24 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

Según el socialista Indalecio Prieto, “Franco llegaba a la fórmula suprema del valor”

Cómo se conocieron, lucharon y se repartieron el poder militar Millán Astray y Francisco Franco

Francisco Franco y José Millán Astray entablaron una gran amistad
Francisco Franco y José Millán Astray entablaron una gran amistad
El comunista Arturo Barea dijo en una ocasión que “hay muchos que quisieran pegarle un tiro por la espalda a Franco, pero ninguno de ellos tiene el coraje de hacerlo. Les da miedo que pueda volver la cabeza”. El periodista e historiador Julio Merino relata para elcierredigital.com la historia militar de Millán Astray y Franco.

Los generales José Millán Astray y Francisco Franco se conocieron en septiembre de 1918 al iniciar juntos un curso de formación en la Escuela Central de Tiro de Valdemoro, los dos eran ya comandantes, aunque uno más antiguo que el otro, y ya desde ese primer momento se hicieron amigos y comenzaron a soñar juntos. Millán tenía ya 39 años y Franco 26. Pero hay que dejar que lo cuente el propio Millán en el prólogo que escribió para el “Diario de una bandera” que había escrito Franco desde que llegó a la Legión.

“Lo conocí por primera vez en el año 1919 en el pueblo de Pinto (en realidad fue en Valdemoro y en el año 1918), de la provincia de Madrid, con motivo de asistir juntos a un curso de formación de la Escuela Central de Tiro de Infantería, para comandantes del arma. El curso se componía de conferencias técnicas, profesionales y de ejercicios de tiro de infantería en el campo. Para estos ejercicios se nombraban como interventores a determinados asistentes, que gozaran de buen nombre por su aplicación y sus antecedentes militares. Fuimos elegidos Franco, otros dos y yo. Con este motivo trabamos íntimo contacto, y esta mutua simpatía, que nació en el momento mismo de conocernos y estrecharnos la mano, aumentó rápidamente. Entonces Franco tenía veintiséis años de edad, yo treinta y nueve. Él era bastante moderno en su empleo y yo bastante antiguo”, señala Astray al principio.

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Francisco Franco y José Millán Astray se conocieron en Valdemoro.

“Era reglamentario en aquellos cursos que los alumnos elevasen sendas memorias en las que dieran cuenta de las enseñanzas que habían adquirido y de sus observaciones personales. Pero la realidad era que, por motivos fáciles de suponer, en lugar de hacer cada uno sus memorias, se elegía a uno o a varios, para que ellos se encargaran de recopilarlas en una sola. Fuimos elegidos Franco, yo y otros dos, a mí me correspondió la dirección por ser el más antiguo. En lugar de una simple memoria como se había hecho hasta entonces, la nuestra se convirtió en un libro que fue editado por la Escuela de Tiro, del que, sin ruin adulación… diré que tuvo un gran éxito, debido principalmente a Franco, manifestándose de una manera clara su inteligencia, su enorme capacidad de trabajo, su gran cultura táctica, a pesar de sus pocos años, y sus variadas aptitudes, entre otras que irán apareciendo, una que hasta ahora me parece que está inédita, y es que Franco lleva también dentro de sí un gran ingeniero, proyectista en sus variados aspectos, y dentro de esta facultad se destaca la de ingeniero arquitecto urbanizador, o sea, constructor de ciudades”, añade el general.

Poco se ha escrito de esa obra de Franco, pero el gran escritor y periodista don Manuel Aznar diría de ella años más tarde: “Lo primero que se comprueba al leer el “Diario de una Bandera” es que Franco sabe escribir y que escribe muy bien, al mejor estilo de los clásicos castellanos y latinos (el “Diario” puede compararse perfectamente con la “Guerra de las Galias”, de Julio Cesar). En segundo lugar, Franco demuestra que a la hora de narrar una situación y exponer un problema es escueto, frio y exacto. Franco no se anda por las ramas cuando tiene que describir el miedo, la ansiedad, el esfuerzo sobrehumano, la cobardía, el heroísmo y la muerte. En cada momento utiliza las palabras justas y ni una más… y, además, lo hace de manera que interesa al lector. El “Diario de una bandera” causó un verdadero impacto entre los militares que sí sabían lo que era y lo que estaba siendo la guerra de Marruecos. En 1922 el Desastre de Anual está todavía en la memoria de todos y nada está decidido. El relato de Franco pone los pelos de punta a la cúspide del ejército y al pueblo español, que ya estaba hasta el gorro de aquella guerra”, explica en la primera parte del texto.

“La oficialidad –sigue Aznar- que en el ejército de África se iba creando representaba precisamente eso: Un fervoroso propósito de unir inseparablemente los ideales del honor con las fecundas retribuciones del acierto. Clamaban por la obra bien hecha que asegura la victoria. Entre aquella juvenil y brillantísima generación de jefes y oficiales comenzaba a elevarse la personalidad del comandante Franco, que había sido teniente y capitán en las tropas indígenas, y después comandante de la Primera Bandera de la Legión. En el “Diario” la narración es muy escueta. Tanto, que a veces parece fría”, cita Aznar.

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Millán Astray perdió un ojo y un brazo.

“Los legionarios avanzan decididos, -escribe Franco- corriendo por la barrancada; dejan atrás a los caídos, que los camilleros incansables retiran a los espacios desenfilados. Unos camilleros conducen a un soldado herido; cae alcanzado uno de ellos por el plomo enemigo, y el otro, activo, lo desenfila en una cuneta… Otro, moribundo, quiere hablarnos al paso; nos detenemos unos segundos, pero no puede, expira en el esfuerzo. Un soldado, con un balazo en el pecho, corre animoso a nuestro lado; sigue combatiendo…”, recoge Aznar.

El avance militar plasmado en textos

Así se explica,:“El avance sigue impetuoso y se corona la primera loma. ¡Viva la Legión! El enemigo huye delante de nosotros y es un dolor que por ir tomando todos los objetivos vayamos dejando la fuerza repartida y nos encontremos sin reservas en los momentos de activar la persecución.”

“El coronel Castro marcha a nuestro lado. Desde hace dos días viene de jefe de vanguardia.

-¿Vamos a Monte Arbós? –dice

- Al momento.

Y, sin esperar a las otras unidades, avanzamos rápido antes de que el enemigo se rehaga, coronando el último objetivo.

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Millán Astray, al igual que Franco, estuvo destinado en África

En el camino encontramos varios moros muertos. Una joven y bonita mora yace tendida en tierra. Sus vestiduras blancas tienen sobre el corazón una enorme mancha roja; su frente todavía conserva calor. ¡Pobre niña muerta, víctima de la guerra!”.

Artículos en “Tropas Coloniales” y “África”

Y poco se ha escrito de los más de treinta artículos que publicó en la “Revista de Tropas Coloniales”, de la que incluso llegó a ser director en su segunda etapa. Como ejemplo de aquellos artículos me complace reproducir algunos textos. En uno de ellos titulado “Pasividad e inacción” escribe: “La guerra de Marruecos ha tomado distintos derroteros. No son estos los tiempos “en que sentados en la puerta de casa hemos de ver pasar el cadáver del enemigo”, el proverbio árabe se ha esfumado tras las densas nubes de nuestros reverses, y la vieja y desacreditada política de atracción, se estrella contra la rebeldía rifeña, que sólo ve en nuestro deseo de paz un seguro temor para la guerra… No es posible sostener el mito del llamado estado de paz y operaciones de policía. No olvidemos que siempre los heraldos pacíficos de la nota oficiosa han tenido el triste eco de contratiempo y agresiones, ¡como si el azar quisiera dar un mentís a nuestras palabras!”.

Y muy curioso fue el que escribió en 1933, siendo Gobernador militar de La Coruña en la “Revista África”, sucesora de la “Revista de Tropas coloniales”, con el título ¡RUUD…BALEK!”, traducido al español “¡Cuidado, que voy!”.

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Millán Astray tenía 39 años cuando conoció a Franco

“Hermanando la pluma con la espada, gastando en la escritura y en el estudio los pequeños descansos de un agitado batallar, libramos tanto en los campos como en la prensa nuestras más viriles campañas. Disgustos, contrariedades, coacciones y tachaduras de la censura nos alcanzaron frecuentemente en nuestros trabajos… Para nadie es un secreto el interés y atención que el comunismo dedica a crear un estado propicio a la insurrección a los países sujetos a protectorado o mandatos. Muchos conocen también como, ensamblada a los nacionalismos, se propaga y extiende la semilla comunista. En las ciudades de Marruecos han surgido ya los nacionalismos incipientes, en los que al dinero y actuación comunista se ha unido la complicidad de los fanáticos y siempre intrigantes jefecillos religiosos”.

Palabras de Indalecio Prieto hacia Franco

Era aquel Franco que al decir del socialista Indalecio Prieto en Murcia: “Le he visto pelear en África y para mí, el general Franco, que entonces peleaba en la Legión a las órdenes del también general Millán Astray llega a la fórmula suprema del valor, es hombre sereno en la lucha. Tengo que rendir este homenaje a la verdad”. Por su parte Arturo Barea escribe en “La forja de un rebelde” unas palabras que se harían famosas y que definen a Franco militar mejor que ninguna:

“-De la Primera bandera no quedó ni un oficial sano. Bueno, sí, el comandante Franco, creo que fue el único que escapó sin un agujero en la piel.

-Cuéntame algo sobre él. He oído un montón de historias. Por ejemplo, ¿es verdad que Millán Astray le tiene odio?

-Naturalmente. Millán Astray es un bravucón. Se ha ganado la fama de héroe y ya no hay quien se la quite. Y precisamente el hombre que podría hacerlo es Franco. Sólo que esto es un poco complicado de explicar… Yo sé cuántos oficiales del Tercio se han ganado un tiro en la nuca en un ataque. Hay muchos que quisieran pegarle un tiro por la espalda a Franco, pero ninguno de ellos tiene el coraje de hacerlo. Les da miedo de que pueda volver la cabeza, precisamente cuando están tomándole puntería”.

“Esta pasión por la historia general y por la militar en concreto le acompañaría hasta la muerte, al decir de su hija Carmen, a quien siempre le tengo que agradecer el haberme mostrado algunos de los libros de la Biblioteca de su padre con anotaciones al margen de los textos, entre ellos los “libritos” de los episodios nacionales de Galdós, casi todas las obras de Vallé Inclán y las de Unamuno. Aunque no hiciera casi nunca alarde público de sus conocimientos ni le gustase hablar a nadie de sus lecturas privadas”.

A este respecto, y muchos años después, Ramón Serrano Suñer, el amigo primero y luego cuñado, me habló largo y tendido de esta pasión de Franco (en imprenta tengo ya para editar “Diario de mis conversaciones con don Ramón Serrano Suñer”). Para don Ramón había dos Francos muy diferenciados: el militar de antes de la guerra y el gobernante de después de la guerra. Al de después, lo trituraba, especialmente desde que lo apartó del Gobierno en 1942… sin embargo, al Franco de antes de la guerra lo admiraba y lo ponía por las nubes. Según él, había sido el militar más brillante de su época y hablaba con verdadero entusiasmo del Franco director de la Academia de Zaragoza.

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Millán Astray falleció en 1954

“Es verdad – me decía don Ramón- que Franco, al menos en aquella época suya de director de la Academia General de Zaragoza, leía mucho, en especial todo lo relacionado con las grandes batallas de la historia… Yo recuerdo las cien veces que tuve que tragarme, ojo, porque cuando mi pariente tomaba la palabra no había quien le parara, la batalla de Austerlitz. ¡Se la sabia de memoria y hasta la dibujaba como si hubiera estado allí presente al lado de Napoleón! Aunque lo que le emocionaba era el paso de Los Alpes cuando la batalla de Marengo… según él, era la hazaña militar más grande de los ejércitos modernos, más que la de Aníbal y sus elefantes…También dibujaba con facilidad y en cualquier papel que encontrase a mano la batalla marítima de Lepanto… ¡qué barbaridad, cómo hablaba de aquello de la “Media Luna” árabe y la “formación en cruz” de la armada cristiana de don Juan de Austria…El coronel Beigbeder, el hombre que mejor conocía todo lo que había pasado en Marruecos, me contó un día que cuando Franco llegó ya de máximo responsable de la Legión, tras la muerte de Valenzuela, lo primero que hizo fue exigirles a los jefes y oficiales que se leyeran a marchas forzadas el episodio nacional de Galdós referido a “Juan Martin el Entecidado” porque –según él- era el mejor tratado de táctica militar que se había escrito y una biblia para lo que tenían  que hacer en su lucha contra los moros rebeldes. Beigbeder conservaba, y me entregó una copia que tenía guardada como recuerdo.

Curiosamente, muchos años más tarde, según comentaba Antonio D. Olano, las autoridades bolivianas que acabaron con el Ché Guevara encontraron entre sus pertenencias una copia del folleto de Franco con las tácticas guerrilleras de Galdós”.

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