28 de mayo de 2022
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FIN DE SEMANA

El jerezano protagonizó un momento emblemático de la televisión cuando en las puertas de un Juzgado agredió al superministro socialista de Economía

La verdad de Ruiz Mateos (VI): "¡Que te pego, leche!" Los tortazos a Miguel Boyer

Ruiz Mateos a punto de agredir a Miguel Boyer.
Ruiz Mateos a punto de agredir a Miguel Boyer.
José María Ruiz Mateos protagonizó en febrero de 1989 un momento que ha pasado a la historia de la televisión. En la puerta de un juzgado junto a su archienemigo Miguel Boyer se desarrolló una escena que se ha repetido millones de veces en las cadenas de televisión. El empresario jerezano, al grito de "¡Que te pego, leche!", golpeó el rostro del que fuera todopoderoso ministro de Economía y Hacienda en el primer gobierno de Felipe González.

El 14 de diciembre de 1988, España vivía una huelga general que introdujo un nuevo factor peligroso en la vida económica, social y política. Al día siguiente, el 15 de diciembre, Miguel Boyer, ya por entonces presidente de Cartera Central, estaba invitado a impartir una conferencia en la APD, Asociación para el Progreso de la Dirección, rodeado de lo más granado del sector empresarial español. La conferencia se celebraba en el Hotel Intercontinental de Madrid, situado en pleno Paseo de la Castellana, y había levantado una gran expectación ya que hacía tan sólo un mes que Boyer había dejado la presidencia del Banco Exterior de España para pasar al sector privado junto a los primos Alberto Alcocer y Alberto Cortina. Por otro lado, la guerra entre los Albertos y el banquero Mario Conde se encontraba en pleno apogeo, lo que acentuaba la curiosidad y el interés por el evento.

La función estaba en marcha. Ruiz Mateos y sus asesores se habían preparado a conciencia para dar la campanada durante ese acto. A las 10 de la mañana, el excamarero del Hotel Intercontinental, Juan José Fonseca, de 31 años, en paro, se reúne en el hall con un grupo de amigos, pagados también todos ellos por el empresario gaditano. Eran los llamados “guerrilleros temporales”, que cobraban entre quince y veinte mil pesetas por sus acciones, al menos eso era lo que les prometían. Entre ellos, estaban la mujer de Fonseca, Toñi, Santos Morante y Fernando García Fernández, el mismo que un mes antes había ejercido de doble de Ruiz Mateos presentándose en la Audiencia Nacional con un cactus, con destino a la fiscal del caso Rumasa, Carmen Tagle, mientras el empresario se encontraba huido. Fernando García, que vestía una gabardina y un sombrero de pana, fue confundido con José María Ruiz-Mateos y provocó un gran revuelo entre informadores y policías que se encontraban ese día en la calle Génova. Los numerosos simpatizantes y curiosos concentrados en las inmediaciones de la Audiencia Nacional prorrumpieron en gritos de "torero, torero".

En total, esa mañana se juntaron en el Hotel Intercontinental unas doce personas, todos con las ideas claras y los papeles a desempeñar estudiados desde el día anterior, que se habían reunido en la estación del Norte de Madrid con uno de los hombres de confianza de Ruiz Mateos.

Iban agrupados bajo las siglas de un aparente sindicato, la Agrupación de Trabajadores Parados. Todos habían pagado sus entradas, a 5.500 pesetas más el doce por ciento de IVA que costaba cada invitación. Se sentaron dispersos entre el público congregado para escuchar a Miguel Boyer. El propio Fonseca guardaba en su chaqueta el número de teléfono de un abogado por si era necesario, que le había facilitado el letrado y hombre de absoluta confianza de Ruiz Mateos, el valenciano Joaquin Yvancos. Como también un carné del sindicato UGT, que llevaba en el bolsillo para ayudar a la causa en caso de necesitarlo, ya que en su día el excamarero había sido elegido miembro del comité de empresa del Hotel Intercontinental en la lista de dicho sindicato.

Cuando el presidente de la APD, Claudio Boada, otro integrante de la beautiful people, muy amigo de Boyer desde la década de los setenta, le cedió la palabra al exministro socialista, Juan José Fonseca se levantó de inmediato para llamarle traidor y carterista. Envalentonado por la paralización que la sorpresa produce entre los asistentes se lanzó sin complejos sobre el estrado con el único propósito de propinar una bofetada al presidente de Cartera Central. “Me habría gustado que esa tortita hubiese sido más fuerte”. Su manotazo sólo rozó la mejilla izquierda de Boyer, y aunque el resto de su grupo estaba dispuesto a cubrirle las espaldas, no fue necesaria su intervención. Todos se fueron por su propio pie, con una impunidad imprevisible. 

El plan de José María Ruiz Mateos logró una repercusión pública que ni él mismo podía imaginar. Con ese ambiente de crispación social, con la huelga general de fondo, el malestar de los sindicatos contra el gobierno Gónzalez y el buen vivir de algunos ilustres socialistas, el matrimonio Boyer se convirtió de inmediato en el blanco de todos los ataques, muchos de ellos impulsados desde el propio PSOE. 

La policía abrió diligencias por lo que el caso pasó al Juzgado de Instrucción nº 28 de Madrid, que fue instruido por su entonces titular Ana Victoria Revuelta Iglesias, más tarde magistrada encargada del famoso caso del vídeo grabado a Pedro J. Ramírez, director de El Mundo.

El excamarero del Intercontinental fue condenado al pago de tan sólo diez mil pesetas correspondientes a dos multas de cinco mil pesetas cada una; la primera, como autor de una falta de malos tratos y, la otra, de vejación injusta. Fonseca alegó en su defensa durante el juicio que las palabras de Boyer en su conferencia donde dijo que “lo que me pide el cuerpo es un giro social, para que algunos se den cuenta de lo que vale un peine”, le produjeron una gran indignación. Esto hizo que se acercara a él llamándole “caradura, traidor a la UGT, sinvergüenza y carterista”.

Fonseca le dijo a la jueza que no tuvo intención inicial de agredirle, pero que cambió de parecer cuando le indignó la mirada de Boyer: “Entonces tuve un impulso irracional y me abalancé para abofetearle, porque me sentí humillado y me duele que un compañero me humille…Al acercarme a él me miró como diciendo: este tío está loco… Y sólo le alcancé con los dedos, pero si la mesa llega a ser más estrecha, menos ancha, le pego una hostia que se entera”, le dijo a la jueza Revuelta.

¡Que te pego, leche!

El 3 de mayo de 1989, un día que nunca olvidará Miguel Boyer, en el vestíbulo del edificio de los juzgados madrileños de Plaza de Castilla, dieron las nueve de la mañana cuando el exministro, con gesto adusto y aterrado, entraba en el vetusto edificio de los juzgados madrileños acompañado del abogado Francisco Javier Ruiz Paredes y de dos guardaespaldas de la empresa Prosegur. Sabía que tenía que verse las caras en la sala de vistas del Juzgado de Instrucción número 7 con el empresario gaditano, quien le había interpuesto una querella por injurias al culparle Boyer de contratar a Juan José Fonseca para abofetearle.

Ruiz Mateos a punto de agredir a Miguel Boyer. 

Ruiz Mateos, de nuevo junto a sus fieles asesores, tenía preparado un plan meticulosamente establecido que iba a sorprender a la opinión pública. Todo estaba estudiado en su mente, desde su célebre frase “que te pego, leche” hasta las fotografías y escenas posteriores. El profesor Javier Sainz Moreno había preparado meticulosamente la estrategia. Lo que se le iba a decir, las monedas que se le iban a arrojar y hasta el cachete final que se le iba a propinar. El empresario acudió ese día a los juzgados jaleado y alentado por sus acólitos, especialmente por Sainz Moreno y su secretaria Pino Riesco.

Desde las primeras horas de la mañana, el exdueño de Rumasa recorrió los largos pasillos del edificio madrileño acompañado de su hijo mayor Zoilo y sus abogados Marcos García Montes y Javier Sainz Moreno. Junto a estos, dos guardaespaldas y cuatro miembros del equipo de apoyo, que se habían desplazado desde Valencia contratados por el abogado Joaquín Ybancos. Tres iban con máscaras que representaban a los tres maridos de Isabel Preysler y el cuarto transportaba una enorme interrogación en referencia a quien iba a ser el próximo marido de Isabel.

El que imitaba a Julio Iglesias iba provisto de un pequeño cassette donde se repetía constantemente una de las célebres canciones del artista: “Lo mejor de mi vida, te lo has llevado tú...”. Y el que imitaba a Boyer llevaba una muñeca en brazos con un biberón, en alusión a la reciente paternidad del matrimonio. 

El magistrado Eladio Galán Cáceres, uno de los más respetados jueces del panorama judicial madrileño, encargado de la instrucción del caso que había llevado a ambos a Plaza de Castilla, accedió a que el empresario estuviese presente durante la declaración del presidente de Cartera Central, pero le advirtió que a la más mínima incorrección tendría que abandonar la sala. Ruiz Mateos se comportó perfectamente dentro de la sala y aguantó tragándose la saliva y preparando en su mente todo el espectáculo posterior. Boyer finalizó sin problema alguno su declaración dentro de la sala, a pesar del escándalo de gritos que ya se adivinaba en el exterior.

A los pocos minutos de terminar, Ruiz Mateos, rodeado de periodistas con el micrófono y la cámara de televisión en ristre, le esperaba en los pasillos a escasa distancia de las escaleras de salida. El empresario, junto a su hijo Zoilo y sus comparsas, extendió una enorme pancarta en la que se podía leer: “Boyer devuélvenos todo lo que nos has robado”. Según el guion previsto, Ruiz Mateos comenzó entonces a lanzar toda clase de improperios contra la virilidad y la familia de Miguel Boyer, a quien ya amenazó con el fin de provocar un altercado que pasaría a la historia. 

Joaquín Yvancos. 

Tal fue el número montado y el espectáculo vivido, que todos los periódicos, las emisoras de radio sin excepción y la televisión pública TVE, la única que había por entonces, relataron en sus noticieros esos cinco minutos tragicómicos acontecidos en el pasillo de la tercera planta de los juzgados de Plaza de Castilla. La agencia Efe, en su servicio de televisión de noticias también las facilitó a medio mundo. La noticia fue de redacción en redacción, de hogar en hogar, circuló a una velocidad endiablada por todo Madrid.

El acontecimiento judicial del año había sido grabado por las cámaras de TVE y el entonces director del Ente Público, Luis Solana, un hombre próximo a Alfonso Guerra y que tonteaba con la beautiful people, mandó que se emitiese en múltiples ocasiones a lo largo del día con gran disgusto de Boyer y satisfacción de Alfonso Guerra, eterno enemigo del nuevo marido de Isabel Preysler. 

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