27 de noviembre de 2020
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FIN DE SEMANA

Propuesto como presidente de Hispasat, es otro más de los 174 altos cargos que pidieron en los dos últimos años autorización para trabajar en empresas

El selecto "club de puertas giratorias": Jordi Hereu, exalcalde socialista de Barcelona, nuevo miembro

Pedro Sánchez y Jordi Hereu durante un mitin.
Pedro Sánchez y Jordi Hereu durante un mitin.
El uso de las puertas giratorias en la política está más activo que nunca. El último en sumarse ha sido Jordi Hereu, exalcalde de Barcelona por el PSC, que ha sido propuesto por la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI) como nuevo presidente. El exalcalde socialista llega de la mano del Gobierno de Pedro Sánchez que le sirve en bandeja de plata esta puerta giratoria.

La Oficina de Conflictos de Intereses, dependiente del ministerio de Política Territorial y Función Pública había otorgado desde el 1 de junio de 2018 hasta ahora un total de 174 autorizaciones para que ex altos cargos puedan ejercer actividades privadas tras ocupar puestos en la Administración.

Tras la salida de Mariano Rajoy de La Moncloa se otorgaron 94 permisos para ejercer actividades profesionales o para el ingreso en empresas privadas. Durante el pasado año se han recibido otras 80 peticiones para trabajar en compañías o participar en entidades privadas, dentro de los dos años en el que los ex altos cargos están sujetos por ley a solicitar una autorización previa.

Ahora es el Gobierno el que ha decidido poner en la presidencia de Hispasat a Jordi Hereu, a pesar de que el exalcalde socialista de Barcelona (2006-2011), no tiene formación técnica en Telecomunicaciones, ya que trabajó en 1991 en Port 2000 y Cilsa, como director de Marketing, empresas vinculadas a la promoción de la Zona de Actividades Logísticas (ZAL) del Puerto de Barcelona.

Socialista en Enagás

Unos meses antes también hicieron uso de las puertas giratorias, en este caso con destino a Enagás, dos exdirigentes de su mismo partido, los socalistas José Montilla, expresidente de la Generalitat catalana y José Blanco, exministro. Aprovechando ese momento también entró en el consejo de la energética Cristóbal Gallego, asesor de Podemos en materia de energía. Gallego cobra ahora 160.000 euros anuales, a pesar de que en 2018 firmaba un manifiesto contra el uso del gas. Pero en ese mismo consejo se encontró con otros ex cargos públicos del Partido Popular, como Antonio Hernández Mancha, Ana Palacio e Isabel Tocino. El uso de las puertas giratorias no tiene color.

Cristóbal Gallego en su época de activista.

Este movimiento llamó la atención en el caso de Podemos, ya que antes de que terminasen la XII y la XIII legislatura, la formación de Pablo Iglesisas registró dos proposiciones de Ley que incluso incluían penas de cárcel para los casos más graves de puertas giratorias. Nunca se ha penado ni regulado convenientemente la problemática del uso de las puertas giratorias. Hasta Pedro Sánchez, presidente de Gobierno, llegó a declarar en una entrevista que habría que terminar con la práctica de las puertas giratorias.

No obstante el peor ejemplo de esta práctica lo han protagonizado dos expresidentes de Gobierno:  Felipe González y José María Aznar.

Felipe González en Gas Natural

Tras su retirada de la política en 2004, después de veintisiete años como diputado y presidente del Gobierno, Felipe González Márquez declinó entrar en el Consejo de Estado, aunque siguió cobrando el sueldo de expresidente, de 80.000 euros, desde 1996 e instaló además una oficina en la madrileña calle de Velázquez, gracias a la dotación de 90.000 euros anuales que él mismo aprobó durante su gobierno en concepto de dotación presupuestaria fija para los expresidentes del Gobierno, que incluye alquiler de un despacho, chófer-escolta y un asistente personal o secretaria. Este gasto se recoge anualmente en el presupuesto de Presidencia del Gobierno.

Sobre el papel Felipe González era "un jarrón chino", como él mismo se declaró, es decir, un valioso producto de la democracia que nadie sabe dónde colocar. Así que por su cuenta, y desde su oficina, González arrancó una frenética actividad viajera por América Latina. Como ejemplo valga contar que en septiembre del año 2000 viajó a México junto a Carlos Slim y participó en la campaña electoral que hizo ganar las elecciones a Vicente Fox. Después visitó al presidente argentino Fernando de la Rúa en Buenos Aires. Un día después viajó a Santiago de Chile, donde había sido invitado por Teddy Bautista, de la SGAE, a dar una conferencia en el Congreso Mundial de Autores Cisac 2000. Aquel mismo día se votaba en el Congreso de los Diputados una proposición de ley del Grupo Socialista sobre el régimen general de la Seguridad Social, con la ausencia de González, que aprovechó su viaje a Chile para ver a Fernando Flores, empresario y exministro de Hacienda con Salvador Allende y promotor del Club de Emprendedores, que se dedica a dar conferencias por toda América Latina.

Felipe González y Aznar, expresidentes del Gobierno.

Sin embargo, la gran fuente de ingresos de González a principios del milenio eran las conferencias, por las que llegó a cobrar 80.000 euros. La agencia que representa a González es Thinking Heads, que también cuenta en su nómina con políticos como Cristina Garmendia, entre otros. Con tanta actividad, González puso en marcha en julio de 2001 la empresa Ialcon Consultoría, donde posee el 78 por ciento de las acciones. Sus tres hijos, fruto de su primer matrimonio, se dividen a partes iguales el 22 por ciento restante. La empresa se dedica a la "consultoría y asesoramiento político, jurídico, económico, social y tecnológico a personas e instituciones públicas y privadas". Ahora la sociedad está administrada por María González Romero, hija del expresidente y de Carmen Romero. Llegó a tener un patrimonio neto de 4 millones de euros.

La segunda de las sociedades en la que Felipe González figuró, en esta ocasión como socio único, es Tagua Capital, constituida en abril de 2011 junto a su yerno, el economista Eric Bergasa. Con un patrimonio de 172.000 euros, Tagua Capital se dedica a intermediar y asesorar a empresas. Esta gestora de capital de riesgo de González no obtuvo el rendimiento esperado. Pero el pelotazo más sonado de Felipe González llegó en diciembre de 2010, cuando el expresidente ingresó como consejero independiente en Gas Natural Fenosa cobrando 126.500 euros anuales. Allí permaneció hasta mayo de 2015, siendo sustituido por la exministra de Ciencia e Innovación con Rodríguez Zapatero, Cristina Garmendia. Otra vez las puertas giratorias.

Tras su paso por Gas Natural, González se embolsó unos 580.000 euros. Y eso que llegó a declarar públicamente que se "aburría" en esta empresa y que ingresó en la misma para conocer el mercado de la energía, del que se declaraba absoluto ignorante. Obviamente, Gas Natural no contrató al expresidente por sus conocimientos del mercado. Gas Natural pretendía el acceso a los contactos de González en Iberoamérica (en diciembre de 2014 obtuvo la nacionalidad colombiana), sobre todo en México, donde el presidente Peña Nieto propició una reforma energética para abrir el mercado al sector privado.

Según los registros públicos, González acumula un patrimonio inmobiliario importante, en gran parte fruto de sus años como asesor empresarial. En octubre de 2012 el expresidente adquirió la finca El Penitencial, en Extremadura, por 425.000 euros. También posee una casa en Castellar de la Frontera, Cádiz, que le fue regalada, y donde llegó a vivir su hijo David con su esposa; y un chalet familiar en la urbanización madrileña de Somosaguas, donde vive su hija María, ya que él se trasladó a vivir con su nueva pareja, Mar García Vaquero, a un piso de alquiler en la calle de Velázquez, en Madrid. Hace años que vendió una casa cerca de Tánger, junto al mar, a la familia real marroquí. El coste de la misma se calculó en unos 2,5 millones de euros. Ahora el líder socialista pasa el tiempo libre diseñando joyas y podando bonsáis.

Aznar, el expresidente millonario

José María Aznar López lo tuvo muy claro desde el principio. Cuando dejó la presidencia del Gobierno, en marzo de 2004, lo primero que hizo fue decir que sí al puesto en el Consejo de Estado, cobrando 74.000 euros al año, que entonces podía compaginar con los 70.000 euros de la pensión de expresidente. Apenas dos meses más tarde, en mayo de 2004, constituyó junto a su mujer Ana Botella la sociedad Famaztella (Familia Aznar Botella), teniendo por objeto la explotación de derechos de propiedad intelectual. A través de esta empresa cobró la venta de tres libros a la editorial Planeta, por lo que cobró 600.000 euros.

En septiembre de 2004 el magnate de la comunicación Rupert Murdoch, propietario de News Corporation, lo fichó como asesor por 10.000 euros al mes, algo que Aznar no vio necesario comunicar a la Oficina de Conflictos de Intereses. Durante dos años trabajó para el gigante de la comunicación y cobró del Estado a la vez. El anuncio oficial llegó en 2006, cuando el expresidente había cumplido los dos años de carencia que le exige la ley para ocupar puestos en empresas privadas. Entonces Aznar tuvo que renunciar al sillón del Consejo de Estado. Los informes oficiales dijeron que su labor pública era incompatible con su trabajo para el magnate estadounidense. Aznar tuvo que elegir y lo hizo. A golpe de bisagra prefirió sentarse en el Consejo de Administración de News Corporation por 220.000 dólares al año —100.000 dólares en efectivo y 120.000 en acciones— a los 74.000 euros del sueldo de expresidente. En total y al cambio de aquel año, Aznar pasó a pagar más del doble: 160.000 euros como único consejero no anglosajón del grupo Murdoch. Aznar no hablaba inglés, pero tenía un activo mucho mayor: Línea directa con la Casa Blanca en Washington, debido a su apoyo incondicional a la invasión de Iraq en 2003. Ese mismo año, y tres meses antes de las elecciones generales, el gobierno de Aznar gastó 2 millones de euros públicos en contratar al bufete estadounidense de Piper Rudnick ¿Su función? Presionar en Washington para que Aznar recibiera la Medalla de Honor del Congreso. No se la dieron. El PP, ya en la oposición, argumentó que Aznar era merecedor de la misma y que este bufete había sido contratado en defensa de los «intereses económicos y diplomáticos de España». Es decir, que para el PP Aznar y España son lo mismo. Y eso pese a que ahora es solo un expresidente que cobra 40.000 dólares por impartir conferencias en Estados Unidos.

El presidente Aznar.

Con otra vuelta de la puerta giratoria, en mayo de 2007 Aznar fue contratado y nombrado presidente para América Latina de la empresa estadounidense JER Partners, dedicada a grandes operaciones inmobiliarias. Y gracias a su intermediación el dueño de la misma, Joseph Roberts, pudo entrevistarse en Buenos Aires con el presidente argentino Néstor Kirchner en julio de aquel mismo año. En junio de 2007 Aznar también se convirtió en asesor del fondo de inversiones Centaurus Capital, donde se mantuvo hasta febrero de 2009. Aquel año fue intenso para Aznar, que asesoró hasta 2008 a Falck SpA, compañía italiana de energía, y al Comité Asesor Internacional del Consejo Atlántico de Estados Unidos, un think thank encargado de promover la política exterior norteamericana.

Tras su despido de Centaurus, Aznar pasó a Doheny Global Group, una empresa estadounidense con intereses en el sector de la energía en Europa del este. Ese mismo año —2009— Aznar ingresó 1,5 millones de euros por actividades en diferentes consejos, además de su sueldo de expresidente, compatible con todas estas actividades, según el periódico elconfidencial.com.

En 2011 Aznar siguió con sus negocios transoceánicos y fue asesor de la empresa Barrick Gold, dedicada a la extracción de oro, en cuyo consejo se sienta Jeb Bush, hermano del expresidente de Estados Unidos. Aunque su fichaje más sonado de aquel año fue sin duda el que realizó para la eléctrica Endesa por 300.000 euros anuales fijos. El contrato podía alcanzar los 400.000 si el expresidente era capaz de cumplir algunos objetivos. Aznar fichó así por la empresa que él mismo privatizó.

Endesa explicó entonces que el contrato era por asesorar a la multinacional española, controlada ya por la italiana Enel, en negocios realizados en Latinoamérica. Pero en realidad la compañía buscaba la manera de influir en el inminente gobierno de Rajoy, al que las encuestas daban por claro ganador a finales de 2011, tal y como ocurrió.

Sin embargo, Aznar quedó lejos de conseguir su objetivo. El expresidente no tenía buena sintonía con Rajoy y la nueva regulación eléctrica del ministro Soria en el año 2013 golpeó con dureza a Endesa, que se quedó fuera de muchos contratos del Estado y se vio obligada a presentar un ERE que afectó a mil trabajadores, el 10 por ciento de su plantilla. El impacto negativo en las cuentas de aquel año se estimó en 1.600 millones de euros. Así que a finales de 2013, con la nueva ley aprobada, Endesa prescindió de Aznar, al que pagó en tres años algo más de 600.000 euros. El negocio no le salió bien a la eléctrica, aunque sí al expresidente.

Lejos de quedarse en paro, Aznar fichó ese mismo año por el Consejo Mundial de la firma DLA Piper, el bufete que había intentado conseguir para él la Medalla de Honor del Congreso de Estados Unidos. Fue nombrado asesor personal de John Scott, presidente en España de la consultora KPGM, una de las cuatro firmas de auditoría más importantes del mundo.

Estos años de frenética actividad empresarial le sirvieron también para convertirse en un cotizado conferenciante. La agencia Washington Speakers Bureau (WSB) ofrece sus servicios para impartir charlas por 33.000 euros (35.000 dólares) la hora, es decir, 550 euros por minuto, 9 euros por segundo. 

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