21 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Entre la nave donde se halló el cuerpo de Heidi y el local adyacente de Román en la calle Sebastián Moreno no hay comunicación alguna

La Policía descartó tras inspeccionar en agosto las oficinas de Usera que el Rey del Cachopo hubiese llevado allí una maleta con papeles

Plano de la nave de Usera donde se intentó deshacerse del cuerpo de Heidi Paz
Plano de la nave de Usera donde se intentó deshacerse del cuerpo de Heidi Paz
La Policía descartó "por imposible" la versión dada por César Román en su primera declaración. En ella dijo que había acudido con una maleta llena de papeles a su otro local alquilado en la calle Sebastián Gómez 5, de Madrid, colindante con la nave donde fue encontrado el cadáver de Heidi Paz. La Policía se basaba en la inspección ocular de las dos naves, y en las oficinas no encontraron indicios ni pruebas de documentación alguna acumulada, salvo basura putrefacta dentro de un cubo.

Cuando la policía halló el cadáver de Heidi en la nave de Usera, en la madrileña calle Sebastián Gómez 3, lo primero que hicieron fue tomar declaración al propietario, Adelino C. y éste les comunicó que había un segundo local, en el número 5 de la misma calle, con una entrada lateral por la avenida de Córdoba, alquilado a la misma persona, César Román.

Los funcionarios policiales pidieron entonces un mandamiento de entrada y registro para este local, autorizado por el juzgado número 32 de Madrid, que se encontraba de guardia. En esta inspección, realizada por dos funcionarios policiales del grupo VI de Homicidios el 14 de agosto, a las 11 de la noche, acompañados de miembros de Policía Científica no se localizó “ningún objeto de interés para la investigación o que pudiera tener relación con los hechos investigados, dando por finalizada la diligencia a las 23 horas y 20 minutos”. Los policías actuaron acompañados “del letrado de la Administración de Justicia en funciones de guardia”.

El informe de la Policía deja claro que en las oficinas no había maletas con papeles.

La diligencia judicial se completó con un breve informe: “Tras acceder al local amplio de dos espacios delimitado por paneles de madera y con un pequeño aseo. Al entrar se olía en el ambiente un foco de mal olor proveniente de un cubo de basura negro. En su interior se apreciaban restos de comida y gran cantidad de larvas, moscas y demás fauna cadavérica propia en este tipo de basura en putrefacción”. En este local no se tomaron huellas ni muestras de ADN, porque no se apreciaban indicios de delito alguno.

Según César Román, hasta seis personas tenían llaves del local

Además, en ninguna parte del sumario se apunta a la existencia de otra maleta parecida o similar a la encontrada un día antes conteniendo el cadáver de Heidi, un objeto que con los precedentes no habría pasado desapercibido a los investigadores, a buen seguro. Por esta nave, César Román Viruete, pagaba 714 euros, pero dejó a deber varias mensualidades también.

 Durante su única declaración ante la Justicia, Román declaró que las llaves del local las tenían Adrián, Celestino, Julio, Sara, Heidi y “un empresario de hostelería, había seis personas que tenían llaves de la nave”. Adrián es un trabajador de origen rumano, que causó baja en la empresa en julio de 2018 y que declaró solo tener llave de la puerta de atrás y especificó que “el 2 de julio no pude entrar porque habían cambiado las llaves”.

Celestino y Julio son dos de los socios de Román en la empresa A Cañada Delic Experience y el primero estuvo internado en un hospital durante los días que sucedieron los hechos. Sara fue su ex pareja con la que adquirió el local y Heidi, su pareja fallecida, cuyo cuerpo fue encontrado en la nave de Usera.

En el cubo de la basura de la nave de Usera se encontraron numerosas huellas.

Sin embargo, ninguna de las 18 huellas analizadas pertenecen a estas personas, en todo caso, a personas desconocidas y César Román y P. Q. E., un operador de televisión de 30 años, según adelantó ayer Elcierredigital.

Algunas de estas huellas fueron encontradas en cubos de la basura y, sobre todo, en el cierre del montacargas, donde se encontaron hasta cinco impresiones para estudiar, otras tres se obtuvieron de un altavoz de la marca Thomson en el sótano, dos sobre el inodoro y una más sobre la nevera. Pero el sistema SAID de análisis de huellas no encontró coincidencias en la base de datos, excepto en el caso de César Román y P. Q.

No es la única deuda que tenía el Rey del Cachopo, ya que durante la instrucción la Policía llamó a declarar a Emilio P. M., detective privado contratado por Román, “para vigilar a su ex esposa Natividad y ver si su hija E. estaba bien atendida”. Román pagó 1.000 euros por un trabajo desde diciembre de 2016 hasta octubre de 2017 “por intermediación de Giovanni” y le dejó a deber otros 900. El detective declaró que su última conversación con el Rey del Cachopo fue el 10 de agosto.

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