 42%.

Este aumento de sobrepoblación se debe en gran medida a la tendencia estructural de la política penal del país de utilizar la prisión preventiva como herramienta para frenar los índices de criminalidad y otros tipos de problemas sociales.

Al problema de hacinamiento hay que sumarle la limitación de recursos económicos, la corrupción, la falta de personal de control penitenciario, la falta de normas sanitarias y un grave problema de mafias que gobiernan el interior de estos centros y que están ligadas al tráfico internacional de drogas.

Situación de los encarcelados en Ecuador 

En las prisiones ecuatorianas se juntan varias circunstancias propias de una estructura sobrepasada: la corrupción del sistema penitenciario, la dependencia económica de los presos de sus familias que les permite sobrevivir al encarcelamiento, y las violaciones sistemáticas de los derechos humanos de los detenidos. El sistema corrupto que opera en las cárceles de Ecuador se alimenta de la relación interpersonal continua entre funcionarios y presos, en este caso, agravada por una situación marcada de sobrepoblación y hacinamiento.

En los últimos quince años, el crecimiento de la población carcelaria ha dificultado cada vez más el mantenimiento del control interno, por lo que las autoridades deben negociar con los presos la resolución de conflictos y los mecanismos de seguridad.

Imagen cárcel de Quito (Ecuador) llena.

Los reclusos también sufren a diario un nivel muy alto de violencia y abuso por parte de los guardias. Un claro reflejo de esto es el episodio que se vivió en la prisión de Turi, el 31 de mayo de 2016, en el que los agentes de la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO) llegaron para hacer una inspección al pabellón de Mediana Seguridad JC con el objetivo de buscar objetos prohibidos dentro de las celdas. Los presos estaban tumbados boca abajo en el suelo, mientras los policías caminaban sobre sus cuerpos. Fueron obligados a desnudarse y a ponerse en cuclillas para realizar ejercicios con el objeto de comprobar si escondían drogas (estilo sapitos) en presencia de sus compañeros de celda y de los agentes policiales, mientras eran insultados.

Desgraciadamente, la violación de los derechos humanos y las precarias condiciones de vida en las que se encuentran estas personas hacen imposible la rehabilitación social de los condenados.

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